'La forma de las ruinas', el exorcismo de una vieja obsesión

'La forma de las ruinas', el exorcismo de una vieja obsesión

Noviembre 08, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Por Santiago Cruz Hoyos | Periodista de GACETA
'La forma de las ruinas', el exorcismo de una vieja obsesión

'La forma de las ruinas' es la quinta novela del escritor Juan Gabriel Vásquez.

Juan Gabriel Vásquez lanzará esta semana su más reciente novela, ‘La forma de las ruinas’. Se trata del exorcismo de una vieja obsesión: los crímenes de Jorge Eliécer Gaitán y Rafael Uribe Uribe. ¿Cómo sería Colombia en caso de que no hubieran matado al caudillo?

Uf, espérame  que acá donde estoy se acaba de ir la luz… brutal… ehh…

Juan Gabriel Vásquez está al teléfono. Se encuentra en una casa de tierra caliente, a hora y media de Bogotá, descansando junto con su esposa y sus dos hijas antes de iniciar la maratón que le espera: el lanzamiento en varias ciudades del país de ‘La forma de las ruinas’, su quinta  novela. 

A la mano tiene un libro del filósofo Philip Pettit, ‘El hombre que no fue jueves’ de Juan Esteban Constaín y un libro  de Joseph Conrad “que extrañamente no había leído completo”: ‘Notas de vida y letras’.

Sin embargo, el apagón dice más de sí mismo que sus lecturas recientes. La voz tranquila con la que conversaba  hace unos segundos se escucha alarmada. Como si el sentimiento que ha atravesado su obra, el miedo, hubiera emergido  de repente. Antes del corte eléctrico, Vásquez  hablaba sobre ese asunto.   

- Todos los colombianos que vivimos la época del narcotráfico tenemos una relación  cercana con la violencia.  Por eso  sabemos de qué se habla cuando  en mis novelas trato de explorar el miedo como ese sentimiento que definió la vida de toda una generación.  En mi caso hay un episodio muy breve que cuento en la novela, de una vez  que me salvé por segundos de una bomba. Después de haber pasado frente a la vitrina de un sitio en el centro de Bogotá, decidí no entrar y un minuto después escuché el estallido. Era una bomba que el cartel de Medellín puso en enero del 93 cerca de la Cámara de Comercio. Entonces estos roces, estas experiencias, sentir que la violencia extrema te pasa por el lado y sientes un poco el aire, a mí me ha marcado mucho. 

En esa época tenía  la idea de llevar una vida en la que uno siente que ha perdido el control, que todos los días puede salir de  casa y no volver. Y la idea de vivir preocupado por el otro. No  habían celulares  y uno se preguntaba con miedo dónde estarán los papás, la novia, los amigos. Si se demoraban uno se angustiaba. Esos años nos cambiaron por dentro de maneras que no son evidentes, y que no se han contado. 

Ahora, en el teléfono, Juan Gabriel Vásquez   se escucha de nuevo aliviado. 

- Ya volvió, ya volvió. (La luz).

¿Cómo nació ‘La forma de las ruinas’, esta novela repleta de teorías conspirativas que intenta explorar qué hay detrás del  asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y de Rafael Uribe Uribe? 

Lo que pasó con esta novela fue que conocí a un hombre que por diversas casualidades de la vida, llegó a tener en su poder una vértebra de Gaitán. Su padre era un médico forense muy importante. 

En el momento, hace más o menos una década, en el que él me puso en mis manos esa vértebra de Jorge Eliécer Gaitán,  nació la novela, estalló el proyecto.  Pero me tardé diez años para saber cómo escribirlo. Era un monstruo muy difícil de manejar y me tomó mucho tiempo en aprender a hacerlo. 

¿‘La forma de las ruinas’ es, como ‘El ruido de las cosas al caer’, su anterior novela,  un  exorcismo, una exploración de esa violencia que lo marcó a usted y a todo el país?

‘La forma de las ruinas’, al igual que mis otras novelas, nace de una curiosidad que  luego se vuelve un interés  fuerte y que  con el paso de muchos años se convierte en una obsesión de la cual solo me puedo liberar escribiendo el libro. El libro, efectivamente, es un  exorcismo. 

