Municipio recibe de regalo el edificio de Coltabaco

Marzo 15, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera | Reportera de El País
Municipio recibe de regalo el edificio de Coltabaco

Hace 80 años, Coltabaco inauguró el edificio para sumarse a las celebraciones de los 400 años de Cali. Hoy Celsia, accionista de Epsa, lo cede en donación al Municipio como parte de la renovación del Bulevar del Río.

La joya arquitectónica estilo español con acento árabe, será cedida este martes por Celsia a Cali. Historia con retrovisor 80 años.

Competía con La Ermita. Era tal la majestuosidad de su fachada y su pasillo de entrada, de estilo español con marcado acento  árabe, que muchos transeúntes se detenían ante él, hacían una genuflexión y se echaban la bendición.

“Muchos lo confundían con una capilla”, dice Guillermo Betancourt Rivera, quien presenció  este espectáculo diario durante 29 años, no solo en las afueras, sino dentro del  edificio de Coltabaco.

Cuando  los 27 empleados terminaban su jornada laboral a las 4:30 p.m. y salían de las oficinas de la mayor empresa productora de tabaco del país, todos hacían la misma venia ante esa especie de templo del trabajo presidido por una  imagen del Sagrado Corazón de Jesús. Y el gerente de la época, Víctor González, les echaba la bendición.

La joya arquitectónica estilo español con acento árabe será cedida este martes por Celsia a Cali.

Esa historia que trae hoy a colación don Guillermo es un indicador de la veneración que despertaba esta especie de altar arquitectónico, enmarcado por la belleza de sus líneas simétricas, que armonizaba  rejillas de hierro forjado con  las cornisas de  yeso en formas de arabesco de  acabados con  apariencia de madera tallada que remataban el cielo raso, las columnas y los ventanales del mezanine.

Elementos que se conservan como el aroma y el sabor del cigarrillo PielRoja, marca emblemática de Colombiana de Tabacos, Coltabaco S.A. Perduran con el  encanto de los años 30 en un inmueble cuya construcción empezó en  1934 para ser  inaugurado en  la celebración de los 400 años de Cali en 1936. Como perduran  sus lámparas ‘araña’ con sus  ramilletes de bombillas, el reloj mecánico tallado en bronce, el ascensor Ottis de puerta de reja metálica  y los enormes  ventanales con vista al Río Cali, hoy Bulevar del Río. 

Escenario perfecto para una película de época, el  edificio de tres pisos diseñado por el arquitecto Guillermo Garrido,  es un  verdadero sagrario  de la arquitectura por el que muchos sentían inmensa devoción.

 Devoción que hizo que en 1993 el Municipio lo declarara Patrimonio Urbano Arquitectónico. Y que hoy, en una ceremonia prevista para las 9:00 de la mañana, pasará a manos del Municipio de Cali, tras una donación de  Celsia, firma del Grupo Argos y accionista mayoritaria de Epsa, hasta la fecha propietaria del bien avaluado  en $4100 millones.

Don Guillermo ya está curado de nostalgias. Llegó en mayo de 1964 a trabajar como auxiliar de oficina, una especie de asistente del contador. A sus 73 años recuerda muy lúcido que   cinco años después fue ascendido como jefe de producción para laborar en la planta, ubicada en la Carrera 2 con Calle 23, en San Nicolás. 

Allí estuvo muy pendiente de los estándares de calidad y la productividad de las mejores marcas de cigarrillos del país. Desde el tradicional PielRoja, esa cajetilla reconocida por  su logo del indígena de perfil coronado de plumas, hasta el Pierrot, el Caribe, El Sol y hasta los  Vampiros. Sí, así se llamaba una de las marcas. También se comercializaban la picadura Alfa, para los amantes de la pipa, y los Tabacos Ducales, para quienes preferían los cigarros puros.

 Luego, la empresa incursionó en la producción de cigarrillos con filtro, una nueva era que modificó  los hábitos de consumo y  pusieron de moda el Imperial, El Dorado y los mentolados como  El Andino.

 Era una época dorada de  Coltabaco S.A., compañía que tenía su casa matriz en Medellín y oficinas regionales  en Bucaramanga, muy fuerte porque en los santanderes se sembraban las mayores plantaciones de tabaco; en Bogotá, ombligo del país, y obvio, en Cali, que no necesitó traer tabaco  porque en el Valle se cultivaba de muy buena calidad para el  cigarro negro.

Eran  buenos tiempos en los cuales, después de la genuflexión y la bendición gerencial,  salían al atardecer a ver pasar  ese río humano que corría hacia la Avenida Sexta, convertido en el polo educativo de entonces. Mirar a las caleñas desfilar con sus minifaldas y su donaire era el pasatiempo  de él y sus compañeros, de los que  es el único sobreviviente. El auge comercial ameritó un cuarto piso, que se hizo sin alterar su estilo.

Después vino el declive de Coltabaco y el proceso de liquidación, que a don Guillermo le tocó ejecutar, con un empleado que vino de Medellín con  ese objetivo. Para él fue muy triste ver cómo iba  terminando el sueño de cada empleado, de cada obrero, de cada trabajador. Y el último en liquidarse fue él mismo en 1991. “Yo mismo me saqué”, cuenta.

