La larga ruta de Juan Manuel Santos hacia el Nobel de Paz

Octubre 09, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

Santos comenzó a planear la salida negociada al conflicto desde que era un estudiante de la Fundación Nieman para el Periodismo, en Harvard. “Como un ajedrecista, pienso mucho cada movimiento”, dijo. El jaque mate a la guerra se fraguó en realidad tres décadas atrás. Perfil.

Pertinacia, porfía, terquedad; aquel que se mantiene excesivamente firme en una idea. Juan Manuel Santos ha demostrado ser sobre todo eso:  un hombre obstinado. Lea también: Las razones de fondo que le dieron el Nobel de Paz a Santos

El domingo pasado, tras los resultados en el plebiscito, la derrota más contundente que cualquier gobernante puede padecer,  y cuando gran parte del país supuso que se acababa de perder la oportunidad más cercana de acabar con 52 años de guerra con las Farc (era tal la incertidumbre que desde la oposición se exigía incluso la renuncia de los negociadores del proceso y del mismo Presidente), Santos dijo muy seguro en televisión: “No me rendiré”. 

Su pálido rostro  era en ese momento el de un hombre que acababa de encajar, en todo caso, un golpe demoledor que jamás previó.

Y sin embargo, apenas una semana después,  tras obtener el Premio Nobel de Paz, la cumbre máxima para cualquier estadista, su insistencia por el acuerdo con la guerrilla pareciera estar a punto de alcanzar el resultado final por el que  tanto ha insistido.

Porque Santos, gracias al envión del Comité Noruego, está de nuevo en el momento definitorio para decretar,  ya, una paz con las Farc que no da espera, por lo menos desde la opinión de la mayoría de las víctimas del conflicto. El mundo, casi siempre, es de los tercos. O de los que lo arriesgan todo.

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El mundo, también, es de cierta gente a la que se le hace natural  cosas que parecen imposibles, como ser presidentes de un país. Juan Manuel Santos, dice su esposa María Clemencia Rodríguez, siempre se preparó  para ese cargo. Nunca se lo dijo propiamente, nunca habló que soñaba ser presidente de Colombia. En casa, simplemente, sabían que eso en algún momento  sucedería.  Como que mañana sale el sol.

Juan Manuel Santos nació en Bogotá el 10 de agosto de 1951, “en un barrio típico de calles pequeñas”.  Él, que anda ya por los 65 años, es sin embargo un político de memoria infalible.  Aún recuerda la dirección de esa primera casa - calle 70 No.35-27 y el teléfono: 4811010.

Su papá, Enrique Santos Castillo, jefe de redacción y editor durante 59 años de El Tiempo, publicó el anuncio del nacimiento de su tercer hijo en el periódico. No es metáfora entonces: Juan Manuel Santos es noticia desde que llegó al mundo.

En una de sus biografías, publicada en su propia página web (Santos, periodista, conoce del valor de la imagen) recuerda que su padre lo llevaba a cerrar el periódico desde que era un niño. “Muchas noches acabé durmiendo entre los rollos de papel”.

Treinta años después, en 1982, era el mismo Juan Manuel el que cerraba el periódico, como subdirector. Allí no solo  ganó un premio de periodismo Rey de España, sino que además cubrió, entre otros acontecimientos, el proceso de paz del Gobierno Belisario Betancourt. Tomó nota, por supuesto.

Sin embargo  tuvieron que pasar varios años para que Santos aceptara ingresar al periódico que, en ese entonces, le pertenecía a su familia. Primero se matriculó en  la Escuela Naval de Cadetes de Cartagena; después, en 1969, estudió Economía y Administración de empresas en la Universidad de Kansas, Estados Unidos,  donde, de  paso, se hizo hippy.  Dos años más tarde  encontró su primer trabajo como asistente de relaciones públicas en la Federación Nacional de Cafeteros.

“Mis papás querían que entrara a El Tiempo en ese momento, pero yo quería iniciar mi carrera aparte”, explicó.

Y, en 1979, cuando tenía 28, se casó por primera vez con su novia de entonces:  Silvia Amaya.

