¿Cali aún es cívica? Siete 'notas de mala conducta' que demuestran lo contrario

¿Cali aún es cívica? Siete 'notas de mala conducta' que demuestran lo contrario

Noviembre 12, 2017 - 07:55 a.m. Por:
Alda Livey Mera / reportera de El País 
Parrillero hombre

A pleno sol de mediodía, por vías céntricas como la Calle 5 o la Calle 70, algunos motociclistas se movilizan con parrillero hombre adulto, una conducta que está prohibida por decreto desde 2008 en la ciudad, por razones de seguridad.

Oswaldo Páez / El País

Los colombianos somos anómicos. Y los caleños no somos la excepción. Nos cuesta acatar la norma, seguirla, cumplirla, pero vamos a otro país y allá sí nos comportamos bien. Esa es la apreciación de Leonardo Valencia, trabajador social de la Universidad del Valle que lleva más de una década trabajando en campañas de cultura ciudadana con la Sociedad de Mejoras Públicas (SMP) y la Fundación Fanalca.

La anomia, entendida como la ausencia de reglas sociales o cuando no son respetadas por los integrantes de una comunidad, pareciera ser un fenómeno cada vez más generalizado en Cali.

Para la secretaria de Seguridad y Justicia, María Ximena Román, “la gente desafía la norma, se pasa el semáforo en rojo, conduce con exceso de velocidad o embriagada, etc., creo que por falta de conciencia, de civismo, de cultura ciudadana, es un desafío a la autoridad y falta de amor propio, porque ponen en riesgo la propia vida”.


Sobre el caso específico del parrillero hombre, dice la funcionaria que hay gente que siente que puede desafiar la autoridad. “Por eso aplicamos las normas del Código Nacional de Tránsito, y cuando los agentes de tránsito los detectan, le avisan a la Policía, para que tome control sobre estas personas”.

El subintendente César Augusto Hernández, de la Policía Metropolitana de Cali, afirma que hay mucho desconocimiento de las normas, pero que también se volvió costumbre violarlas. “Falta cultura ciudadana no solo de niños y adolescentes, sino de muchos adultos que les están dando mal ejemplo a sus hijos”, afirma el uniformado.

Valencia sostiene que también esta generación ha heredado la actitud intolerante y arrogante de la contracultura del narcotráfico, que se rige por la ley del “no se meta en mi vida”, “yo tengo más que usted”, “no sea metido que usted no sabe quién soy yo”. “Hasta en los barrios populares, se lo dicen a uno los hijos de algún jefe de la zona y uno trata de corregirlo de la mejor manera, pero no más”, dice el capacitador que dicta talleres de cultura ciudadana en Siloé y en el Distrito de Aguablanca.

Si bien se le puede atribuir esa contracultura a dicho fenómeno social, económico y hasta de gobernabilidad política (narcotráfico), Diana Catherine Cuervo, subdirectora de líneas programáticas de la Unidad de Acción Vallecaucana (UAV), cree que el pasado no necesariamente determina el presente. “Es nuestro grado de conciencia de nuestras acciones y amor por la ciudad lo que puede determinar que seamos una sociedad comprometida con la legalidad y la transparencia”, dice.

“Si partiéramos del supuesto de que nuestros males se deben a nuestro pasado, sería imposible tener una sociedad más justa, más legal, más ecuánime y regida por el buen gobierno. El ser humano tiene la posibilidad de transformar su realidad, a través de la conciencia, de la reflexión y de la voluntad de cambio”.

No obstante, admite que hay resistencia a acatar la norma, como si el comportamiento de los seres humanos se rigiera por una inercia colectiva del ‘pero si siempre hemos actuado así’. “Por eso es importante no promover más la contracultura de la ilegalidad y de la corrupción, porque nuestros actos van a ir casi que orientados por la fuerza del hábito y de la costumbre”, dice Cuervo.

Es también fundamental el ejemplo, indica. Cuando un ciudadano infringe una norma, tiende a excusarse y a no asumir su responsabilidad.
De ahí que a mayor número de personas comprometidas en sus acciones contra la corrupción, mayor es la posibilidad de generar un ambiente de reflexión ética que pueda producir cambios, combinada además con las acciones institucionales de corrección de los comportamientos ilegales.

