Volvió el terror a Buenaventura, 'casas de pique' siguen funcionando

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El fantasma de las casas de pique revivió, pese a la intervención que completa casi un año. Siete cuerpos han sido encontrados desde diciembre.

Volvió el terror a Buenaventura, 'casas de pique' siguen funcionando

Febrero 01, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Volvió el terror a Buenaventura, 'casas de pique' siguen funcionando

Miembros del CTI realizan las exhumaciones en el sector de El Progreso, en la Comuna 12. Aunque ya han sido encontrados cuatro cuerpos las denuncias de la comunidad hablan de más cadáveres en este sitio, por lo que las labores continúan.

El fantasma de las casas de pique revivió, pese a la intervención que completa casi un año. Siete cuerpos han sido encontrados desde diciembre.

El hombre voltea la cara. Habla en murmullos. Junta sus manos callosas con nerviosismo. “De eso prefiero no hablar. Entiéndame”, dice. Su mirada y su voz reflejan miedo.

“Acá todo lo ven, todo lo saben. Si usted sigue hasta El Progreso, ahí la paran. Le preguntan por qué está allí. Si me ven hablando con usted me tildan de sapo. Lo único que le puedo decir es que esto está duro -suspira-. Allá donde ve ese techo verde, el del colegio si sigue derecho, luego del caño, llega al sitio de la fosa, donde picaron la gente”.

El dedo señala un punto ubicado junto al CDI, un centro del Bienestar Familiar para las madres comunitarias que está en construcción en el barrio Carlos Holmes, en la misma Comuna 12.

Es en este sector, ubicado en la entrada de Buenaventura, es donde desde diciembre del año pasado han aparecido seis fosas comunes con siete cuerpos desmembrados.

Los últimos cuatro casos los hallaron en ese terreno que señala el dedo en el barrio El Progreso.

Los habitantes de la Comuna 12 tienen miedo. Muchos llegaron huyendo de la guerra hace más de una década desde los ríos San Juan, en Chocó; Yurumanguí, Calima, Naya... en el Valle, o del Putumayo, Nariño, Risaralda y Antioquia. “Esto lo fundamos con gente de todo el país”. María del Carmen fue una de esas personas que quisieron encontrar en el Puerto un mejor futuro. Vivía en La Hormiga, Putumayo, con su esposo cuando llegaron los paramilitares, en el 2000, y tuvieron que huir dejando todo. Casa, cultivos, amigos... quedaron atrás.

“Mataban gente por montones, en un solo día asesinaban hasta 20 personas, sin preguntar nada, era una época de terror. Me fui a Nariño, allá vive mi familia y después llegué acá ”, relata. Hoy, casi quince años después, se convirtió en desplazada una vez más.

Abandonó su casa en el Nueva Granada. El 19 de enero, Jhon Eder, el hijo de María del Carmen, le pidió $5000 pesos para ir a la tienda. Salió de su casa y no regresó. El joven, de 20 años, llevaba un mes en su casa pues años atrás había tenido que salir por amenazas. Durante ese tiempo estuvo en Nariño y luego en dos fundaciones de rehabilitación para la drogadicción.

Desesperada, María del Carmen buscó a su hijo por todas partes. Hizo lo que solo una madre puede hacer: poner en riesgo su vida por encontrar a su hijo. Cruzó fronteras invisibles. Estuvo en la zona del 69, cerca al aeropuerto, en el Matía Mulumba, en La Gloria... Recorrió casi toda la Comuna 12.

En uno de los sectores le salieron hombres armados. Les rogó. Les lloró. Les pidió que si sabían algo de su hijo se lo dijeran. Les imploró que la dejaran buscarlo. Días después, alguien le reveló que a su hijo lo habían enterrado por la Quebrada del Mondomo.

Ella y su esposo salieron para allá. Encontraron la ropa de Jhon Eder y una especie de fosa. El 26 de diciembre, miembros del CTI exhumaron el cuerpo del joven.

Había sido descuartizado. María del Carmen, su esposo y los tres hijos que le quedaron debieron salir del Puerto. Su casa empezó a ser rondada por hombres extraños.

Le habían advertido que no querían autoridades. Tuvo miedo. Huyó de nuevo. Otra casa abandonada. Otros amigos perdidos. Y esta vez, el dolor era más grande, una opresión en el pecho que solo puede sentir una madre cuando pierde a un hijo.

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La fosa con el cuerpo de John Eder era la segunda encontrada en diciembre pasado en la Comuna 12. Los primeros días de ese mes hallaron otros dos cuerpos en este sector.

El jueves pasado la Defensoría del Pueblo emitió un comunicado alertando sobre un recrudecimiento en la violencia.

Aunque el comunicado resaltaba el esfuerzo de las autoridades con la intervención, en la que se han capturado 200 miembros de las bandas delincuenciales, se llamó la atención de que las llamadas ‘casas de pique’ se habían trasladado a la Comuna 12.

