Leonor González Mina, una artista precursora de la cultura del Pacífico

Mayo 22, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País y Colprensa
Leonor González Mina, una artista precursora de la cultura del Pacífico

La Negra Grande de Colombia también estudió teatro y fue bailarina folclórica.

Conozca el legado artístico de La Negra Grande de Colombia, una de las primeras afrodescendientes nacionales en ser portada de un disco, pero también una abuela alcahueta.

¿Y usted por qué me trae esa negra aquí? ¡Aquí no recibimos negros! Esa fue la respuesta que le dio Antonio María Valencia, entonces director del Conservatorio de Cali,  a la rectora de una institución educativa de la ciudad que llevó a  Leonor González Mina para que este la escuchara, ya que su voz  la había cautivado. 

El afamado músico caleño causó la primera frustración artística de esta cantante oriunda de Robles, corregimiento de Jamundí, Valle, tal como lo relata el periodista Juan Andrés Romero en uno de los artículos del libro Vida de Palabras, editado por la Universidad del Tolima y la Fundación Palabra, en honor de la que con los años se convertiría  en La Negra Grande de Colombia.

Con esa decisión, carácter y disciplina  que la han caracterizado, Leonor no solo logró ingresar en 1960 al Conservatorio de Cali,  sino que dedicó su vida a su verdadera pasión: el canto. Aunque tuviera que desencantar a su familia que  quería que ella se graduara como odontóloga o enfermera.

Lea aquí: La negra Leonor está más grande que nunca

El 16 de junio esta risueña artista que ha llevado la música del Pacífico y en general, la música folclórica colombiana a todo el mundo, cumplirá 82 años. Sin embargo, sigue siendo grande, y  “un ejemplo a seguir” para muchos artistas.

Como lo destaca la intérprete de música del Pacífico Zully Murillo. “Más allá de ser una cantante con una gran formación y una  voz impecable, ha sido actriz, política, bailarina, madre ejemplar,  una mujer que nos sirve de guía en el campo del liderazgo, una mujer que tiene una cantidad de años y siempre está actual”.

Sí, la Negra sigue muy vigente. Por estos días está relanzando su último álbum discográfico titulado ‘Lo mejor de mi vida’,  que tiene 13 temas de sonadas canciones como Mi Buenaventura, Yo me Llamo Cumbia,  La Mina y Campesino de Ciudad.

“Realizamos el lanzamiento del disco que quedó muy bonito, con una producción en la que hay de todo, con un recorrido por la música colombiana, incluso cantando boleros, porque antes de cantar música colombiana yo interpretaba boleros, como ‘Ojalá’, de Jaime R. Echavarría”, le dijo a Colprensa.

Ese trabajo discográfico, de acuerdo con Murillo, es impecable, de una gran  pureza de sonido  y su voz madura cada vez está mejor. Es impresionante. 

Para Zully Murillo, La Negra Grande de Colombia con cualquier estilo musical que interprete sale a flote, pues todo lo que ella canta le sale muy bien, así sean cumbias, boleros, currulaos, lo que sea, porque ella le pone sentimiento a todas las frases que interpreta.

Primera mujer afrodescendiente en aparecer en la portada de un disco; en debutar en la televisión nacional, fue también, como lo asegura el músico Eduardo Cabas,  la primera mujer en interpretar la primera canción verdaderamente protesta que tuvo Colombia: ‘La Mina’: (“aunque mi amo me mate, a la mina no voy...”), que fue éxito internacional.

Cabas, quien fue un tiempo su director musical, recuerda la ocasión en que ya estaban en el estudio dispuestos a grabar cuando llamaron a La Negra para que se fuera a Rusia, a una gira. “Me dijo entonces: pónganme una guitarra y yo canto con ella. Grabó las doce canciones de un solo tirón  y después metimos una orquesta sinfónica encima de su voz. Eso demuestra su profesionalismo y su capacidad de superar  los escollos. Eso es dificilísimo, porque todos los tiempos al cantar tienen que ser perfectos”.

En esa carita de ternura hay un león escondido. Con esta frase y riendo con fuerza, Juan Camilo Cabezas González, el hijo que le sobrevive a La Negra Grande de Colombia bromea sobre lo “durita” que fue su mamá al criarlos. Para luego reconocer, que  la exigencia de su madre hacia él y su hermano Candelario valió la pena.

“Mamá, aunque cariñosa, fue  exigente, eso ayudó. Ella hizo un gran esfuerzo como madre cabeza de hogar, pues  le tocó solita”, manifiesta al otro lado de la línea, desde Bogotá, Juan Camilo, quien agrega que su madre se preocupó mucho porque estudiaran en muy buenos colegios y cada vez ampliaran más sus conocimientos. Gracias a ello, por ejemplo, Candelario, el músico, aprendió inglés, alemán, francés, italiano y japonés y él, administrador de empresas,  inglés y francés.

De madre exigente pasó a ser una abuela alcahueta y consentidora de sus nietas, Juana, de 15 años, y Adana, de año y cuatro meses, hijas de Juan. 

Cuando Juana se pasa los días con  ella no la deja tender ni la cama. Y a la más  pequeñita le canta y le habla por teléfono y la arrulla con canciones tradicionales del Pacífico.

“Mamá como se dio cuenta que Juana tiene muy bonita voz”, interviene Juan Camilo, “ la está apoyando en eso y como ella dice que quiere estudiar música o ser ingeniera de sonidos, le compró un piano y está en clases de piano. Pero no quiere  forzarla para que no  se sienta obligada y no termine odiando la música”.

Leonor González Mina, quien estuvo casada por 19 años con el compositor y periodista Esteban Cabezas (q.e.p.d.) es amante de las frutas, los jugos, del té, de los mariscos y del pescado. También le gusta cocinar y lo hace bien. Se ofende si su hijo dice: “vamos a comer a algún lado”. Enseguida contesta: “no, señor, yo cocino”. “La lasaña de mi mamá es única. Prepara muy rico, además, la comida del Pacífico, hace un pollo al limón delicioso y los sancochos, ni se diga”.

Esta vallecaucana que se codeó con personajes como Mercedes Sossa, Gabriel García Márquez, Fanny Mikey, Omar Rayo y los hermanos Delia y Manuel Zapata Olivella (con los que viajó como bailarina en el grupo Folclor Colombiano) es, como lo asegura su mánager María del Socorro Vallejo, una gran lectora que devora diariamente los periódicos, ya que le gusta estar enterada de la actualidad nacional y mundial y de buenos libros, como los de ‘Gabo’, al que ha leído mucho.

Responsable con el cuidado de su voz, hace casi dos horas diarias de ejercicios y calentamiento para el canto. 

Antes de salir al escenario siempre pide que la dejen sola en el camerino 30 o 40 minutos que aprovecha para calentar su voz, hacer un repaso del concierto y de lo que va a decir. No exige nada más, asegura María del Socorro, quien fuera una de sus coristas.

Precisamente, anota Juan Camilo Cabezas, María del Socorro jugó un papel importante para que su mamá volviera a los escenarios después de la muerte de   su hermano Candelario, quien falleció a los 34 años, en Milán, Italia, víctima de un aneurisma.

“La muerte de mi hermano fue una tragedia. La afectó muchísimo. Por eso ella estuvo por fuera de su actividad artística, no quería cantar, no quería vivir más, pero María del Socorro la motivó, le inculcó volver al mundo del espectáculo”.

Y para fortuna de todos los colombianos volvió a los escenarios y a grabar -ya son 32 álbumes en su carrera-. Y hoy está llena de vitalidad. 

Lo corrobora su hijo: “Mamá es impresionante.  Dura dos horas cantando y bailando en el escenario con tanta energía que yo no entiendo. Ella me dice, ‘hijo, tengo un dolor aquí, me duele acá’, y sube al escenario y  se le olvidan todos sus dolores. Después, vuelve y se queja. Y yo le digo: ¡Pero mamá, si estuviste brincando dos horas en el escenario cómo no te va a doler el cuerpo!, cuenta Juan Camilo, entre carcajadas.

CONTINÚA LEYENDO
Publicidad
VER COMENTARIOS
Publicidad