Parrillero hombre y/o sin casco
Parrillero sin casco

792 multas por circular con parrillero hombre o sin casco

Oswaldo Páez / El País

Ni la Secretaría de Seguridad y Justicia, ni la Secretaría de Movilidad ni la Policía Metropolitana de Cali tienen la cifra precisa de los motociclistas sancionados por circular con parrillero hombre. La explica- ción es que esta sanción se codifica como “no observar las normas del Código Nacional de Tránsito”, sin especificarlas.

La disposición fue adoptada por decreto en julio de 2008, por seguridad, debido a los casos de sicariato, fleteo y hurtos, realizados por hombres motorizados. Esta conducta genera una multa de 15 SMDLV ($368.850), pero en 2017 se le agregó la inmovilización de la moto.

“El parrillero lo estamos controlando, apoyados por la Policía, no es la única norma que se viola, son muchas las que se infringen y permanentemente la estamos sancionando”, declaró Juan Carlos Orobio, secretario de Movilidad de Cali. El funcionario dijo que de 33.090 motociclistas sancionados en 2017 por infracciones como el zigzagueo o no portar con el casco, también hay por el parrillero. “Hacemos un trabajo articulado con la Policía Nacional para identificarlos y proceder con la sanción respectiva”, añadió Orobio.

William Bermúdez, líder del Centro de Gestión de Movilidad, dijo que este tipo de infracción se presenta “cuando hay ausencia de autoridad, quienes quieran hacer actos inadecuados, pues proceden. Pero también hay controles y si ocurre es en zonas locales de algunas comunas y cuando hacemos los controles, no se presenta esta irregularidad”, dijo.

María Ximena Román, secretaria de Seguridad y Justicia de Cali, admitió que “toca restringir la movilidad del parrillero hombre, muchos de los sicarios andan en moto, no podemos estigmatizar a todos los motociclistas, pero permanentemente estamos haciendo los controles para desestimular estos comportamientos”.

Ebrios y adictos
Consumidores de alucinogenos

La invasión del espacio público como parques, por consumidores y expendedores de alucinógenos, es un fenómeno creciente en toda la ciudad.

Oswaldo Páez / El País

Que 2006 personas hayan sido sancionadas por consumir licor y/o sustancias psicoactivas o prohibidas en espacios públicos, entre agosto 1 y noviembre 7, indican que un alto número de caleños creen que pueden andar ebrios y drogados en sitios deportivos, parques y centros de salud, como si fuera normal.

De acuerdo con la estadística de la Policía Metropolitana de Cali, esta es la norma que más infringen los caleños y que se sitúa en el primer lugar del top de infracciones al nuevo Código Nacional de Policía y Convivencia Ciudadana.

Otras 569 personas fueron sancionadas en ese lapso por porte de sustancias psicoactivas, y 282 más por consumirlas, independientemente del sitio, para un total de 2857, en solo más de tres meses (99 días), lo que da la magnitud de cómo ha crecido el fenómeno de alcoholismo o adicción a los alucinógenos y estupefacientes en la ciudad. ¿Por qué la gente sigue desafiando la norma y hace trascender sus derechos privados al espacio público, afectando la convivencia y la seguridad?, es el gran interrogante que tratamos de entender”, afirma María Ximena Román, secretaria de Seguridad y Justicia de Cali. “Se están imponiendo las multas, que son onerosas ($368.000).
Afortunadamente el nuevo Código de Policía trae la multa para ese comportamiento y la Policía está ejerciendo su competencia, imponiendo los comparendos y aplicando las sanciones. Son de los hechos que más se multan: el consumo de bebidas embriagantes y sustancias psicoactivas en espacio público”.

Atropello al peatón
Motos en andén

Motociclistas invaden el andén y transeúntes desplazados de su espacio natural. La escena se repite en las horas pico.

