El alza del dólar está hasta en la sopa

Agosto 02, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera / Reportera de El País

Colombia es importador de granos, cereales, algunas frutas y soya, que al pagarlos en dólares, encarecen la canasta familiar.

Así las carnes de pollo, res, cerdo y hasta el pescado que se sirven en las mesas  colombianas  sean de criaderos domésticos, la tendencia alcista del dólar ya se está trasladando a estos productos de la canasta familiar.  

La razón es que el principal insumo para  alimentar estos animales es la torta o pasta de soya, producto importado en su totalidad y que  con el alto precio del dólar se ha encarecido. 

Ni qué decir de los granos. Colombia importa la mayoría de ellos hoy y por eso,  el fríjol, las lentejas, las arvejas, el maíz,  el trigo (harina);   frutas importadas como la manzana y la pera verdes y el durazno y hasta el ajo blanco, reflejan mayores precios frente a los de  hace un año. El 31 de julio de 2014, esta divisa se cotizaba en   $1872,43. Al cierre de esta edición alcanzaba los $2866,04, mil pesos más.     

El dólar, que en febrero pasado se cambiaba a $2398 y que amenaza con tocar el techo de los $3000,  es  como un intruso en la despensa o en la nevera de los colombianos: la canasta familiar tendrá menos productos y/o menos cantidades de estos, por la misma o más plata del presupuesto hogareño.

Octavio Quintero, representante de los comerciantes del  sector de alimentos, ante las juntas directivas de Fenalco y de la Cámara de Comercio de Cali, advierte que de pronto las alzas no se sienten todavía porque aún hay   algunos productos en inventario, pero que apenas se acaben esas existencias la disparada del dólar va a tocar  la canasta familiar.

La razón es que Colombia depende mucho de las importaciones en granos y otros alimentos. “Estamos hablando de productos básicos como los  fríjoles, las lentejas, las arvejas, los garbanzos, el maíz, que es lo más importante de la canasta familiar”, enumera Quintero.

Dependencia   que él atribuye a la fuerte  caída de la producción interna de estos  alimentos, frente a la competencia del exterior. “Usted ve ahora fríjoles de China, de Bolivia, de Argentina, de Perú... Es muy lamentable para los campesinos colombianos”, señala.

La registradora no miente. Hace cuatro meses se conseguía fríjol a $4000 el kilo. Ahora la variedad  Calima o la de  cargamanto fino no se baja de  $5600, con un alza de más del 30 o 40 %, señala. 

Las lentejas, que en un 95 % son importadas de Canadá y Estados Unidos,  en enero pasado se compraba el kilo a  $1900 y ahora está a $2900, a precio de mayorista, según el boletín del Dane.

De esta racha no se escapa la torta o pasta de soya,  insumo básico importado para los alimentos de  pollos,  vacas lecheras y vacas de carne, cerdos,  conejos y ovejos, lo que incidirá en el aumento de los precios de estas  carnes y  los huevos.

En el mismo costal de los importados están cereales como el arroz, el primero que registró alzas en el país;   el  maíz,  insumo para el alimento de pollo y otros usos alimenticios, y el  trigo, base para el pan, producto de consumo masivo. 

Oliver Medina, coordinador de Mercadeo y Precios de Cavasa, confirmó que el  incremento en los precios de granos, frutas y verduras importadas, registra  alza que van desde el 13 % (arveja seca) hasta del 122 % (cebolla cabezona).

En otros el incremento fue del    45 %,  muy similar al porcentaje del alza del dólar en 2015.  Es el caso  exacto  del bulto de  lentejas que pasó de $99.000 a $142.000.   (Ver tabla).   

Medina resaltó que a estas alzas, los caleños deben sumar la  “del  precio interno del azúcar, que no se parece en nada al precio internacional, que no llega a  $40.000, y  en un productor como el Valle, era de $60.000 y pasó a $93.000”.

