Joaquín Enrique Aldana ¿De héroe a monstruo?

Octubre 31, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Por Jorge Enrique Rojas - Enviado Especial de El País
Joaquín Enrique Aldana ¿De héroe a monstruo?

Tranquilo. Así se mostró el coronel retirado Joaquín Enrique Aldana luego de el Juez Primero Penal Especializado, Norberto Ferrer, dio a conocer el fallo en contra por el asesinato de quien fuera su pareja, Erika Yaneris Guriérrez. Ahora está en la cárcel de Facatativá.

Joaquín Enrique Aldana, acaba de ser declarado, en fallo de primera instancia, culpable de uno de los crímenes pasionales más macabros en la historia del país. Perfil de quien, antes, llamaban héroe.

"Sería mejor decir no que el amor llega, sino que fusila, fulmina, parte en pedazos, saca del combate. Es una tromba, una bocanada de aire después de la apnea de los buzos, la lava roja de la erupción, la tan aguardada y temida prueba de la existencia del hombre". Arturo Guerrero, El amor bravío.A Erika Cecilia Yeneris Gutiérrez, de 28 años, la mataron el 8 de septiembre del 2009 en Ibagué. Primero le golpearon la cabeza con un objeto contundente hasta que perdió el conocimiento. Luego le hicieron 58 cortes en la cara, le arrancaron las huellas digitales, le removieron los implantes mamarios, le quitaron dos costillas, le desollaron el tórax, le sacaron las vísceras y, por último, después de someterla a un proceso de exanguinación (vaciar la sangre del cuerpo), le desmembraron cabeza, brazos y piernas. Las partes fueron empacadas en bolsas plásticas que aparecieron abandonadas días después al borde de una vía a cinco kilómetros de la ciudad, junto a lotes de maleza y plantaciones arroceras. La vagina de la mujer no estaba entre los restos.De acuerdo con un primer sentido de fallo condenatorio entregado la semana pasada por el juez primero penal del circuito, su esposo, el coronel retirado Joaquín Enrique Aldana, es el culpable del asesinato. Para la Fiscalía, el móvil del crimen fue el descubrimiento de una infidelidad: “La motivación es totalmente pasional. La descarga es de ira, de una ira muy intensa, antigua pero exacerbada por algo momentáneo”, dice el folio 001058 del informe de análisis del comportamiento criminal realizado por una unidad especial de la Dijín el 14 de octubre de 2009.Para el momento del homicidio, el marido engañado era el comandante operativo de la Policía de Ibagué. Un oficial con 21 años de servicio que durante su carrera había sido asignado a algunas de las zonas más difíciles: Medellín, Cauca, Arauca. Estando allí, como comandante de la estación de Saravena, el diario El Tiempo, en su edición del 28 de febrero del 2003, lo destacó en un cuadernillo destinado a la exaltación de los valores humanos porque pese a los hostigamientos de la guerrilla, Aldana se negaba a solicitar un traslado: “No pienso huirles a las cosas difíciles. Hay que ponerles el pecho”. Después de ahí, fue asignado para dirigir un grupo especial de erradicación en el Nudo de Paramillo y la Sierra nevada; fue comandante del Esmad en Antioquia, combatió los primeros brotes de violencia en la Comuna Nororiental de Medellín. En su currículum hay 400 felicitaciones a la hoja de vida. ¿Cómo un uniformado tildado antes de héroe puede convertirse en un verdugo de dimensiones sicópatas? ¿Puede el amor, o el desamor surtir en alguien una transformación tan monstruosa?Le decían 'gallina'Joaquín Enrique Aldana nació el 27 de abril de 1969 en Ibagué. Tiene 40 años, mide más de 1.80 y es el quinto de seis hermanos: una notaria, un juez, una bacterióloga, un enfermero y un abogado. Su papá, José Víctor Aldana, fue secretario de Educación del Departamento, magistrado del Tribunal Superior del Tolima, Director de Instrucción Criminal. Su mamá es un ama de casa que asiste a grupos de oración. Él, siempre, quiso ser policía.Su hermano menor, Manuel Guillermo, cuenta que cuando hablaban del futuro nunca le escuchó otro deseo. En el San Luis Gonzaga, colegio fundado por sacerdotes maristas en el que ahora se niegan a dar información de su ex alumno graduado en el 86, pasó como un estudiante promedio. No fue buen deportista. Sus participaciones más destacadas las tenía en los grupos de scouts a los que siempre estuvo vinculado. Manuel cree que allí empezó a definir su gusto por el uniforme.Era gordito, tímido, callado, recuerda Adriana Jiménez, una de sus compañeras de grado. Nunca se le conoció novia. Jorge Duque, un veterinario que fue su amigo en ese tiempo, dice que tampoco fue pendenciero. “Hablaba poco. Go-goc-goc… gagaeba, antes de empezar una conversación. Le decíamos gallina”. Duque habla de un chico noble, casi tonto: “Le escondían la maleta, no le comíamos las frutas que llevaba; él no decía mayor cosa. Nunca lo vi peleando con nadie”.Ya de policía quiso estudiar derecho. Hizo dos semestres cuando estuvo asignado en Sincelejo. Le gustaban los negocios. A su primera esposa, Martha Lopera, con quien tuvo un hijo que hoy tiene 13 años, le montó un local de productos congelados. A Erika, cuando eran novios, le puso un local de ropa. Es amante del campo. Manejaba ganado.Olga Lucía Garzón, una periodista ibaguereña que ha seguido de cerca el caso Aldana, cuenta que su obsesión con el ganado era tanta que en una ocasión, cuando una de