Las huellas de los paramilitares del Bloque Calima en Galicia, Valle

Diciembre 21, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Ana María Saavedra S Editora de Orden

Se cumplieron diez años de la desmovilización de 564 paramilitares. Ahora son campesinos, mecánicos y tenderos. Historias.

La niña corre hacia la puerta. Tiene el pelo largo, liso y castaño. Ojos cafés. Lleva una camisa blanca, un pantalón rojo y botas pantaneras con dibujos. Se asoma. Sonríe. Saluda. -Necesito hablar con su mamá-. Corre hacia la casa, una construcción tipo finca cafetera, con una chambrana pintada de rojo y matas con geranios colgando. Le pregunta algo y regresa para abrir la reja. Una puerta sin candado.La niña vive con sus padres, ellos los agregados de la finca El Jardín, en Galicia, zona montañosa de Bugalagrande. De la casa sale una mujer joven. Su esposo no está. Cuenta que llevan cuatro años viviendo allí.-¿Usted sabe que aquí fue la desmovilización del Bloque Calima? 564 paramilitares acamparon hace diez años en ese patio-, le digo a la mujer.-Ya diez años. Si sé que aquí fue. La gente del pueblo cuenta cosas. Dicen que en esa época cuando pasaban por el camino preferían voltear la cara para otro lado. Les daba miedo. Dicen que allá (señala la parte de atrás de la casa, un campo con matas sembradas y pocos árboles) hay gente enterrada. Que acá mataron gente.- Dice la mujer. -¿Y no le da miedo? -A mi no. Claro que cuando vienen las hijas del patrón ellas sí se asustan. Dicen que oyen y ven cosas. Una se paró una noche en esa esquina para hablar por celular y vio una persona vestida de rojo. El Jardín, una finca a menos de un kilómetro de Galicia, una población de la cordillera Occidental era una de las bases del Bloque Calima de las autodefensas. Allí empezaron a llegar en diciembre del 2004 hasta que el 18 de ese mes salieron 564 hombres rumbo a la cancha de fútbol del pueblo para entregar sus armas y desmovilizarse.Ese día en la cancha se reunieron, además de Ever Veloza, ‘HH’, comandante del Bloque, los líderes del Estado Mayor de esta agrupación Ernesto Baez y Diego Fernando Murillo, Don Berna, y Salvatore Mancuso.Los paramilitares entregaron 451 armas de fuego, entre fusiles, escopetas y pistolas; 68.222 cartuchos de diferentes calibres y 149 granadasEsas armas fueron fundidas en el 2007 en Bogotá. En esa ocasión destruyeron 18.000 armas de fuego que entregaron los paramilitares en su desmovilización. *****Galicia es un pueblo tranquilo. De cuatro calles. Una iglesia pintada de blanco con azul, un colegio, casas de colores rodeando la plaza, en la que se alzan tres samanes. En la mitad un polideportivo -una especie de coliseo- en el que un niños juegan microfútbol.La chiva, que sube y baja una vez al día a los habitantes hacia Bugalagrande, está parqueada frente a la estación. Un hombre camina con un niño de la mano. Dice que él en esa época era el conductor de la chiva, pero que le tocó irse. -Ya diez años, eso es mucho tiempo. Aquí casi no quedaron desmovilizados -habla con un acento paisa-. En esa época uno los veía acá en esas toyotas y en esas motos. Cuando se emborrachaban daban miedo. A mí me sentenciaron. Fue el día que iban a llevarse a Daniel, él era un profesor. Lo sacaron una noche de la discoteca amarrado. Yo me di cuenta y le avisé a la Policía, lo rescataron. Pero a mi me iban a matar-.Cuenta que solo pudo volver tiempo después de que los del Calima se desmovilizaran.-La mayoría de los paras se fueron. Quedaron pocos viviendo aquí. ¿Quiere hablar con Yuber, el hijo de doña Luz? Él dijo que esta semana venía. Vea, camine hacia allá y volteé a la izquierda...-. Yuber* esta sentado en la sala de la casa de su mamá. Tiene las manos negras de trabajar la tierra. El rostro curtido y bronceado del sol. Ahora, diez años después de haber entregado el fusil Galil que cargaba, tiene un azadón y un machete para labrar la tierra.-Volví al campo. A mí me decían amigos que me fuera para los ‘Rastrojos’ que me pagaban. Yo solo quería trabajar la tierra. Los primeros tres años me pusieron a estudiar y a unos talleres psicosociales. Me daban como $400.000 mensuales. Dejaron de pagarme la plata porque no quise volver a estudiar. Pero es que llevaba como tres años y no había pasado de segundo de primaria. A mi eso de juntar las letras no se me da. Los números sí, pero las letras no”.Los desmovilizados de las AUC reciben una ayuda mensual si siguen incluidos en el proceso de reinserción. Según las cifras del Fondo de Programas Especiales para la Paz, Dapre, hasta el 31 de octubre pasado el Gobierno había entregado en esas ayudas un total de $3.329.610.202. Cada mes la cifra entregada es de $350.000.La Agencia Colombiana para la Reintegración ha atendido en programas de educación y psicosociales a 417 de los 564 desmovilizados. Este año continuaban en los planes 216 de ellos. Se han graduado del bachillerato, ha realizado cursos en el Sena y otros han montado sus negocios. A dos cuadras del parque de Galicia está la tienda de Sandra*. Ella es una desmovilizada que recibió ayudas, primero para estudiar, y luego para abrir su negocio. Todavía le dan apoyos. Hace menos de un mes le dieron dos millones de pesos en surtido para la tienda. ***** Gilmer*, a sus 30 años, se graduó de bachiller. Ahora quiere hacer un curso en el Sena sobre arreglo de motos de alto cilindraje. Una vez se desmovilizó decidió seguir en su pueblo. A él lo reclutaron cuando tenía 17 años y trabajaba de ayudante mecánico. Entonces, empezaron a visitarlo para que les arreglara las motos. -Los veía en carros y motos lujosas. Se hicieron amigos de uno y cuando estaban tomando pues me invitaban. Después empezaron a llevarme de gancho ciego, que dizque los acompañara a algo y cuando llegaba al sitio era que iban a hacer algo malo. Y así terminé con ellos. Era patrullero, no quise ascender porque uno raso cumple órdenes pero ya de jefe le tocaba mandar a hacer cosas-. Cuando Gilmer empezó en el Bloque Calima tenía un bebé de nueve meses. -Y ese sueldo que me pagaban de $600.000 me servía. Al salir de eso, es otra oportunidad. Yo ahora prefiero tomarme un caldito azulito y pobrecito, pero vivir tranquilito. Aquí vivo ya sin temores-, expresa.Aunque los dos primeros años de desmovilizado sí tuvo miedo de los enemigos que dejó. En el 2005 cuando regresaba en moto de un taller, cinco hombres armados lo abordaron en la carretera y le dispararon. Recibió tres disparos y el compañero con el que viajaba murió.Yuber, el otro desmovilizado, cuenta que ese año mataron a cinco de sus excompañeros en Bugalagrande.-Venían unas camionetas blancas y negras y los recogían. Yo me salvé porque me tuve que ir-, dice.En estos diez años, según la ACR, han sido asesinados 33 desmovilizados del Calima, 22 de los casos ocurrieron en el Valle.Gilmar también cuenta que a él lo han intentado tentar para que se vaya a los grupos ilegales. Se niega. Su hijo y su esposa lo esperan en el taller. -Si ya salí una vez, la segunda no me salvo-.Lea mañana El ‘reciclaje’ de los desmovilizados del Calima.

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