Qué bonita familia

Qué bonita familia

Mayo 11, 2017 - 11:55 p.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Si se hubiese realizado el referendo que pretendía negarle la posibilidad de adoptar un niño a los solteros y viudos o a las parejas de un mismo sexo, es muy probable que esa prohibición terminara aprobada.

Simplemente porque este aún es un país confesional, donde el falso temor de Dios suele pesar más que el sentido común. Y donde todavía muchos creen que tener una orientación sexual diferente es un pecado aberrante.

Por eso, en buena hora el Congreso frustró la realización de ese referendo. Para comenzar, es muy peligroso implantar una democracia plebiscitaria en Colombia. Y someter a voto popular las decisiones más importantes.

Para que un Estado funcione, quienes lo manejan deben tomar decisiones impopulares. ¿Qué pasaría por ejemplo, si al Gobierno le diera por someter a un referendo la aprobación de una reforma tributaria?

El sentido de la democracia es, pues, que la gente elige a los legisladores y los gobernantes en los que más confía, para que adopten las medidas que se requieren, sean estas populares o no.

En el caso del referendo que impulsó la pareja Lucio-Morales, sería un agravio contra nuestra realidad que se llevara a rango constitucional una norma que se basa en que sólo pueden considerarse familias las que están integradas por padre, madre e hijos.

Entre otras cosas, preferiría entregarle en adopción un niño a una señora viuda de 20 matrimonios, que dárselo a Carlos Alonso Lucio. A un personaje tan nefasto que fue guerrillero y luego abogado de narcos y de paracos no se le debía ni permitir el ingreso al Capitolio. Para que ahora venga a posar de adalid de la moral y de defensor de la familia. De cuestiones Morales, Lucio lo único que conoce es a Viviane.

La realidad de este país es que al menos el 30% de las familias tienen como cabeza a una mujer. La inmensa mayoría son unas berracas que se las arreglan para sacar adelante a sus hijos. No entiendo, entonces, por qué se le debe prohibir la adopción a alguien que no tiene pareja.

Sobre la posibilidad de que puedan adoptar las parejas gais tengo reparos. No porque piense que quienes tienen esa orientación sexual sean incapaces de sacar adelante unos hijos. Si no porque, ante todo hay que pensar en el niño que sería adoptado y creo que nuestra sociedad aún no tiene la madurez para asimilar a un muchacho que tenga dos mamás o dos papás.

Pero como las sociedades evolucionan rápidamente, espero que pronto esa situación sea vista con normalidad. Y por eso no quiero que la Constitución sea una talanquera para que las parejas gais puedan adoptar.

Para terminar esta columna quiero citar un aparte de la carta que Julia Samper, mi sobrina política, que fue adoptada por un hombre soltero, le envío al Congreso, pidiéndole que hundieran el engendro que impulsaron los Lucio-Morales.

“Mi papá me dio una vida que no cambiaría por nada en este mundo(...) Me enseñó a ser independiente, capaz, a ayudar a otros, a respetar a todo el mundo independiente del sexo, raza o estrato social y los valores indispensables para vivir una vida justa y digna. Me dio una vida llena de amor.

Señores congresistas, creo con todo mi corazón que nadie tiene el derecho de quitarle a los niños que están esperando tener una familia la oportunidad de que alguien sea el mundo para ellos, de la manera que mi papá fue el mundo para mí”.

Sigue en Twitter @dimartillo

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