‘La forma de las ruinas’ parte de  una relación que yo he tenido durante toda mi vida con estos dos crímenes que narra la novela: Gaitán y Uribe Uribe. 

El crimen de Uribe Uribe es una de esas historias que a mi padre le gustaba contarme. Yo recuerdo que a los 8 o 10 años me llevó al sitio donde mataron a Uribe Uribe,  me explicó quiénes eran Galarza y Carvajal (los que, según la historia oficial, son sus asesinos) y me contó que lo habían matado con unas hachuelas. Entonces esta es una historia con la que yo he crecido con cierta familiaridad, aunque no me tocara directamente.  

En cambio, el crimen de Gaitán sí me tocó mucho más  de cerca. Mi tío abuelo, José María Villareal, era el gobernador de Boyacá cuando mataron a Gaitán el 9 de abril de 1948. Y la versión conservadora del 9 de abril es que mi tío fue más o menos el salvador de la estabilidad del país en ese momento, porque cuando la policía bogotana se rebeló, por ser gaitanista, la única manera de que el presidente Mariano Ospina mantuviera el control sobre las cosas era aceptar que el gobernador de Boyacá mandara a su propia policía, su propio Ejército, para controlar la situación. 

Entonces eso quiere decir que yo crecí con una relación muy intensa con el 9 de abril, con sus leyendas. Esas historias formaron parte de mi mitología personal desde niño, y ya en la época de la universidad – eso también se cuenta en la novela -  mi primer cuento oficial es  sobre el 9 de abril. Esta es una historia vieja, o más bien una obsesión, un  demonio que  me ha perseguido siempre. 

Eso explica por qué la novela es también una especie de autobiografía. De hecho el narrador de ‘La forma de las ruinas’ es un escritor llamado Juan Gabriel Vásquez… 

Yo soy, como muchos escritores, muy protector de mi vida privada. Pero el único momento en el que acepto hablar de mi vida privada es dentro del marco literario de una novela. La novela es para mí una manera de explorar el mundo, de conocerlo y de encontrar mi lugar, mi relación con las cosas. Pero eso en  ‘La forma de las ruinas’ tomó una importancia que  no había previsto. 

Es por eso que la novela está narrada por un personaje que se llama Juan Gabriel Vásquez, y que comparte mi biografía. Quise eliminar todos los intermediarios, las máscaras, los personajes que uno inventa para hablar de sí mismo sin que se note.  Esta vez quise que se notara. 

La novela tiene una cara confesional  autobiográfica en la que he intentado explorar algunas de mis preocupaciones en el sentido en que los colombianos heredamos los crímenes, las violencias que han sucedido antes de nuestra vida.

A mí siempre me preocupó el  hecho de que yo nací 25 años después del crimen de Gaitán y sin embargo, ese crimen sigue marcando mi vida y  la vida de la gente que me rodea. En algún momento, cuando tuve a mis hijas, empecé a preocuparme por el hecho evidente de que ellas también iban a heredar esos crímenes, esas violencia, ese país, y la novela es una exploración de ese tema.  

Además de autobiografía la novela también está escrita en clave de crónica, el lector se encontrará con una gran investigación... 

 A  mí siempre me han gustado los libros que hacen más de una cosa al mismo tiempo. Esta novela es al mismo tiempo autobiografía, pero también novela histórica, pero también es una novela policial, pero también una novela de conspiraciones, en fin. Y parte de todo eso se relaciona con lo  autobiográfico. 

Todos mis libros salen de una investigación previa, son también una relación periodística. Yo voy por ahí hablando con  gente, entrevistándola, tomando notas de la realidad, y en ese sentido el libro  tiene un lado de crónica  clarísimo.

La manera en que Juan Gabriel Vásquez, ese narrador de la novela, va descubriendo la historia, se parece mucho a la manera en que el Juan Gabriel Vásquez de la vida real fue descubriendo la historia.

Y sin embargo usted advierte al final que todo es una ficción, que hay que tener cuidado y ser responsables con lo que se está leyendo. ¿Por qué? 

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