  Así parecía terminar su historia con el edificio Coltabaco y con una empresa que había sido creada en 1927, pero que había decidido quedarse solo con la oficina principal de Medellín, que luego vendería a la multinacional Phillip Morris.

Pero  Coltabaco tenía  otras empresas, como la Inmobiliaria Inalda, que operaba allí  desde 1984.  Alfonso Díazgranados,   gerente del momento, le dio la primera opción de compra a don Guillermo, que retirado, había incursionado en otros negocios, sin éxito.

  Así fue como en 1993, don Guillermo volvió al edificio donde había ejercido su primer trabajo como administrador de empresas y contador público. Solo que ahora él era el dueño de la inmobiliaria que lo  administraba y alquilaba a firmas constructoras, abogados y contadores  que se  peleaban por su ubicación estratégica y sus espaciosas oficinas selladas con enormes puertas de madera caoba y tapizadas con bellos pisos de baldosas con diseños geométricos de contrastantes colores.

  Don Guillermo, que apenas se pensionó en 2002, continuó yendo todas las mañanas a su inmobiliaria, a la que llamaron  Avivi, el apellido de su esposa, Nayibe Avivi, y que gerenciaba su hijo, el arquitecto Fernando Betancourt Avivi.

Un día, leyendo El País, se enteró de que el gerente de Coltabaco de la época había declarado que ese edificio, demarcado con la placa 1-12, sobre la Calle 12, en el corazón de la ciudad,  se lo daría en donación al Municipio de Cali.

 Y es que mientras pasó todo ésto, los dueños de Coltabaco separaron sus negocios distintos al tabaco como Colombiana de Inversiones, Colinversiones, que incursionó en el sector energético. Esa razón social cambió a  Celsia, empresa del Grupo Argos y accionista mayoritaria de Epsa, que ahora ejecuta  la promesa hecha.

 Ahora el Municipio será responsable de la conservación y mantenimiento de este edificio, cedido con la condición de ser utilizado única y exclusivamente para fines culturales y artísticos, mas no comerciales, para garantizar su conservación, explicó Alejandro Arias, subsecretario de Bienes e Inmuebles de la administración municipal.

“El alcalde (Maurice Armitage) tiene la intención de que el primer piso se destine para actividades culturales, con  comisiones internacionales, considerando la posición estratégica, respetando esa vocación artística y cultural de edificio  patrimonio urbano arquitectónico, tipo 1”, dijo Arias.

Sin embargo, El País también conoció que la alcaldía estudia la posibilidad de ceder  los pisos 2 y 3 para  los concejales, que seguirían sesionando en el hemiciclo del CAM, pero tendrían sus oficinas en Coltabaco, considerando la cercanía a la sede del Cabildo.

   Ahora quedan pocos días para que don Guillermo vaya por última vez al edificio donde trabajó 29 años para Coltabaco y otros 25 como  administrador del edificio. Ya lo saben la secretaria, la ascensorista y la señora de oficios varios.

[[nid:517181;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/03/coltabaco-interior.jpg;full;{Los ventanales, los pasamanos, los pisos, todos los elementos del edificio se deben preservar. Foto: José Luis Guzmán | El País}]]

 A ellas, que han oído hablar por  años de los fantasmas que se pasean por los amplios pasillos de la edificación, de la bolita que oyen subir y bajar por el ascensor, de las puertas que no abren ni cierran, pero sí funcionan cuando ya el cerrajero está a punto de desmontar la chapa, no las asusta el monstruo del desempleo. “Ya veremos qué aparece”, dice la operaria del ascensor. 

El martes pasado, don Guillermo vio a una señora de edad, que pasó frente a la fachada del que fue su templo del trabajo durante más de 53 años, y hacía la venia y se santiguaba. “Es que todavía hoy conserva su vocación de capilla”, sentencia.

De El Puente a Coltabaco El edificio se llamó originalmente El Puente  (por quedar frente al Puente Ortiz), pero es conocido como Edificio Coltabaco porque fue construido por la compañía Colombiana de Tabacos, Coltabaco S.A.  El inmueble tiene 46  oficinas y tres locales distribuidos en 3500 metros cuadrados.  En su interior se conserva la decoración de hace 80 años:  rejas en hierro forjado, apliques en yeso, de color madera, que enmarcan las ventanas, de estilo clásico español con influencia mudéjar (árabe) y un reloj mecánico que da la bienvenida. Guillermo Betancourt Rivera relata que en los años 60, esta sede administrativa de Coltabaco tenía 27 empleados. Ubicado junto a edificaciones icónicas   como el Hotel Alférez Real, (demolido en 1972) el Teatro Jorge Isaccs, frente al Puente Ortiz,   La Ermita, y el más reciente Parque de los Poetas y el renovado Bulevar del Río, esta joya arquitectónico fue declarada en 1957 Bien de Interés Cultural municipal. Y en 1993, Patrimonio Urbano Arquitectónico
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