“Estoy cansado, la guerra es una estupidez”: exmilitar colombiano en Afganistán

“Estoy cansado, la guerra es una estupidez”: exmilitar colombiano en Afganistán

Diciembre 29, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Yefferson Ospina | Reportero de El País
“Estoy cansado, la guerra es una estupidez”: exmilitar colombiano en Afganistán

Desde el 2001, año en que se inició la invasión de EE. UU. a Afganistán, en ese país han muerto más de 2.000 soldados extranjeros en combate.

Un exmilitar colombiano que trabaja para EE.UU. en Afganistán cuenta cómo es su vida. Habla del miedo en la guerra. Del cansancio de la guerra.

El hombre está en Afganistán haciendo parte de una milicia privada llamada la Academy Training. Fue militar colombiano desde sus 18 años. Lo fue por gusto por las armas, por la vocación del azar. La historia de ese hombre es la historia de una tragedia silenciosa. Del drama personal e íntimo que trae la guerra a quienes la sufren de ese otro modo, haciéndola.Afganistán, la otra guerraHabla de su trabajo sin justificarse. Convencido de la necesidad de que alguien lo haga. La Academy Training, compañía para la que trabaja y que también fue conocida como Blackwater, es una milicia privada de mercenarios que prestan servicios a EE. UU. en Medio Oriente y que se ha visto involucrada en varios crímenes de guerra. Veo algunas fotos de su experiencia en la guerra en Afganistán. Camuflado amarillo, gafas negras, una pistola sobre una pierna mientras alza un fusil en posición de tiro. Me ha dicho que su trabajo consiste en prestar vigilancia a una sede diplomática estadounidense en Herat...- A través de la milicia para la que trabajas, EE. UU. realiza operaciones secretas e ilegales en medio oriente... - No sé nada de eso, yo presto seguridad a la embajada de EE. UU. con sede en Herat. Lo demás no lo sé. - Pero hacés parte de una milicia privada que hace esas cosas ¿cierto?- Bueno, hago parte de una milicia privada, y ya. Entre las fotos que puedo ver aparecen imágenes de los días en que fue militar en Colombia: 19 años, vestido de verde, sin gafas oscuras, un fusil algo más delgado que el que ahora usa en Afganistán. Al fondo, una selva húmeda. Sorprende ver las imágenes de un mismo hombre en una guerra empobrecida y empobrecedora y en esa otra guerra opulenta. - Sabés que la Blackwater se dedica a hacer mercenarios...- Podés llamarlo como querás, podés decirme mercenario, eso no cambia mucho las cosas.-¿Cómo es que un militar colombiano termina trabajando para una milicia privada estadonuidense en Afganistán? -Bueno, hay cosas que no te puedo contar del todo. Vos entendés. Pero cuando renuncié en Colombia fui reclutado por la Academy para hacer parte de un grupo de seguridad especial en Afganistán. Como fui un contraguerrilla, un especialista en asaltos, me llamaron por esas condiciones. - ¿Y ese tipo de reclutamientos es muy común en Colombia?- Sí, lo es. Hay muchos militares colombianos que hacen eso. - Como cuántos. - En Medio Oriente, muchos. Cientos... Están en Afganistán, en Iraq y en los Emiratos...- Vos admitís que hacés parte de una milicia privada, pero no admitís que sos un mercenario. Según Naciones Unidas los mercenarios son soldados que militan en milicias privadas defendiendo intereses privados.- Te repito que yo lo que hago es prestar vigilancia antiterrorista en este país y mi trabajo está avalado por el Departamento de Estado de EE. UU. Es todo lo que puedo decirte, y eso es demasiado.- ¿Cuánto ganas?- Confidencial. Muy bien, yo diría que muy bien. - ¿Y cuántos colombianos hay en la embajada?