Carta a los antiuribistas

Abril 02, 2017 - 11:55 p.m. Por: Pedro Medellín

Queridos amigos,

Durante ocho años, desde una columna de El Tiempo, no cedí un solo momento en cuestionar al gobierno de Álvaro Uribe. La manera cómo entregaba el botín de la administración pública a los politiqueros de cada región; como resquebrajaba las instituciones con cada decisión que tomaba, especialmente en sus consejos comunitarios; o como, en su persecución a jueces, periodistas y opositores, cuando no los calificaba de apátridas, los llamó “amigos del terrorismo”; que retrasó la infraestructura del país; o que no dejó avanzar la educación por persistir en cobertura y no en calidad. La lista es muy larga.

Pero el mayor esfuerzo se concentró en la necesidad de que el proceso de Justicia y Paz con los paramilitares respetara los estándares internacionales. Que los esfuerzos de fiscales y jueces fueran apoyados por el gobierno. Sobre todo, que pagaran con cárcel los delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra cometidos.

No se trataba de una oposición cerril. En esos ocho años también los buenos resultados fueron reconocidos. Pero el costo que se pagó fue muy alto. Y ahí está el resultado. No sólo por las actuaciones del entonces presidente. Sobre todo por el aplauso que medios, empresarios y periodistas dieron a las practicas politiqueras y abiertamente ilegales que se desarrollaron en el Congreso y el gobierno.

Con la llegada de Santos a la Presidencia, las expectativas no eran mejores. La intervención de Uribe en la elección de su sucesor, y la presencia en la campaña de los mismos politiqueros y clientelistas de siempre, no permitían pensar que este gobierno fuera mejor.

Lamentablemente, los hechos han confirmado las sospechas. En casi siete años de gobierno de Santos, sus actuaciones no han sido muy distintas de su antecesor. La administración pública sigue en manos de los mismos politiqueros del gobierno Uribe. No hay un puesto en las regiones que no se asigne sin su aprobación; el manejo personalista de los cargos ha profundizado la quiebra institucional. Con un agravante, el gobierno Santos pasa por encima de las leyes con más facilidad que Uribe; Y cuando se cuestiona que el nombre de los acuerdos con las Farc, se ha quebrado el orden constitucional, a los que opositores cuando no se les califica como apátridas, se les llama “amigos de la guerra”. Al amparo de una Constitución camuflada, se ha permitido que un comité conformado por tres miembros del gobierno y tres de las Farc (sin haber sido electos congresistas), sean los que definen cual es el contenido y los ajustes de las leyes que se aprobarán en el Congreso.

Si se pedía todo el peso de la Justicia para los paramilitares que cometieron crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad, ¿por qué no exigir lo mismo para los guerrilleros que incurrieron en los mismos tipos de delitos? ¿O es que hay diferencia entre un paramilitar que ataca a la población con una bomba o recluta menores para la guerra y un guerrillero que hace lo mismo? ¿Cuál es la diferencia?

Y lo grave queridos amigos, es que la pelea de Santos con Uribe sólo ha servido para hacer más profunda la crisis. Su tendencia a responsabilizar a su antecesor de todo lo malo que le sucede, lo ha llevado a perder de vista lo que de verdad está ocurriendo. Lo ven y lo quieren hacer ver como la bestia negra.

A Uribe le atribuyen los más de seis millones de votos por el No en el Plebiscito. Pese a la diversa composición de los grupos que se movilizaron el 2 de octubre, para los antiuribistas el antioqueño los derrotó. Lo mismo está sucediendo con la multitudinaria marcha que se llevó a cabo la tarde del sábado en todo el país. A Uribe le otorgan las miles de personas que salieron a la calle, a protestar por los más diversos motivos. ¿No se dan cuenta que lo están inflando? ¿No son conscientes de que electoralmente sí lo están convirtiendo en la bestia negra?

¿Por qué no superan el complejo Uribe? ¿Por qué no aceptan que la impopularidad de Santos en producto de sus propios errores? ¿Por qué no le dan su exacta dimensión?

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