La piedra de Cuba

Marzo 09, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Para superar la trampa en que pretendieron meterlo las palabras de Correa, el presidente Santos tomó el toro por los cuernos y le dijo a su homólogo cubano lo que tenía que decirle: que no había consenso para invitarlo y que la posición de Ecuador, aupada sin duda por sus colegas del Alba como el presidente Chávez, podría hacer fracasar un compromiso internacional del cual Colombia es el anfitrión mas no el propietario".

Con un sabor agridulce debieron haber regresado el presidente Juan Manuel Santos y su canciller María Ángela Holguín de su raudo viaje a Cuba para hablar de la asistencia del régimen castrista a la VI Cumbre de América. Habrá que esperar la reacción de sus aliados de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, el Alba, para saber si el encuentro cuenta con ellos. El dulce de este rápido periplo por la tierra de José Martí, lo puso el que el presidente Raúl Castro hubiera expresado su intención de no interferir ni entorpecer la realización de la Cumbre. Con lo cual se despeja la inquietud sobre la no asistencia de los Estados Unidos, que ya había expresado su oposición a la presencia del hermano de Fidel en la reunión de Cartagena. Ese era el emparedado en que se encontraba Colombia, a raíz de la calculada intervención del presidente del Ecuador, Rafael Correa, quien pidió a sus correligionarios del Alba que no asistieran si el régimen cubano no era invitado. Para superar la trampa en que pretendieron meterlo las palabras de Correa, el presidente Santos tomó el toro por los cuernos y le dijo a su homólogo cubano lo que tenía que decirle: que no había consenso para invitarlo y que la posición de Ecuador, aupada sin duda por sus colegas del Alba como el presidente Chávez, podría hacer fracasar un compromiso internacional del cual Colombia es el anfitrión mas no el propietario. Lo que se ve en las declaraciones posteriores es que el régimen castrista expresó su intención de no asistir, en una declaración cargada de indirectas y directas a su vecino Barack Obama, empeñado en su reelección. Lo ácido del periplo lo recibieron el Presidente y su Canciller no bien llegados a Bogotá. Fue la respuesta del Ministro de Relaciones de Cuba en las que desmintió las declaraciones del Mandatario colombiano, negando que su gobierno hubiera solicitado que la exclusión de su país fuera tratada a profundidad y de manera pública en la Cumbre. La dosis fue completada con los comunicados de Hugo Chávez, donde da reversa en su apoyo a la Cumbre, rechaza la exclusión del régimen castrista y llama a sus amigos del Alba a cerrar filas en torno al gobierno de los Castro. Menos mal, el presidente Santos no cayó en la trampa que años antes le tendió el antecesor de Raúl, su hermano Fidel, al presidente Vicente Fox de México, cuando, en situación similar, debió pedirle que no se atravesara a una reunión importante para América, así los Castro y el Alba insistan en calificarla de un ejercicio imperialista. Es la clásica celada de quienes, influenciados por anacrónicas posiciones ideológicas se empeñan en dividir al Continente para presentarse como redentores de la pobreza por medio de la retórica que ha encubierto la violencia. Infortunadamente, a pesar de los esfuerzos por buscar la reconciliación del Continente y 63 años después del momento en que el régimen castrista se tomó el poder, su resistencia a permitir la democracia en su país y la obstinación de los Estados Unidos en mantener un bloqueo absurdo, hacen que Cuba siga siendo la piedra en el zapato de América.

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