‘Posverdad’

‘Posverdad’

Febrero 22, 2017 - 02:59 p.m. Por: Alberto Valencia Gutiérrez

El triunfo de Trump en EE. UU. y del voto en favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea (Brexit) ha representado la consagración definitiva del neologismo ‘posverdad’ en el mundo entero, para dar cuenta de las nuevas realidades políticas de las sociedades contemporáneas. El diccionario Oxford de inglés consagró ‘post-truth’ como la palabra internacional del año 2016. Aunque la idea que hay detrás de esta expresión tiene antecedentes remotos, en el último año el aumento de su uso fue de 2000% en comparación con el año anterior.

‘Posverdad’, como su nombre lo dice, es la aspiración a vivir ‘más allá de la verdad’ sin tener en cuenta los hechos en los que una proposición cualquiera pueda sustentarse. Es la invitación a promover reacciones emocionales a partir de cualquier tipo de idea falsa o calumniosa para que termine por imponerse con base en la repetición incesante y, finalmente, sea percibida como real. Los ejemplos abundan en los acontecimientos recientes: en la campaña por la Presidencia de EE.UU. se decía que la señora Hillary Clinton pertenecía a círculos pedófilos, o que el expresidente Obama no había nacido en ese país y practicaba la religión musulmana; en nuestro caso particular colombiano el éxito del No en el plebiscito del 2 octubre se basó en la difusión de una serie de mentiras, que terminaron siendo eficaces para lograr el triunfo: la amenaza contra la familia, la promoción de las ideologías de género y muchas otras ideas fantasiosas, repetidas de manera incesante y sin ningún reato de conciencia por personas a las que considerábamos cultas.

Desde hace muchas décadas los sociólogos nos han advertido que vivimos en una sociedad de masas, en la cual los impulsos primarios de la emoción y de la adhesión afectiva son los principales motivos de la acción. El hombre que hace parte de una multitud no se comporta propiamente como un individuo racional, sino con base en una serie de exigencias ciegas que lo llevan a obrar de una manera completamente inaudita con respecto a su comportamiento habitual. Gustave Le Bon nos describió esta situación desde el año 1895 en su célebre libro Psicología de las masas, que se convirtió para muchos en un nuevo manual de la política, y su autor en el “Maquiavelo de la sociedad de masas”. Habría que agregar que los medios de comunicación desde siempre y, en los últimos tiempos, las redes sociales, han desempeñado un papel supremamente importante en la promoción de esas emociones primarias que nos dicen quiénes somos, y nos prescriben qué debemos sentir y a qué podemos aspirar.

La sociedad de masas es todo lo contrario del ideal democrático de una sociedad compuesta por hombres racionales e ilustrados, que ponen el intelecto por encima de la emoción y están en capacidad de discutir sus ideas, y de tomar las decisiones adecuadas de acuerdo con la información de que disponen. La ilustración y la cultura, como componentes básicos de la opinión pública, son fundamento de la democracia.

La pregunta entonces que quiero formular en esta columna es si nos vamos a dejar arrastrar por las mentiras y las falsedades de los partidarios de la ‘posverdad’ y vamos a permitir que la estupidez y la estulticia rijan nuestro destino. La invitación a ‘pensar por sí mismo’, a no hacer parte del rebaño, a rechazar los amos y los caudillos, a no dar crédito a lo que no podamos comprobar por nuestros propios medios, a no repetir como loros las ‘ideas recibidas’, es hoy en día más subversiva que nunca. Debemos formar un gran movimiento en todos los ámbitos que vaya en contravía de la ‘posverdad’, orientado a promover que la gente se ilustre, piense y decida por sí misma. La ignorancia es el mayor enemigo de una sociedad democrática.

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