- Confidencial. - Bueno, entonces qué es lo que realmente hacés. - Ya te dije, seguridad. - ¿Pero has tenido que matar talibanes? -Confidencial. - Y cómo es el entrenamiento. - Confidencial. - Bueno, pero entonces ¿cómo te contrataron, cómo son los horarios de trabajo, a quiénes exactamente le prestás seguridad?...- Viejo, todo eso es confidencial. Lo siento. *** Un día cualquiera, mientras le pregunto sobre su vida como militar en Colombia, me dice que está en medio de un posible atentado al consulado por parte de los ‘Hacanes’, un grupo radical islamista. “Parece que se va a prender esto -dice-. Van a llegar los vacanes”. Al día siguiente me cuenta que no fue más de media hora: cuenta que ese día casi matan a un palmireño compañero suyo y que otro colombiano, un llanero, lo rescató. Los ‘Hacanes’ engañaron a los guardas del ejército afgano que vigilan la parte exterior de la embajada. Se presentaron como estadounidenses, aprovechándose de su aspecto físico. Una vez en la entrada de la embajada, empezaron a disparar y a lanzar morteros. El palmireño estaba en una torre junto a otro colombiano. La torre fue derribada. “Y él, el llanero, fue por los dos y los sacó de allá, en medio del fuego. Los compañeros americanos temblaban de miedo, ¿te lo podés imaginar?, mientras él iba hasta allá y los salvaba de morir”. - Ataques así se viven todos los días. Pero no me acostumbro. Es imposible hacerlo cuando uno ve lo que yo he visto. - Bueno, es el precio que se paga por hacer de mercenario, ¿no crees?- Yo no soy ningún mercenario. Yo me vine para acá porque me pagan bien, no como ese salario bárbaro del gobierno de Colombia. Y aquí lo que hago es cuidar una embajada. Puede ser que EE. UU. haga otras cosas, puede ser que haya mercenarios, puede ser que solo les importe el petróleo. Yo no sé nada de eso. Yo estoy acá, en medio de este desierto, en medio de locos que cuelgan a la gente, que les arrancan las cabezas vivos, viendo a un montón de gente morirse de hambre y de enfermedades. Porque aquí la gente se muere de eso, por no tener ni siquiera una pasta. Tendrías que ver la pobreza en que viven para entender. Pero no, los periodistas hablan desde lejos y por eso no entienden. Yo lo que hago es prestar defensa antiterrorista de unos locos, los de Al Qaeda y los Talibanes y los ‘Hacanes’, que no tienen ninguna piedad, y lo hago aquí porque me pagan bien. Pero no tenés ni idea de lo que esto cansa, no tenés ni idea de todo lo que el miedo cansa. Cauca, Colombia, esta guerraMeses después la guerra empezó a agotarlo. Meses después de terminar el servicio militar, a sus 19 años, y seguir como soldado profesional y haber sido enviado al Cauca. Meses después, también, se enteraría de que a esa zona la llaman Caucanistán. - ¿Por qué decidiste ser militar?- Por gusto, por adrenalina. Yo estaba joven y quería vivir todo eso, las armas, los helicópteros, la emoción de todo eso. - Y en el Cauca, ¿cómo te sentiste?- Patrullar esas montañas no se lo deseo a nadie. Siempre estás amenazado. Como aquí en Afganistán, pero la diferencia es que yo aquí estoy entre muros, allá estaba en la selva. - ¿Y qué fue lo más difícil en el Cauca para vos?- Bueno, muchas cosas. Por un lado, caminar toda la noche con el fusil al hombro. No te imaginás. Eso es inhumano. Y por otro lado, ver lo injusta y lo cruel que es la guerra. Allá la gente es pobre, y los guerrilleros se aprovechan de eso, los obligan a cultivar coca y marihuana, y ellos no pueden hacer otra cosa. Además los usan como escudos de guerra. Eso también fue muy duro. - ¿Eso cambió tu visión de la guerra?- Sí claro. Ahí fui entendiendo, esa guerra es una guerra de pobres. De gente que si no la hace, sencillamente se muere de hambre. Claro, ellos también son terroristas... Bueno, es difícil entenderlo bien...- ¿Y la muerte?