Oswaldo Páez / El País

El alto número de infractores de tránsito (291.625) en lo que va del 2017, refleja que sobrevivir en las vías de Cali es casi un milagro, porque se atenta contra sí mismo y contra los demás actores de la vía, en especial del peatón. Se volvió común en la mañana, cuando todo el mundo va a estudiar o a trabajar, ver a los ciudadanos de a pie esquivar las motos que circulan por los andenes, para evitar ser atropellados.

William Bermúdez, líder del Centro de Gestión de Movilidad, atribuye el gran número de infractores, 52.667 sancionados por circular por vías y horarios restringidos (pico y placa), al desconocimiento de la norma.

“Estamos en un país normativo, pero muchos que tienen licencia de conducción no han pasado por el proceso de capacitación teórica ni práctica, por lo tanto, no son aptos para conducir un vehículo”, explica.
“Todos los días uno ve los niños que van al colegio, adultos mayores, personas en situación de discapacidad, tratando de avanzar por los andenes invadidos por motociclistas y carros parqueados, pero uno le llama la atención al infractor y le lanzan un madrazo”, dice Leonardo Valencia. El secretario de Movilidad, Juan Carlos Orobio, dijo que “cualquier persona que conduzca un vehículo, debió haber cursado una capacitación en una escuela de conducción y tienen la obligación de conocer las normas de tránsito y las reglas de comportamiento en la vía”.

Las riñas, a la orden del día

La tendencia de “irse a las manos” o resolver los líos por la fuerza, hace de las riñas la cuarta infracción en el ránking de las conductas contrarias a la sana convivencia. Lo que deja 437 sancionados con el Código Nacional de Policía desde que entró en vigencia hace tres meses, en agosto 1 a noviembre 7, según cifras de la Policía Metropolitana de Cali.

La intolerancia es la mayor fuente de riñas. En unidades residen- ciales se generan líos por el mal manejo de mascotas, al punto de causar situaciones como el ataque de perros de raza peligrosa a menores de edad o adultos mayores. “La gente se hace la loca para no recoger las heces o para no ponerle el bozal al perro, como dicta la norma. Y hay gente que vive en un multifamiliar pequeño con dos perros grandes y una lora y si se les llama la atención, lo toman a mal y tú eres el sapo”, dice Leonardo Valencia, capacitador de cultura ciudadana.


“Seguimos trabajando para fortalecer el Código de Policía y Convivencia, con la Subsecretaría de Paz y Cultura Ciudadana, con los gestores sociales que están en cada inspección de Policía y apostándole fuertemente a la convivencia para ver si mejoramos los indicadores”, dijo María Ximena Román.

El exceso de ruido
Riñas

Discotecas camufladas en restaurantes son causantes de ruidos en barrios residenciales, quitando el derecho a la tranquilidad de los vecinos.

Archivo El País

A un desplazamiento forzado están siendo sometidos los habitantes de El Peñón por el exceso de ruido generado por las discotecas y bares. De acuerdo con el presidente de la JAC, Juan Carlos López, este barrio es el de mayor número de quejas por este motivo de las 22 comunas de Cali.

“Que el Dagma venga jueves, viernes y sábados en la noche, haga las mediciones y aplique la norma”, reclama. Añade que se adelanta un proceso para sensibilizar a los dueños de establecimientos nocturnos (que no son dueños, sino arrendatarios) para tomar los correctivos que disminuyan el impacto del ruido. “Todos dicen que sí, que lo van a hacer, pero aún no hay resultados”, declaró. Otros sectores como San Antonio, El Limonar (Carrera 66), Unidad Residencial La Fontana, El Caney o Distrito de Aguablanca, también figuran como las zonas con mayor número de quejas por exceso de ruido.

Para Carolina Campo, subsecretaria de Paz y Cultura Ciudadana de Cali, es necesario entender las diferencias culturales. “Por ejemplo, las comunidades afro, vienen de áreas rurales, donde la música a alto volumen no genera impacto, pero en un contexto urbano, donde las viviendas están más cerca, sí afectan”.

Leonardo Valencia, capacitador de la SMP, coincide con esa apreciación. “La comunidad afro es alegría plena, eso es una bendición, pero falta instruir en la capacidad de autorregulación, o sea, disfrutar la música a bajo volumen”.

