Tras un año de la tragedia, mina de Santander de Quilichao sigue operando

Abril 30, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos | Reportero de El País

Tras un año del derrumbe en el que perdieron la vida 12 personas, aún hay actividad minera de alto riesgo. Un indígena murió hace unos meses. Informe.

[[nid:417310;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/04/mina-san-antonio-734.jpg;full;{Tras el derrumbe del año pasado que dejó doce personas muertas, esta mina sigue operando sin control. Habitantes dicen que han tenido que ver morir más personas. Está ubicada a 15 minutos de Santander de Quilichao en el Cauca.Fotografías: Oswaldo Páez| El País}]]

Julio Enrique Carabalí, el presidente de la Junta de Acción Comunal de San Antonio y administrador del acueducto, dice que los estragos que ha generado la mina de oro en la que el año pasado murieron 12 personas son tantos, que incluso hasta cambió la forma en que se mira la gente del pueblo.

“No es que nos hayamos puesto a pelear por el tema de la mina, pero sí nos miramos diferente. La mina dividió a San Antonio en dos: los que están a favor de esa actividad,  y los que están en contra”.

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Es viernes, al mediodía, y en la vereda, ubicada a 15 minutos de Santander de Quilichao en el Cauca, hay un silencio absoluto. Las calles están desoladas, tal vez por el calor de casi 30 grados, tal vez también porque es la hora del almuerzo.

En las paredes de algunas casas se ven cartulinas escritas con marcador en las que se invita a una marcha que se realizará hoy, 30 de abril, para conmemorar a las víctimas que  hace un año dejó el derrumbe en la mina.

Julio Enrique, que ahora se disculpa por el fuerte olor a cebolla que emanan sus manos – hace un rato no más estaba en la cocina de su casa preparando unos fríjoles -  recuerda que en esa tragedia perdió a quien fue su amigo y compañero de trabajo durante 15 años, Miller Carabalí. Era el fontanero del acueducto.

“Si algo quiero dejar claro es que Miller no fue a la mina como dicen por ahí, por ambicioso. Él ni siquiera era minero. Su motivación para haber ido a la mina el día del derrumbe fue por un lado porque el siguiente día era festivo, Día del Trabajo, por lo tanto no tenía que madrugar a  trabajar. Y él lo que quería era tener una casa propia. Ese sueño fue lo que lo llevó a la mina. Pero que quede claro que en San Antonio no somos mineros por tradición. Somos agricultores y gente que se ha preparado para trabajar en las empresas de Santander de Quilichao”.

La mina de oro ‘Agua limpia’ inició su apogeo en 2012 y con ella llegaron mineros de Suárez, Cauca, Buenos Aires, algunos de Antioquia.    Fueron ellos los que comenzaron a enseñarle a barequear a la gente de San Antonio que sintió curiosidad por el oro.

La inexperiencia de   hecho hacía que el asunto al principio no fuera tan rentable. Un gramo de oro se pagaba a $60 mil, pero los habitantes de San Antonio apenas sacaban tres o cuatro décimas, a veces menos, y cada décima se pagaba a $6000.

“Es algo así como ver escarcha en medio de un puñado de lodo. Así se ve el oro”, dice un residente  de la vereda que trabajó en la mina y quien prefiere que no se publique su nombre.

La plata que sacaban de la tierra  les permitía pasar los días mientras recogían la cosecha de yuca o mientras les salía un puesto de trabajo en Santander de Quilichao. “Ganábamos menudeado. Además no es que fuéramos a la mina todos los días. Había que dedicarse a limpiar los cultivos o atender las tareas de los hijos. A la mina se iba de vez en cuando”. 

Hasta que sucedió la tragedia. Algunos  residentes de San Antonio habían partido en la tarde hacia la mina. Iban con sus bateas, una lámpara en la frente, pan y gaseosa para pasar la noche. Durante el día  solo trabajaban los mineros más expertos, los que venían de otras partes.

Aquel día por cierto se fue la luz (las retro excavadoras dañaban los cables de la energía continuamente) pero nadie supuso que el apagón podría ser señal de que algo inesperado podría ocurrir:  el derrumbe. 

La advertencia de que había sucedido una tragedia la dieron primero las retro excavadoras, que bajaron de la mina a tal velocidad  que algunas casas de San Antonio vibraron.

[[nid:285289;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2014/05/reportaje_mina_de_lagrimas.jpg;full;{Doce días después del derrumbe de la mina ilegal en Santander de Quilichao, la comunidad de San Antonio continúa con la incertidumbre por la falta de soluciones de fondo a la minería ilegal que trajo muerte y desgracia a sus tierras.Periodista: Germán González - Videógrafo: Alvaro Pío | El País}]]

Sus dueños estaban afanados por esconderlas. Cuando llegó la gente del pueblo a intentar salvar a las víctimas, estaba todo tan oscuro y silencioso que era como si no hubiera ocurrido nada. En total hubo 12 muertos, según  cifras oficiales, aunque se sospecha que aún hay más cuerpos enterrados. 

