Los buitres del Facebook

Julio 05, 2017 - 11:45 p.m. Por: Paola Gómez

En las redes sociales existen de tiempo atrás grupos anónimos universitarios donde se cuenta, sin censura lo que ocurre en las universidades y, sobre todo, lo que no es políticamente correcto: desahogos contra profesores y alumnos, denuncias o citas, bajo el rótulo de confesiones u otros nombres.

En ese universo de publicaciones conocidas en el mundo paralelo de las redes sociales surgieron los grupos de Asobuitres (genérico que aparece seguido del nombre de la institución a la que pertenecen) donde predominan publicaciones compartidas por anónimos, que ‘stalkean’ y toman fotos de las páginas de su presa (hombre o mujer) y las comparten en los muros de los buitres con leyendas como “se llama Laura, quisiera chocarle ese bumper”.

El tema no es nuevo, lo que pasa es que apenas la opinión pública llega al mismo. En Cali, quizás su punto más álgido ocurrió hace unos meses, cuando se ‘matoneó’ a una docente de la Icesi con mensajes como “le daría como a judío en holocausto”, lo que llevó a que la docente emprendiera una labor de sensibilización con otros grupos de comunicación abierta en Facebook para revisar dicha conducta.

Ayer, luego del mediodía, la mayoría de estos grupos aparecieron cerrados, seguramente por las políticas de Facebook. Y uno que otro se trasladó a Confesiones, el otro genérico usado para hablar con libertad, de lo que no se habla en clase. Hubo quienes se quejaron porque su página de Asobuitres la cerraron por “culpa de una feminazi española”, para señalar que fue a causa de la publicación de El País de Madrid, ampliamente difundida.

Si bien, hay que aceptar que las redes sociales cambiaron toda lógica y rutina sobre la manera como nos relacionamos con la información; lo que no puede cambiar es que amparados en esa sombrilla de la libre expresión y la palabra sin censura, violemos la intimidad o la dignidad. Eso, además de no medir el daño que se pueda ocasionar al ‘buitreado o buitreada’ como le llaman en dicha comunidad a quien es expuesto en una foto con una leyenda que no autorizó y que en muchos casos deja de ser un halago y se convierte en un acoso.

Lo ocurrido con Asobuitres nos recuerda cuan frágiles son los límites entre democracia y respeto en el amplio y virgen mundo de las redes. Y también cómo pretendiendo ser irreverentes pareciéramos involucionar hacia un mundo de primates, donde la razón es una virtud cada vez más ausente de la condición humana.

Aspiro a que alguna lección nos quede de este episodio, reflejo de lo que se incuba en una sociedad líquida de egoístas (como la definió Zygmunt Bauman) a la que le cuesta tanto pensar antes que vulnerar. Una sociedad en la que importa tanto ganar aplausos, traducidos en ‘likes’ así sea a costa de ser el imbécil del pueblo, del que alguna vez habló Umberto Eco.

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