Habitantes de esa zona han revelado que muchos de los delincuentes que estaban en la bajamar, en la isla, se han escondido en sus barrios para huir de los operativos de las autoridades.

La Fiscalía reveló que en los últimos meses emitieron 100 órdenes de captura contra integrantes de ‘La Empresa’ y ‘Los Urabeños’. De estas órdenes, 75 se han hecho efectivas por los delitos de extorsión, homicidio, tortura, concierto para delinquir y extorsión.

El año pasado en los barrios de bajamar hallaron en el mar 31 partes humanas, que pertenecen a 14 personas. La mayoría de los autores de esos crímenes están tras las rejas.

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El hombre del inicio de la historia, el que tiene miedo, dice que de lo que sí puede hablar es de las necesidades de su comuna. Cuenta que en muchos de los sectores de El Progreso y Nuevo Amanecer el agua no les llega hace cuatro años; sobreviven con el agua lluvia que recogen y el carrotanque que los visita cada semana. Alcantarillado solamente tienen las casas ubicadas en la calle principal. Y los jóvenes están parados en las esquinas, sin nada que hacer. “Y terminan metidos en esos grupos”, dice.

“Acá la intervención social de la que hablan no se ha visto. Lo único que esperamos son las visitas de los políticos ahora que vienen las elecciones. Ya no les creo. Acá en la casa de un líder estuvo en campaña el actual Alcalde y prometió que si quedaba elegido El Nuevo Amanecer iba a tener agua y acueducto. Y vea nada de nada”, asegura otro habitante.

Unas cuadras más abajo, en el Caldas una pared esta pintada con un grafitti: “La educación es la vacuna contra la violencia”. El profe Cuper, líder de ese barrio y entrenador de Golazo, un programa de fútbol para enseñarle valores a los niños y adolescentes de la zona, piensa que esa es la única forma de ganarle la batalla a la violencia.

El ‘profe’ ha escrito cartas al Sena para pedirles que amplíen los cupos. “Abren cursos para 20 personas y se presentan 800, pero dicen que el espacio del Sena no permite ampliar cupos. Yo me pregunto cuántos jóvenes le quitaríamos a los malos, si les damos estudio y trabajo. Con ‘Golazo’ se han rescatado varios, yo tengo pelados entrenando en equipos de otras ciudades. Y otro está a punto de entrar a estudiar Medicina en Cali”, agrega.

El Caldas es otro de los barrios afectados por este recrudecimiento de la violencia. Justo cerca a la cancha que construyen para entrenar a los pelados quedaban dos tiendas. Ambas cerraron. Al dueño de una de ellas lo mataron hace seis meses y el del oreo negocio dejó el barrio por las extorsiones.

El hijo de Mariana se perdió en El Caldas. Víctor Yesid salió en la noche del 10 de enero. “Mamá no me espere”, le dijo. Mariana mira por la ventana de su casa y cuenta que cuando el domingo el joven no regresó ella empezó a preocuparse.

Ya el lunes fue a la Fiscalía. “Después supe que había ido a visitar a una amiga. Dicen que allá lo vieron cuando se lo llevaron unos hombres”. Ella teme que lo hayan picado.

Teme no volver a ver a Víctor Yesid como no volvió a ver a su pequeña de 7 años. A Mariana se le han desaparecido dos de sus cuatro hijos. La niña se perdió hace seis años. El 7 de marzo cumpliría 13. Mariana recuerda salió a trabajar a la minería y la niña se quedó en casa con los hermanitos.

"Se fue a la tienda en La Virgen, en la vía, y allá como que un hombre se la llevó. A él lo cogieron porque aseguraban que era un violador que estaba robándose niños, pero después lo soltaron. La niña no apareció nunca, yo no pude ni entregar una foto de ella porque ni eso tenía”.

El padre John Reina de la Arquidiócesis y miembro del Comité de la Marcha asegura que históricamente la violencia en Buenaventura ha tenido sus picos y que lo ocurrido en la Comuna 12 no es nuevo, sino que es ahora que se está visibilizando. Para el sacerdote esta zona es un corredor estratégico de los grupos ilegales.

El padre pide que no se estigmatice a Buenaventura solo por las casas de pique sino que se mire más allá “porque la ciudad no es solo eso”. Otro líder asegura frente a los casos de descuartizados que “no podemos hablar de violencia juvenil, esto es algo craneado, detrás de esto están otros intereses de Buenaventura continúan hoy bajo control de estas bandas, mediante intimidaciones, cobro de extorsión y la gente no denuncia pues no se siente respaldada”.

Por su parte, Luis Gilberto Murillo, gerente para el Pacífico, asegura que se tienen “proyecciones, especialmente, en los temas más sensibles para la sociedad civil como son los relacionados con el agua, la salud, la educación y la inversión social”.

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