Fue en 1987 cuando conocería a María Clemencia Rodríguez, ‘Tutina’. “La conocí en un almuerzo que organizó Alberto Casas. Ella era la secretaria privada de Noemí Sanín. La vi tan bonita, que fui y me presenté y, a partir de ese instante, comenzamos a hablar”.

Santos y María Clemencia se casaron el mismo año en que se hicieron novios; la luna de miel fue soñada: en Boston, durante un año.

Santos viajó allí como becario de la Fundación Nieman para el Periodismo, en Harvard. En la fundación conoció al profesor Roger Fisher, un experto en negociación de conflictos, y su vida, de alguna manera, quedó marcada para siempre. En las clases de Fisher, Santos comenzó a pensar en una salida negociada a la guerra con las Farc. 

En parte por eso, cuando regresó al país, a inicios de los 90, dejó El Tiempo para aceptar ser Ministro de Comercio Exterior del presidente  César Gaviria.

“No fue una decisión fácil de tomar, pero luego de pensarlo bien, llegué a la conclusión de que no quería ser director de El Tiempo, que era el paso que seguía en mi carrera. En mi familia había un especie de acuerdo: el que se fuera para la vida pública perdía su silla para siempre. Alfonso Palacio Rudas (político liberal) tuvo mucho que ver con mi decisión de aceptar ser Ministro de Comercio Exterior del Presidente Gaviria. Fui a pedirle un consejo y él me explicó la diferencia entre influencia y política; me dijo que lo fácil sería quedarse como director y que iba a tener influencia, pero que lo difícil era saltar a la política y que yo la tendría aún más complicada por ser un Santos. Yo decidí aceptar el reto”.

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[[nid:584200;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/10/santosjuventud.jpg;full;{Juan Manuel Santos con su esposa María Clemencia Rodríguez y sus tres hijos: Martín, María Antonia y Esteban. Foto: Elpais.com.co | Colprensa Archivo}]]

El escritor Carlos Fuentes describió a Juan Manuel Santos así: “mirada felina, ojos de gato transformado en puma, barómetro de una sonrisa franca, permanente y, por ello, casi amenazante”. Alguien que, en otras palabras,  calcula muy bien su próximo movimiento. Un ajedrecista. Lea también: Las frases más recordadas de Santos sobre su búsqueda de la paz

Santos, durante sus días de cadete, hizo parte de hecho del equipo de ajedrez de la Armada Nacional. Y en ese deporte, le contó al periodista Mario Fernando Prado, aprendió mucho de la manera en que se debe actuar en la vida pero sobre todo, en la política. “A mí me gusta planearlo todo con varias movidas de anticipación”, dijo, y eso explica gran parte de la historia de cómo  logró el acuerdo con las Farc.

En 1996, Santos retomó esa idea que tenía desde que era  estudiante de Roger Fisher en Boston: buscar una salida negociada a la guerra. 

Sucedió después de que escuchara una conferencia de Adam Kahane, también experto en resolución de conflictos y quien participó en el proceso de paz de Sudáfrica.

Kahane llegó al país invitado por la Fundación Buen Gobierno, una organización creada justamente por Santos que promovía “la efectividad de la gestión pública”.

Después de la intervención de Kahane en una cumbre, se iniciaron conversaciones entre el Gobierno de entonces y los grupos armados ilegales. También se organizó un encuentro en el que varios líderes colombianos imaginaron cuatro escenarios posibles para el país, en un ejercicio que se llamó ‘Destino Colombia’. ‘Destino Colombia’ hablaba de la posibilidad, entre otras cosas, de lo que sucede  hoy; ofrecerles concesiones a los grupos armados ilegales con tal de parar la guerra. Ese documento ha sido la ruta que ha seguido Juan Manuel Santos como presidente de Colombia.

Por eso, el 4 de septiembre de 2012, y después, también, de haberle dado duros golpes militares a las Farc como Ministro de Defensa de Álvaro Uribe, (y en el que, no se debe olvidar, sucedieron violaciones a los derechos humanos como los falsos positivos) Santos le anunció al país  el inicio del proceso de paz con las Farc. El jaque mate a la guerra se venía planeando desde hace décadas. Juan Manuel Santos, por cierto, ya no juega póker.

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