La reforma migratoria

Junio 17, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Será entonces una ley dura para quienes aspiran a recibir la visa que les permita legalizar su situación. Pero aún así enfrentará a opositores radicales en la Cámara, en especial los que aducen que se debe resolver primero el problema de la seguridad fronteriza".

Aunque ya hay un acuerdo bipartidista, la reforma migratoria en Estados Unidos enfrenta dificultades, entre ellas la brusca caída del apoyo al presidente Barack Obama. Y también cuenta el propio texto aprobado, que para muchos es discriminatorio. Las propuestas del Presidente y del grupo bipartidista de ocho senadores -así como la que se espera que se formule en la Cámara Baja- imponen una serie de condiciones onerosas para que la población indocumentada, en su mayoría latina, aspire a la ciudadanía. A los que se encuentran sin autorización en ese país se les pedirá que paguen una multa, sean gravados con impuestos retroactivos, aprendan inglés, se incorporen a la sociedad, no tengan antecedentes penales graves y, después de todo eso, pasen al final de la cola a esperar el turno para que su solicitud sea considerada. Se calcula que esa espera puede ser de 10 años o más.Para Katherine Vargas, portavoz del Foro Nacional de Inmigración, estos requisitos corresponden a una necesidad que tienen tanto los políticos como la opinión pública de que haya orden y control en las leyes. El marco de la propuesta de los ocho senadores demócratas y republicanos comprende lo que ellos llaman cuatro pilares legislativos básicos. El primero es crear una vía “dura pero justa” hacia la ciudadanía de los indocumentados actualmente viviendo en EE.UU. sujeta al fortalecimiento de la seguridad fronteriza y la verificación de que los inmigrantes legales hayan salido del país dentro del límite establecido. La propuesta rige para todos los que llegaron antes de noviembre de 2011. Lo segundo será reformar el proceso de inmigración legal con énfasis en la asistencia a la economía y la unidad familiar; tercero, crear un sistema de verificación del trabajador para evitar falsificación de identidades y empleo sin autorización; y, cuarto, establecer una manera más eficiente para permitir la entrada de una fuerza laboral adecuada a las necesidades del país. Será entonces una ley dura para quienes aspiran a recibir la visa que les permita legalizar su situación. Pero aún así enfrentará a opositores radicales en la Cámara, en especial los que aducen que se debe resolver primero el problema de la seguridad fronteriza. Y aunque Obama ha dicho que “el tiempo de la reforma es ahora” y ha amenazado con presentar su propia ley para una votación directa en caso de que la Cámara obstaculice el proyecto bipartidista, la verdad es que su autoridad moral ha sufrido un duro golpe en las últimas semanas con los escándalos de la intromisión del gobierno en los servidores de internet, la suspensión del proceso para el cierre de la prisión en Guantánamo y la vigilancia a la base de datos de las fuentes de la agencia AP.De todas maneras la reforma arrancó su tránsito por el Congreso estadounidense, cuatro años después de que el presidente Obama la hubiera ofrecido, quizás como un gancho para ganar adeptos entre los latinoamericanos. Aún si logra pasar, queda claro que la ley resultante no será un ‘lecho de rosas’ pero sí una mejoría frente a la amenaza de judicializar y expulsar a los indocumentados.

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