Con más música, Bandola preservará el legado de Julián Gil

Abril 23, 2017 - 02:28 p.m. Por:
Johan Giraldo R. | Periodista de El País
Bandola

Bandola, la agrupación de música colombiana de Sevilla, Valle.

Archivo de El País

Cada vez que escuchen ‘Listos para la foto’, ‘Turumbis tumbis’, ‘El hipo’, ‘El árbol amarillo’, sentirán nostalgia. Cada vez que los vean en vivo, al lado izquierdo de Rodrigo, sentirán un vacío, no podrán ver cómo esa flauta se meneaba por los aires, dirigida por unos dedos dotados de talento puro. Y no podrán verlo porque ya no está Julián Gil, el cantante y flautista del Grupo Bandola, al que un trágico accidente le arrebató la vida el pasado 8 de abril. Julián pertenecía a una agrupación que por 35 años ha llenado de orgullo no solo a un municipio, sino a todo el Valle del Cauca y a Colombia.

“Buenaventura se quema, y agua, ay, agua no hay aguita. Aguita de mar, ay se va. Ay! se va a quema’”, en los 20 segundos que siguen a este verso, hay un solo de flauta, sí, de esos solos que inmortalizan a guitarristas, saxofonistas o bateristas, que le dan un toque especial a cualquier composición musical, que es difícil de no admirar. Eso eran los acordes que le daba Julián Gil a estos temas que reunen una fusión de sonidos de la mejor música Andina.

‘El señor del viento’, como fue bautizado por sus compañeros, era el soporte del grupo, su capacidad de entender las personalidades de cada miembro de la agrupación lo hacían especial, eso y su talento para ‘flautear’, un don que es entregado a los mejores.

Durante gran parte de su vida se dedicó a la enseñanza, a compartir ese conocimiento en áreas como Español y Literatura en el colegio Heraclio Uribe Uribe, de Sevilla. Sus estudiantes lo definían como un apasionado por la enseñanza, como un docente entregado a sus gustos y amante por la buena música, pero también como un artista completo, con su alumnos utilizaban los espacios del colegio para pintar murales y despertar esa pasión en el aula de clase.

¿Cómo recordar a Julián Gil? Así lo veía Rodrigo Muñoz, integrante del Grupo Bandola: “Era un hombre de pocas palabras, cada quien tiene personalidades diferentes y eso hacía que nos compenetráramos mejor. Dentro de su silencio, siempre estuvo muy dispuesto a dar más de lo que necesitábamos. Durante 18 años compartimos casa y aprendimos a vivir mejor con cada uno. Y algo que descubrimos con esta tragedia, es que los alumnos le tenían un gran cariño a Julián, y esta era una faceta que el mantenía bajo perfil, sin duda era una persona que logró impactar no solo a su agrupación y familia, si no también, a cada quien que hizo parte de su vida”.

Ese era Julián Gil, flautista de Bandola, su segunda familia, una que creó en 1982 cuando él, María Elena Vélez, Óscar Gallego y Rodrigo Muñoz, compartían su espacio de vida en sus épocas de estudiantes universitarios. Siendo todos muy jóvenes, cada uno tenía ya trayectoria en otros grupos musicales, en sus colegios y universidades. Pero solo al crear Bandola lograron constituir un proyecto estable, sólido, un proyecto musical y de vida perdurable y trascendente.

“Fue en 1982 cuando estábamos en la Universidad, y en Sevilla, mi intención era la de montar un cuarteto para cantar y tocar música entre nosotros. Por aquella época sucedió algo interesante y era que desde el sur del continente, venía llegando expresiones musicales nuevas para muchos, como los grupos Supay, Los Cuatro Cuartos, Las Cuatro Brujas, entre otros. Fue así como los cuatro terminamos creando Bandola, con el objetivo de tocar canciones que sonaban en los casetes y reproducir la buena música, replicar el mensaje de la transformación social que estaba atravesando el mundo por aquellos días”, recuerda Óscar Gallego con orgullo.