Para conjurar las alzas, la tendencia es a disminuir el consumo porque  la gente empieza a racionalizar sus compras. “Y no hay alternativas,  ni modo de decir, no consuma lentejas que el fríjol está barato; no consuma fríjol porque el garbanzo está a mejor precio, y así  se  toca el bolsillo al consumidor”, señala. 

La visión del analista Julio César Alonso, director del Centro de Investigación en  Economía y Finanzas de la Universidad Icesi, es que es preciso comprender que ningún país se puede aislar del resto del mundo ni puede llenar la  canasta familiar solo con productos  propios. “Hoy en día toda  canasta familiar en cualquier país  se compone de productos nacionales e importados”.

Y es por estos últimos que esa canasta es  fuertemente influenciada por el alza del dólar, como la que ha tenido este año en el país y su  efecto sobre la inflación. 

Alonso explica que el Banco de la República no está cumpliendo la meta de inflación fijada en un 3 % para  2015,  y probablemente a fin de año   estará muy cerca o se va a volar un poco ese techo,  porque es imposible mantener precios bajos cuando la tasa de cambio ha subido más del  45 % en los últimos seis meses.

La situación es delicada para  un país caracterizado por una supuesta vocación agrícola. “Esto es muy grave y es porque aquí se hizo una apertura endemoniada, tiramos al campesino a la guerra con las multinacionales, sin fijarnos que no teníamos una infraestructura de producción igual a ellas, entonces es muy complicado”, denuncia Octavio Quintero. 

Y los pocos incentivos que había, reclama, como era “el AgroIngreso Seguro, se quedó en diez o 20 personas de  tres o cinco familias que hicieron mal las cosas y abusaron de eso y por eso  el programa que era para los campesinos,  se acabó”.

Eso se traduce en que  no hay acompañamiento al campesino en producción, comercialización ni en  asistencia técnica. “Así como el Gobierno regala casas gratis   para que la gente se venga a la ciudad,  tendrá que regalarle al campesino o subsidiarlo para que pueda competir con las multinacionales”, dice.

Para el presidente de la Sociedad de Agricultores del Valle, SAG, Francisco José Lourido, el fenómeno es muy complejo porque éramos un país acostumbrado a un dólar bajo y se  había desactivado su aparato productivo, “porque sencillamente resultaba más práctico y barato importar que producir y  hoy estamos pagando ese costo”.  

El dirigente gremial acepta que  el alza del dólar en el corto plazo  va a afectar muchísimo a la gente del común, porque todo lo que sea importado va a estar influenciado por esa tasa de cambio y eso  va pegar en el bolsillo del consumidor.

“Durante doce años nos hemos beneficiado de unos productos importados con un dólar barato. Hoy el dólar con que se paga lo que se importa está a $2866 y eso lo va a absorber el consumidor final”.

El vocero de Cavasa recomienda que el Gobierno  tome medidas o diseñe estrategias para que el consumidor no se afecte tanto con la tendencia alcista, sobre todo los de los estratos bajos que son los que más sienten el encarecimiento de los productos.

“El Gobierno debe establecer políticas de emergencia para beneficiar al consumidor final, que es, en últimas, al que se trasladan estos sobrecostos. Por ejemplo, mermar aranceles a los importados y darles más libertad para ingresar al país si están escasos”, dice Medina.

Lourido adjudica la situación a que en Colombia sucedió lo que nunca debió suceder: no se incentivó la producción nacional, una política errada. “Hay que proteger al sector agropecuario, insistimos en una protección arancelaria para no generar una dinámica perversa que es acabar con la producción primaria. Los  países desarrollados como Estados Unidos o en Europa así lo hacen  porque saben que no pueden poner en  peligro la alimentación de la gente”, advierte.

Concluye que el Gobierno debe estimular a los agricultores y ramo agropecuario que requiere maquinaria, créditos preferenciales, estímulos tributarios. “Así como se estimuló la construcción de hoteles con unas exenciones tributarias por 30 años, ojalá el sector agropecuario tenga también créditos con tasas preferenciales y más incentivos para que vuelvan al sector productivo”.

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