sus vacas se extravío en Antioquia, prácticamente asignó un grupo de búsqueda con tal de hallar el rastro de la res.La anécdota, de ser cierta, es una de las muchas contradicciones que hay en el caso: cuando el cuerpo de Erika Yeneris Gutiérrez fue identificado gracias a un trozo de carne de su pulgar derecho que permitió el cotejo dactilar, la mujer llevaba 17 días extraviada y su esposo, comandante operativo de la Policía, no había movido un dedo para buscarla. La desaparición había sido denunciada por su familia en Sincelejo y no por Aldana, que en audiencia argumentó no haberlo hecho por estar seguro de que su esposa se había ido con otro.La prueba de la defensa es un chat encontrado en el computador de Erika, en el que el coronel había hecho instalar un programa ‘keylogger’. El software fue adecuado por el subteniente Walter Loaiza, adscrito a la sección de Telemática de la Policía. En su declaración ante la fiscalía, el agente así lo recuerda: “(…) Mi coronel me insistió que le colaborara con eso, no como policía sino como amigo”.En ¿Culpable o Inocente? Una recopilación del proceso judicial hecha por el periodista Alexánder Correa, que se consigue en las librerías locales por diez mil pesos, el autor asegura que dos días antes del crimen, Loaiza había ido a la casa del coronel para arreglarle una impresora y allí se dio cuenta de que su jefe ya tenía hallazgos. “Pero Aldana no hizo aspavientos que permitieran conocer su disgusto al enterarse de las infidelidades, como si ya estuviera al tanto de ellas. Tan sólo un leve temblor en la mano derecha, al sujetar unos papeles, lo delataba. Ese mismo día Erika Yeneris se hacía arreglar las uñas en el patio de la casa”, señala la página 26 del libro.“Impresiona promedio”De camino al Palacio de Justicia, Manuel Guillermo Aldana habla de su hermano con una voz que gravita entre el desconsuelo y la pena. Tres personas, en un recorrido de seis cuadras, lo han detenido para enviarle saludes al ex oficial, preso en la cárcel de Facatativá: “Dígale que saludes, que estamos con él”; “Mucha fuerza, recuerdos”; “Qué Dios lo bendiga”, le dice estrechándole la mano.Entonces Manuel habla de una nobleza a prueba de fuego y asegura que su hermano no es un monstruo. Incluso, asegura, ya había perdonado a Erika, una vez en Medellín, cuando ella le confesó que se había enamorado de otro, que se iba. “Pero él no pensaba sino en las niñas (tuvieron dos hijas, hoy de 11 y 4 años.) Hasta llamó a la mamá de ella para que intercediera. Esa vez se arreglaron las cosas”. En Facebook, esa dimensión paralela de las relaciones personales, una ex compañera del colegio San Luis Gonzaga abrió un grupo: “Para los que creemos que Joaquín Enrique Aldana Ortiz es inocente”. A la fecha, 237 personas se han sumado a ese colectivo.En medio de la conversación, una pregunta había quedado en el aire:- Y su hermano, ¿fue noviero antes del matrimonio?- Y hasta después de él…La relación con Erika, es una prueba de aquello. Sánder Gutiérrez, su hermano, fue quien los presentó cuando él estaba de estudiante en la escuela de la Policía de Sincelejo y Aldana tenía varias compañías a su cargo. “Fue en un Día del Padre. Me fueron a visitar. Erika era elegante. Y ajá, él empezó a preguntarme y mandarle saludos. Al rato ya la estaba visitando en la casa”.Aldana, dice Sánder, era un enamorado detallista. Le regalaba perfumes, ropa, chocolates. Y, al parecer, también era de decisiones radicales: dejó a su primera esposa y se casó con ella en Barranquilla. En esa época, Aldana, según cuenta el cuñado, era célebre como un tipo recio entre la Policía: “A veces nos ponía a hacer ejercicio antes de la media noche. A Hacer rollos en el piso; y hasta que alguien no se vomitara, no nos podíamos dormir”.Como papá, dice la mamá de Erika, doña Enid, también era duro. Una vez, recuerda la mujer desde Sincelejo, estaba almorzando cuando se enteró de que la niña mayor, Daniela, había perdido una materia en el colegio. Se quitó la reata del uniforme y la puso sobre la mesa, mientras seguía comiendo. “Cuando llegó la niña le dio una juetiza y le dijo que se fuera al cuarto sin almorzar. Le dio correa con la misma mano derecha que, ahora dicen, tiene enferma y con la que supuestamente no pudo hacerle nada a mi hija”.El problema de la mano es uno de los argumentos de la defensa para alegar que Aldana no pudo perpetrar el crimen. El Coronel, que el 5 de noviembre del 98 tuvo un accidente en moto, tiene una lesión en la extremidad superior derecha que según el abogado, Jorge Enrique Lozano, y el médico perito Germán Vanegas, se ha agravado tanto en los últimos años que, incluso, le impide hacer cosas tan simples como firmar papeles por largos periodos. Lozano dice que esa es sólo una de las tantas pruebas que tiene para demostrar la inocencia de su cliente. “Porque quien hizo eso es un sicópata y el coronel, no lo es”. Entonces estira un papel. Es un informe elaborado por el especialista en investigaciones sicojurídicas forenses, Vitalino Gamboa, que ha sido contratado por la defensa. En la evaluación mental del acusado, el renglón correspondiente a los resultados relacionados con su inteligencia, tiene al frente solo dos palabras: “impresiona promedio”.

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