Aniversario con angustias

Junio 26, 2017 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

A un mes de que el presidente Pedro Pablo Kuczynski cumpla su primer año al frente del gobierno peruano la política interna de su país no puede estar más radicalizada.

Cuando el exbanquero ganó las elecciones por un escaso margen ante Keiko Fujimori, la hija del convicto expresidente Alberto Fujimori, se anticipó una compleja situación por la limitada maniobrabilidad política que tendría. Al contar con solo 18 congresistas oficialistas, la Fuerza Popular de Fujimori ha hecho sentir su mayoría con acciones que han deteriorado la imagen del presidente Kuczynski.

La última movida ocurrió la semana pasada cuando el congreso opositor forzó la salida del ministro de Economía, Alfredo Thorne. Con él ya son cuatro los ministros que han caído por presiones de los parlamentarios. Y para que quedara claro que la batalla política está abierta, apenas concluyó la votación que lo obligó a dejar el cargo, de inmediato se hizo pasar al Ministro del Interior para que respondiera 39 preguntas sobre seguridad ciudadana.

Estos niveles de enfrentamiento han impedido que el novel gobierno de PPK, como es conocido Kuczynski, se concentre en lo verdaderamente importante. El mandatario heredó del populista Ollanta Humala una economía en plena desaceleración y cuando pretendía aumentar la inversión pública e incentivar proyectos de minería estalló el escándalo de corrupción de Odebrecht, lo que obligó a la suspensión de grandes proyectos de infraestructura en el país.

Y como si fuera poco, una ola invernal devastó varias poblaciones, murieron 147 personas y según el Presidente se redujeron las expectativas de crecimiento económico anual en un punto porcentual. Hoy, cuando el gobierno peruano debería estar dedicado a tomar medidas para reactivar la economía, se abre un nuevo frente de discusión, esta vez propiciado por el propio Kuczynski.

Nuevamente, la eterna y larga sombra de Alberto Fujimori vuelve a encender los ánimos. El mandatario de los peruanos sorprendió al anunciar que está considerando la posibilidad de otorgar un indulto al expresidente. “El momento de hacerlo es ahora”, advirtió abriendo un caudal de reacciones en todos los sectores del país.

Ante la audacia de la propuesta, la pregunta es si el presidente Kuczinsky está ejecutando una movida con el propósito de obtener un poco de sosiego en el Congreso para superar la grieta del enfriamiento de la economía y la censura a sus ministros. Aunque también se especulan que son acciones de quien se siente apremiado por la presión a la que lo ha sometido la mayoría opositora.

Sea una cosa o la otra, Kuczynski parece perder terreno. Su popularidad cae, la falta de experiencia ha quedado demostrada y su equipo, conformado por tecnócratas y empresarios, tampoco ha sabido moverse en aguas en las que la familia Fujimori es experta.

Al cumplir su primer año como Presidente, Kuczinsky parece obligado a dar un timonazo para enderezar las cargas. Es la manera de evitar que su gobierno naufrague en medio del desprestigio y las acusaciones de incapacidad para sortear el acoso de la oposición.

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