Rigoberto Urán: novela de angustia y gloria en Londres 2012

Rigoberto Urán: novela de angustia y gloria en Londres 2012

Julio 29, 2012 - 12:00 a.m. Por:
ALBERTO GALVIS RAMÍREZ - Colprensa – COC / Imágenes cedidas por B&T INTERNACIONAL - Especial para El País.com.co

El ciclista antioqueño obtuvo la primera medalla para Colombia en los Juegos Olímpicos Londres 2012, plata, en la prueba de gran fondo.

La medalla de plata ganada por el ciclista antioqueño Rigoberto Urán, el sábado 28 de julio, apenas un día después de la inauguración de los Juegos Olímpicos, en la prueba de gran fondo, tuvo capítulos adicionales dramáticos que consumieron en la angustia al corredor y a un grupo de dirigentes, a quienes se les dañó la ceremonia de inauguración y debieron amanecer trabajando para resolver el problema.Por un error de la UCI, al parecer tecnológico, en el momento de armar las planillas, Urán, una de las estrellas del equipo profesional Sky Procycling, fue borrado de la lista y, por lo tanto, no habilitado para participar en la única prueba en la cual estaba inscrito.En la medianoche del viernes 27 de julio, cuando se celebraba la imponente ceremonia de inauguración, el presidente de la Federación Colombiana de Ciclismo, Jorge Ovidio González, recibió una llamada en la cual le informaban sobre lo ocurrido. "Disfrutaba la ceremonia, pero se me amargó el rato", recuerda.En ese momento comenzó una novela de la cual serían protagonistas, el propio atleta, González: Ciro Solano Hurtado, Jefe de Misión en los Juegos; Gustavo Villegas, Subjefe, y Héctor Vélez, Gerente del COC, quienes se dedicaron, con un cuerpo de asesores, a recopilar la documentación para hacer la respectiva reclamación.A las 7:00 de la mañana del sábado, 28 de julio, una hora antes de la competencia, cerca de la línea de salida, Rigoberto recibió una llamada de su novia desde Colombia. Luego de preguntarle cómo estaba para la carrera y de él responderle que bien, ella le dijo: "Pero cómo que bien, si aquí dieron la noticia de que no estabas inscrito".El mundo se le vino al piso a Urán, quien entró en pánico. No era posible que se perdieran meses de trabajo y de sueños, por un error de una tecnología que, con seguridad, no sabía lo que era el sacrificio de un ciclista.Media hora después, Jorge Ovidio González estaba entregando su alegato a Felipe Chevalier, director técnico de la UCI y delegado en los Juegos. El dirigente los miró, hizo un gesto de aprobación y se retiró presuroso hacia la mesa técnica de la carrera.FELICIDAD Y GANAS DE REVANCHACinco minutos después fue hasta donde Urán, le contó y le entregó el miniship y el número que le correspondían: su participación estaba autorizada luego de la verificación de los documentos. En el rostro del corredor se dibujó un gesto de felicidad, más otro de ganas de revancha: cuando se subió a la bicicleta tenía dos motivos para entregarse más de lo acostumbrado, durante los 260 kilómetros.Luego vendría la carrera, sus altas y bajas, el retiro de su compatriota Fabio Duarte y su inteligente manejo, para cumplir el plan elaborado por su técnico Genaro Leguízamo, que consistía, simplemente, en un trabajo de perfil discreto hasta los 200 kilómetros, en los cuales se mantuvo a la zaga, mientras otros atacaban en busca de una fuga que pudiera dar sus frutos.Después de esto, como lo hacen los profesionales, quedó seleccionado entre los mejores, para afrontar los últimos 60 kilómetros. En ese recorrido también mantuvo el perfil bajo, porque conocía el recorrido y sus condiciones para definir algo en su favor.De ahí para allá, el mundo conoció la hazaña de este hijo de Urrao, Antioquia, de 26 años, durante los cuales padeció dificultades económicas con su familia, a la cual se propuso sacar adelante, y lo logró con sus pedalazos de oro que lo llevaron al mundo profesional.LA RABIA DEL MEDALLISTAPero cuando cruzó la meta como medallista de plata, privilegio que envidiaría cualquier mortal, Urán se mostró contrariado y así permaneció durante los minutos posteriores, en los alrededores de la meta, frente al Palacio de Buckingham, actitud que contrastaba con la felicidad de sus compañeros de delegación y con decenas de colombianos que llegaron para expresar su felicidad por la hazaña.Urán no quedó satisfecho con la plata, porque quería y pudo ganar el oro. Esa fue su rabia. Un parpadeo a 200 metros de la meta, cuando se perfilaba como campeón, le permitieron al kazajo Alexandre Vinokourov, atravesársele en su camino al oro olímpico.Sin embargo, la alegría por esta primera medalla olímpica de Colombia en Londres contagio a toda la delegación nacional, en los escenarios en los cuales competían, en la Villa Olímpica o en algún lugar de tránsito, hacia destinos de competencia.Esta segunda medalla olímpica del ciclismo colombiano reafirma a Medellín como la meca de este deporte y la primera región que se mostró al mundo como potencia de la pista. Mario ‘Papaya’ Vanegas, primer grande del ciclismo de pista en el concierto olímpico (Tokio 1964), ‘Cochise’ Rodríguez (México 68) y luego descalificado por profesionalismo), antecedieron a la también paisa María Luisa Calle, medallista de bronce en Atenas 2004.Rigoberto Urán consigue de esta manera la medalla número 12 de Colombia en los Juegos Olímpicos, la primera en Londres, y supera con creces el mejor resultado en esta prueba, el cual había sido obtenido por Santiago Botero, en Beijing 2008.

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