- Ja..., ni me acuerdo de cuántos compañeros vi morir en el Cauca o de cuántos vi sin piernas o sin brazos por las minas. ¿Sabe algo? Al Cauca lo llamábamos Caucanistán. Ahora que estoy aquí me doy cuenta de que teníamos razón. Así como el Cauca, Afganistán está lleno de pobres. Y así como en el Cauca, los que sufren de verdad son el pueblo, la gente, las mujeres, los niños. Pero ya ves, voy a tener que cuidarme de mis palabras, porque mirá lo que me atraje, llegar de Caucanistán a Afganistán... - Bastante irónico, ¿no?- Sí, mucho...- Bueno, pero por qué Afganistán...- ¿Por qué? Se lo voy a poner así: a mí me pagaban $800.000 siendo un contraguerrilla profesional. ¿Me entiende lo que le digo? $800.000. Eso es un salario bárbaro, sin contar con que luego empezaron a quitarnos días de descanso y a descontarnos un montón de maricadas. Eso no es nada para el trabajo que yo hacía. Aquí, me retiro en menos de dos años y puedo estudiar y vivir tranquilo el resto de mi vida. Entendiste, ¿cierto?- ¿Y cuándo renunciaste al Ejército colombiano?- Hace algo más de un año.- Y ahora querés retirarte- Claro. No sé cuándo, pero si Dios quiere, pronto. Estoy cansado, el estrés, la guerra, el sufrimiento. Yo sé de gente a la que han degollado vivos los terroristas. Si me cogieran a mí, eso me pasaría. Además, la guerra no tiene sentido hermano. Yo ya me quiero ir de esto. Su propia guerraEl 13 de septiembre de este año, un grupo de talibanes atacó el consulado de EE. UU. en la ciudad afgana de Herat. El atentado, un carro bomba que terminó en un enfrentamiento a disparos entre la guardia del consulado y los talibanes, acabó con la vida de dos militares del Ejército afgano y cinco terroristas. -¿Qué se siente estar en medio de un ataque de esos?- Miedo, mucho miedo. Pero a mí me protege el rey de reyes..., en toda hora y momento..., solo él puede guardarme de todo mal y peligro. - ¿Ahora sos cristiano?- Sí claro, antes era católico, ahora soy cristiano. - ¿Por qué cambiaste de religión?- No sé, me gustó más, me siento mejor así, me siento más protegido. Aquí hay que sentirse protegido viejo, porque atacan todos los días.¿Me entendés? Se necesita protección divina. - Pero has recibido uno de los entrenamientos más sofisticados en defensa antiterrorista.- Sí, claro, pero no me siento seguro. Uno no se acostumbra al estrés, al miedo. El miedo no debe aparentarse, claro, pero está ahí. - Y eso del estrés, ¿cómo lo manejan? Te lo pregunto porque según The New York Times, en el 2012 los suicidios de soldados norteamericanos en Afganistán superaron el número de muertes por los combates. - Ahhh, sí. Yo he oído de eso. Bueno, cómo te digo, eso pasa por debilidad mental. Aquí tenemos psicólogos y psiquiatras que nos ayudan con esas cosas. Pero a mí no me pasaría eso. Dios está conmigo. Nunca he pensado en eso.- Cuando terminés aquí, qué querés hacer. - Estudiar ingeniería de petróleo. En Canadá, claro. Es un país pacífico, allá no pasa nada y eso me gusta. También me gustaría ser actor, ¿sabés? A un man que actuó en Depredador yo lo vi en una foto en un campo de entrenamiento en EE. UU. Fue militar. A mí me gustaría hacer lo mismo. - ¿Actor?- Sí, hacer de extra como militar. La guerra es una estupidez, me tiene cansado. - Bueno, y vos hacés parte de eso que llamás estupidez...- Yo estoy aquí, y aquí hago parte de los buenos. Porque habría que ver cómo son los talibanes y los ‘Hacanes’. Parece que estuvieran peleando entre ellos por demostrar cuál de los dos es el más sanguinario. Pero igual, quiero irme. Hacer mi propia guerra: estudiar, salir adelante fuera de las armas, y actuar. Eso me gusta mucho. - De todos modos tu trabajo parece de película. - No, no lo es para el que lo vive desde adentro.

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