Cada vez más lejos

Diciembre 11, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Con plena razón, el presidente Juan Manuel Santos rechaza la actitud de las Farc y mantiene cerrada la posibilidad de un diálogo mientras no se den condiciones mínimas como la liberación unilateral e inmediata de los secuestrados y la suspensión de la violencia contra la Nación.

Nada parece servir para hacer que la guerrilla entre en razón, libere a los secuestrados y acepte sentarse a dialogar en forma civilizada sobre la posibilidad de encontrar acuerdos para terminar con su inútil violencia. Pese a ello, el deber de los colombianos encabezados por el Estado es seguir buscando la salida política a un conflicto que por años ha consumido esfuerzos, vidas y oportunidades para la Nación.El comunicado de alias Timochenko reaccionando a las marchas del pasado miércoles sólo confirma que su intención es cualquier cosa menos la negociación seria y el reconocimiento de las realidades que deshacen día a día al movimiento que ahora le toca dirigir. Es de nuevo la expresión del cinismo con el cual pretenden negar la responsabilidad que les corresponde en la tragedia que ha vivido el pueblo colombiano durante los últimos cincuenta años.Y como si nada ocurriera vuelven a lamentar la muerte de los cuatro secuestrados que las Farc asesinaron a sangre fría. Hay que ser muy descarado para afirmar que “fueron catorce años conservando sus vidas en medio de la hostilidad total del Estado”, como dice el cabecilla en su comunicado, refiriéndose a los secuestrados que fueron fusilados por sus carceleros. Y se tiene que ser muy obcecado para desconocer el inmenso rechazo que generan su barbarie tanto en Colombia como en el resto del mundo. Por supuesto, aun existen sitios como Venezuela, donde muchas de sus autoridades exaltan las atrocidades de la guerrilla y les brindan refugio seguro a sus autores.Con esa actitud, las Farc vuelven a desconocer el mensaje que les mandan las marchas en las cuales los colombianos reclaman la libertad de los secuestrados y el fin de la violencia guerrillera. Como lo hicieron tras la movilización del 4 de febrero de 2008, su intención es desconocer la voluntad del pueblo que dicen defender y amenazar con más violencia, mientras mantienen en la incertidumbre la suerte de los 11 policías y soldados en su poder. Nada los hace cambiar en su estrategia de exigir canjes o despejes.Con plena razón, el presidente Juan Manuel Santos rechaza la actitud de las Farc y mantiene cerrada la posibilidad de un diálogo mientras no se den condiciones mínimas como la liberación unilateral e inmediata de los secuestrados y la suspensión de la violencia contra la Nación. Es la respuesta que construyeron quienes se burlaron de Colombia cuando el expresidente Andrés Pastrana abrió las puertas al diálogo en el Caguán y a cambio recibió la peor escalada de terrorismo en la historia de nuestro país.Así, las condiciones para un diálogo con la guerrilla son remotas y no precisamente por culpa de la intransigencia del Estado o la inexistente política de tierra arrasada. Quienes se empeñan en obligar a las autoridades a ceder frente al desafío del terror sólo consiguen reafirmar entre los colombianos la convicción de que el combate a la violencia tiene que continuar. Así lo demostró la marcha del pasado 6 de diciembre, donde se repitió la condena a las Farc y la exigencia de liberar a las víctimas de su barbarie.

VER COMENTARIOS
Columnistas