Bandola se abría espacios tocando en pequeños lugares, ceremonias y en casa, ensayando cómo atraer un público con oídos finos. Fue en el aniversario 50 del colegio General Santander, cuando unos ‘paisanos’ invitaron al grupo a tocar durante la fiesta y desde entonces Bandola se decidió a grabar su primer LP, en Bogotá, gracias a la ayuda de la colonia sevillana que se había radicado en la capital del país.

Durante varias semanas, Bandola era el centro de atención de las presentaciones, su capacidad musical, el talento de los integrantes y la forma en que presentaban los temas que reproducían, transportaba a los asistentes a épocas de gloria. Sin duda, la agrupación había dado en el clavo y el único problema era pararlos, el tren se había desbocado y las ganas de seguir creando música continuaron.

Desde entonces, estos músicos no han parado y llevan 35 años ininterrumpidamente realizando música. Talento les sobra por ello, desde Sevilla han llevado las raíces de su pueblo a los festivales más importantes de Latinoamérica y el mundo, Argentina, Chile, México, Brasil,incluso, Estados Unidos.

Pero también son gestores culturales y desde 1996 crearon el festival Bandola, un homenaje a su música pero también a la costumbres de Sevilla y al estímulo de grupos que quieren recorrer los mismo caminos que sus antecesores.

Así como también se convirtieron en invitados permanentes del Festival de Música Andina Mono Núñez, al cual nunca faltaron, desde que se creó.

La nueva sangre de Bandola

Ana Lucía Muñoz hace parte de la nueva sangre de Bandola, y creció con su música, ¿cómo no hacerlo si por su sangre corre la misma sangre de su padre Rodrigo, vocalista y guitarrista en el grupo?

Es egresada de Bellas Artes y desde hace cuatro años que se encarga de la batería, un instrumento poco habitual para las mujeres, pero es la encargada de llevar el compás de las canciones. Junto a su esposo, Juan Pablo Orozco, trompetista, Fabián Valverde y Mauricio Muñoz, son la cara joven y los herederos de una tradición que pese a los altibajos no desfallece.

A pesar de su ‘juventud’, Ana Lucía también sintió como una tragedia suya el fallecimiento de Julián. “De Julián siempre llevaremos en el corazón su sencillez, su nobleza. Era la sonrisa de la agrupación. Era un hombre muy generoso y de estas virtudes es imposible no contagiarse. Entre los cuatro miembros originales, todos funcionaban perfectamente, un engranaje que permitió que el grupo se sostuviera por tanto tiempo”.

El futuro
Entre lágrimas, la ‘nena’ Vélez no es ajena al momento, un golpe que demora en sanar, pero que los hace ver que el fallecimiento de su compañero es una forma de seguir cantando, de homenajear a alguien que era el alma del grupo.

“Ahora queremos seguir sobre lo construido, apoyándonos entre nosotros porque ha sido muy duro, fueron más de 30 años juntos, pero no queremos deternos acá, seguiremos homenajeando el talento de Julián, pero también esperamos llevar la música que ha hecho a la agrupación especial y superar los obstáculos que aparecen. Bandola se sigue transformando, la nueva sangre del grupo se está llevando bien con los que ya estaban y esto es en pro de la familia musical”, susurra la ‘nena’ en voz entrecortada.

Bandola quiere seguir haciendo lo que más le apasiona, cantar, hacer bailar a la gente y llevarse los aplausos del público, pues es gracias a ellos que 35 años de la agrupación puedan convertirse en 40 o, ¿por qué no?, en 50 años.

Para ello, y pese a que es un momento de luto, los planes de la agrupación pasan por la creación de una gira por el continente, llamada, ‘Bandolatinoamérica’, también, recorrer el Eje Cafetero y toda Colombia para presentar sus primeras canciones y enamorar al público nuevo que emerge en cada región.

Hoy, un amigo, un colega, un compañero, un padre, un esposo y un profesor deja a la deriva a Bandola.

El sonido de la flauta se silenció, pero Rodrigo, Óscar y María Elena, se ponen la camiseta, o mejor el poncho, para entre lágrimas, seguir haciendo lo que más les apasiona: buena música.

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