Irrespeto a la autoridad

Agredir física o verbalmente a la Policía, no acatar sus órdenes, impedir o resistirse a identificarse o hasta lanzarles objetos, son algunas de las infracciones más frecuentes de los caleños ante la presencia de la autoridad.

Por estos cuatro artículos hay 857 personas multadas, desde agosto 1, cuando entró a regir el nuevo Código de Policía. El subintendente César Augusto Hernández, de la Policía Metropolitana de Cali, considera que “irrespeto a la autoridad se ha visto siempre”, pero que antes no existía una norma que la sancionara . O si existía, era muy flexible, ni había suficientes medios de prueba con los cuales un fiscal lo pudiera comprobar o si la persona hacía caso omiso a la orden, “pero hoy ya tenemos la herramienta para que acaten la norma”.

Hace una semana, cuenta, que en un operativo en la vía al mar, los agentes de tránsito le hicieron la orden de pare a un motociclista con parrillero. Los infractores trataron de huir, por lo que fueron llevados a la Estación de Policía y la moto inmovilizada. Luego llegó la esposa del motociclista, en actitud agresiva e irrespetuosa con los policías, agrediéndolos con lenguaje soez, como quedó grabada en video. Recibió un comparendo que la obliga a ir ante el inspector de Policía, quien dirá si paga la multa de $198.000 o la conmuta a asistir a un programa pedagógico. Solo en el MÍO, 65 usuarios incurrieron en las mismas cuatro causales de irrespeto a la autoridad. “El control genera mucha resistencia, en especial entre los jóvenes”, dice el capitán Alveiro Sierra.
Estas conductas violentas también afectan a vigilantes, gestores de paz
y hasta conductores de los buses del MÍO.

Colarse al MÍO
Colados en el MÍO

Ingresar por sitios no permitidos al MÍO es otra de las faltas más frecuentes entre los usuarios de este sistema de transporte.

Oswaldo Páez / El País

“Voy de afán” o “no tengo para el pasaje”, son excusas con las cuales tratan de justificarse los evasores del pago del pasaje del MÍO, una de las conductas impropias más recurrentes entre los caleños. Según Metrocali, el índice de colados en el MÍO oscila entre el 3 y 5 % del promedio de 485.000 pasajeros diarios que se movilizan por este sistema (unos 24.000 evasores, cifra que fluctúa y es la más baja entre los siete masivos que hay en Colombia). Sin embargo, de ese total solo hay 107 sancionados por esta causal del nuevo Código Nacional de Policía, entre el 1 de agosto y el 7 de noviembre pasados. Dicho comparendo acarrea una multa de 8 salarios mínimos diarios legales vigentes ($196.724), que aplica la Policía cuando los reportan incluso los vigilantes, funcionarios y gestores de paz, cuando no logran persuadir al usuario de no infringir la norma.

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El descaro máximo es de quienes ingresan por sitios no permitidos o saltan el torniquete para no pagar el pasaje y aducen que “no lo sabían”.

Para rematar, cuando la Policía aplica la norma e impone el comparendo, “no es bien visto” por el infractor y se ponen agresivos, dicen auxiliares de Policía que custodian las estaciones. El capitán Alveiro Sierra, comandante de la Policía Metropolitana para el MÍO, atribuye estas conductas a la falta de cultura ciudadana, por lo que la institución trabaja de la mano de la Alcaldía y Metrocali para intentar “culturizar”
a los caleños, priorizando las diez estaciones donde más se presenta esta infracción.

Cifras

La Secretaría de Movilidad y la Secretaría de Seguridad de Cali explican que no hay cifras de sanciones por circular con parrillero hombre, por el hecho de que esa conducta está tipificada en el Código Nacional de Tránsito como “no observar las normas de tránsito”, de tal forma que no se discrimina por este tópico.

Sin embargo, a principios de año, la misma Secretaría de Movilidad, informó que 792 motociclistas fueron multados por circular con parrillero hombre, entre el 1 y el 27 de enero de 2017.

La proyección daría un estimado de unos 8000 multados por esta causa, de los 33.000 motociclistas sancionados en lo que va corrido del año.

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