Isabel, la más longeva de Cartago

Isabel, la más longeva de Cartago

Agosto 30, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Paula Andrea Sabogal | Cartago Hoy

A sus 107 años, no sufre de ninguna enfermedad física y todavía es capaz de leer.

A las 9:00 de la mañana Isabel Hidalgo abre sus ojos, desayuna y se sienta a leer. Después de que su hija María Leila la ayuda a bañar y a almorzar, decide ver serenatas en algún canal de televisión y ensimismarse en sus pensamientos hasta las 10:00 de la noche, cuando su cuerpo de 107 años decide que es tiempo de descansar.Tuvo 11 hijos, 22 nietos, 15 bisnietos y un matrimonio de 52 años en el que las labores domésticas y familiares fueron su principal motor de vida. Y aunque desde hace tres años no habla más que frases cortas a personas conocidas, esta mujer, que puede ser la más antigua de la Villa de Robledo, aparta el tema de la muerte como a una indeseada mosca de su cabeza.“Yo la veo y pienso que debe estar muy cansada de trajinar por el mundo. Pero cuando le preguntamos cómo le gustaría que fueran sus exequias, ella responde: ‘No diga eso, cuando me muera ustedes verán qué hacen, todo eso es horrible’”, cuenta su otra hija, María Nelly.El aferro a la vida de Isabel es tan intenso que incluso su cuerpo parece ayudarle a conquistar el reto de la subsistencia, puesto que no se enferma de gripa, nunca ha tenido cáncer, come fríjoles o chicharrón sin temor a resentir su colon y aún es capaz de leer con sus propios ojos. De igual forma, hasta sus 100 años bailó el vals con sus nietos y bajó sola las escaleras de la casa.Según sus hijos, el secreto de la longevidad de su cuerpo se puede deber a que el cigarrillo y el licor no fueron objeto de sus pasiones en lo corrido de su existencia, pero aseguran que en realidad pudo tener más que ver con su total tranquilidad a la hora de asumir los problemas del día a día.“Mi papá murió de un paro cardiaco hace 30 años dormido en su cama, como a las 11:00 de la noche, y ella se dio cuenta a las 2:00 de la mañana. En ese momento lo único que nos dijo fue ‘no le digan a nadie todavía, esperemos que amanezca’. En el entierro no se la vio llorar, pero cuando llegó se encerró un rato, se calmó y nos dijo: ¿Qué les pasó, por qué no ven las novelas como siempre?’. Si puedo decir algo de mi mamá es que toda la vida fue una mujer muy tranquila”, señaló Leila.Ahora Isabel goza de ser llevada a los paseos, comer mazamorra en las noches y leer las novenas que toda su vida le gustaron, pues fue una mujer muy religiosa que aún insiste en sus escasos diálogos en que el rosario se reza todos los días. Pero al mirarla de cerca se podría pensar que su verdadera pasión es la contemplación, aquella que los budistas y maestros espirituales de Oriente han definido como el estado de la ‘no mente’, donde se alcanza el nirvana, la iluminación o la paz, al no sentir la angustia del deseo.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad