Esta es la oscura historia de las tildes en la escritura 

Abril 02, 2017 - 09:19 a.m. Por:
Ana María Díaz C / Especial para El País 
Una sección de la Biblioteca alberga 44 libros impresos entre los años 1450 y 1500.

Cuando yo estaba aprendiendo ortografía en el colegio, la profesora insistía en la diferencia entre “sólo” y “solo”: el primero significa “solamente”, el segundo “en soledad”. Es decir, con tilde era un adverbio, y sin tilde un adjetivo. Así pues, “Fui solo” significaría “fui sin compañía” y “fui sólo”, “solamente fui (no hice otra cosa)”.

La mala noticia para los que lucharon a sangre y fuego por aprender la distinción entre “sólo” y “solo” es que la Real Academia Española recientemente quitó la obligatoriedad de esta tilde. La Academia recomienda poner la tilde solo en casos de verdadera ambigüedad entre el adverbio y el adjetivo. Pero los observantes de la ortografía, más papistas que el papa, se quejan de que la Academia haya quitado la tilde de “solo” y viven reclamándola de regreso, como si les hubieran quitado un tesoro muy preciado.

Los tiempos cambian, y así ha cambiado la función de la Real Academia. Desde su fundación en 1713 y la publicación del primer diccionario en 1726, su función era orientar el uso estándar de la lengua española. Entiéndase “estándar” como el uso de la lengua en lo escrito y en situaciones formales, de una manera unificada para todos los hablantes de una lengua.

Antes de 1713, por ejemplo, no existían las tildes. Los escribanos en las colonias no solo escribían sin tildes, sino que utilizaban la “z” y “s” o la “y” y la “ll” según su propio criterio. Además, el uso de las abreviaturas era tan extremo que podían encontrarse cosas como “pa q el scno Rl lo firmara” en lugar de “para que el escribano real lo firmara”.

¿Por qué se tardó tanto en fundarse la Real Academia, si la conquista y colonización española empezó en 1492? Pues bien, hasta 1700 España estuvo dominada por la Casa de los Hasburgo, cuyo estilo administrativo no fue muy efectivo para mantener su hegemonía. Después llega la Casa de Borbón, una dinastía de origen francés. Los borbones sí quisieron hacer sentir su poder en todo el Imperio. Reorganizaron el territorio en virreinatos e hicieron reformas económicas para unificar los mercados, y así “globalizar” la economía hispánica.

La creación de la Real Academia responde a ese afán de globalización de los borbones. Al unificar el uso de la lengua, se consolida simbólicamente el absolutismo monárquico. Es muy significativo que los borbones, además, prohibieran el uso de lenguas indígenas, lo que demuestra la violencia de ese absolutismo lingüístico, de la mano con un proyecto político.

Hoy en día la Academia no es la misma. Para sobrevivir, se ha visto obligada adaptarse a los cambios sociales y lingüísticos, sin perder su función orientadora en el uso de la lengua estándar. Un paso adelante es la creación de las academias latinoamericanas, que empezó a gestarse en la década de 1960. Las academias latinoamericanas emiten sus conceptos sobre el uso formal del español en los diferentes países hispánicos. Por esta influencia, la Academia ya acepta el uso de “vos” y sus conjugaciones, como “mirá” o “tenés”.

Otra función de la Academia a través de su diccionario es orientar la lectura de los clásicos. Por esta razón, la Academia no puede eliminar entradas como “ansina”, “mesmo” o “murciégalo”, que son parte del español tradicional, aunque hoy en día suenen mal. Estas entradas están en el diccionario desde el siglo XVIII.

La Academia, a través de su plataforma electrónica, no solo pone a disposición del usuario la totalidad del diccionario, sino que ofrece unos recursos muy valiosos para el conocimiento de la lengua. Mi recurso favorito es la función “conjugar”. Si usted tiene la duda sobre si se dice “yo aprieto el botón” o “yo apreto el botón”, busque la palabra “apretar” en www.rae.es.

Luego, verá un cuadrito al lado de la palabra que dice “conjugar”. Haga click en ese cuadrito. El sistema le mostrará la conjugación completa de “apretar”, con lo que puede constatar que la forma estándar es “yo aprieto”.

El diccionario de la Academia no contiene formas conjugadas. Por esta razón, buscar “apreto” o “haiga” en el diccionario no le permitirán resolver dudas sobre la conjugación estándar. Si quiere saber si la Academia acepta “haiga” como conjugación alternativa, busque “haber” y haga click en “conjugar”. No se deje llevar por la palabra “haiga” como “carro lujoso” que aparece en el diccionario como entrada principal.

Otros recursos que tiene la Academia son las bases de datos, muy útiles para los investigadores. La Academia ha recopilado y digitalizado textos escritos en castellano desde el siglo XIII hasta el presente, y todos ellos están disponibles por Internet. Los textos antiguos están en una base de datos llamada Corpus Diacrónico del Español (CORDE). Además, en la página de la Academia se pueden consultar todas las ediciones del diccionario desde el siglo XVIII. Los textos recientes se pueden encontrar en dos bases de datos: Corpus de Referencia del Español Actual (CREA) y Corpus del Español del Siglo XXI (CORPES XXI).

Los recursos en línea de la Academia son totalmente gratuitos. La Academia se ha negado a vender publicidad, así que no recibe ninguna ganancia material por su labor. Es decir, el gobierno español financia el trabajo de la Academia a pesar de la crisis económica. Todos los países hispánicos disfrutamos de esa labor.

La tilde de “sólo”, entonces, tiene una carga ideológica muy fuerte para una simple tilde. Representa todo el pasado monárquico y espléndido que muchos de los colonizados todavía quieren de regreso, para sentir que hacen parte de la gloria de un Imperio que solo sobrevive en la lengua. La tilde de “sólo” nos permite olvidar que somos una serie de países fragmentados por fronteras artificiales. Cuando la misma Academia quita la tilde de “sólo”, no hace más que recordarnos esta realidad.

 

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