El mito dice  por cierto que cuando la mina tiene un muerto adentro, “suelta más oro”.  Tal vez por eso la gente sigue yendo a pesar de que ya no hay retro excavadoras: la mina sigue operando.  

Ahora los mineros abren huecos a los que llaman cúbicos. Son perforaciones de por lo menos treinta metros de profundidad, a veces más. Después abren túneles en diferentes direcciones. Literalmente se camina  bajo tierra. 

Según otro mito, el objetivo es llegar hasta la veta de oro del cerro Garrapatero, más o menos a un kilómetro de la mina, y los que se oponen a ello temen  que los túneles  desestabilicen los suelos, se afecten las estructuras de las casas, así estén retiradas de las minas.  

De otro lado, los dueños de las tierras donde están los entables dicen que eso no sucederá. Según los rumores, los propietarios de las tierras reciben un 15% de las ganancias de cada entable, son los que por supuesto están del lado de los que apoyan la minería ilegal.

Pero la aventura bajo tierra en todo caso sigue  dejando muertos. El más reciente fue un indígena. Lo confirma la comunidad, lo confirma también el Alcalde de Santander de Quilichao, Luis Eduardo Grijalba.  La mina, un año después, sigue tragando gente. ¿Por qué?   

“Las minas están como quedaron hace un año: en total abandono estatal. No ha habido apoyo del Gobierno Nacional, del Ministerio de Ambiente, para ayudarnos a tapar estos socavones tan grandes que dejó una minería irresponsable  en nuestro municipio. Además, tapar  los socavones es  costoso. Y de otro lado uno de los problemas para enfrentar la minería ilegal tiene que ver con los limbos que hay  en la ley sobre el tema: no se tiene claro si es el alcalde, o el gobernador, o la policía, o el Ejército o el Ministerio de Minas, o el de Defensa, el encargado de atacar directamente el tema. Si eso no está claro va a ser muy difícil controlar la minería ilegal.  Se necesita una política pública clara y de fácil  entendimiento”, dice el Alcalde.  

Sin embargo, la encargada de la Corporación Autónoma Regional del Cauca (CRC) en Santander de Quilichao, María Luisa Holguín, asegura   que “el Código de Minas establece que quien no debe dejar que se dé la minería de tipo industrial e ilegal son las alcaldías de los municipios”.

¿Será el desinterés político una manera de  entender por qué sigue muriendo gente en los socavones de San Antonio?  

“Cuando nosotros quisimos ponernos al frente del tema, el Comité Interétnico nos pidió que nos hiciéramos a un lado.  Yo por eso he ayudado con muy pocas cosas, la verdad. El tema debió asumirlo la Alcaldía, estoy de acuerdo. Pero se necesita una política pública sobre la  minería ilegal, insisto”, responde el Alcalde.

Según las familias de algunas víctimas de la tragedia, apenas recibieron como ayuda dos mercados y un kit de cocina.

Otra razón que explica por qué la mina de San Antonio sigue abierta tiene que ver con quienes están tras el negocio.

“El poder  económico de la minería ilegal es demasiado grande. Un entable de tres retro excavadoras te puede generar $70 millones diarios. Ese poder económico permite que los dueños del negocio hagan y deshagan y obviamente la gente que ha querido protestar se silencia por temor al poder al que se enfrenta. Yo he recibido amenazas por el tema de la mina y un secretario de gobierno del municipio también fue amenazado de muerte  al punto de que se tuvo que ir de Santander de Quilichao”, dice Luis Eduardo Grijalba.

Efectivamente, la mina representa peligro no solo para los que la esculcan por dentro, sino también para quienes se oponen a ello. Algunos habitantes de San Antonio han sido amenazados.

Entre otras cosas, han denunciado que ciertas autoridades reciben pidendos por parte de los propietarios de los entables para evitar los controles.  

Y el trayecto para llegar a la mina está vigilado. En una ocasión se le advirtió a los mineros que el carro de este diario se estaba acercando. Cuando finalmente arribó a la mina, no había nadie.

Pero: ¿quién está tras el negocio? Nadie lo sabe. En San Antonio hay gente de otras zonas del país que se hacen llamar “administradores de entables mineros” y que aseguran obedecer órdenes de gente que nunca se aparece en la zona.

En el pueblo sin embargo se ven autos lujosos con placas de Pasto, Sabaneta, Cali, la costa. Pero nadie sabe quiénes son. O no se atreven a decirlo. El miedo es quizá otra razón para entender el silencio que se percibe en las calles de  la vereda. 

“Ojalá no tenga que ocurrir otra  tragedia para que le pongan atención a este problema. El peligro sigue. Tarde o temprano va a morir más gente y sería muy triste que San Antonio fuera noticia otra vez  por los muertos de la mina”, advierte un hombre lejos de la vereda, en una casa de Santander de Quilichao. 

Datos

Los dueños de los predios donde se montaron los entables mineros reciben en promedio un 15% de las ganancias de cada entable.Hoy, a partir de las 4:00 p.m, se realizará la marcha en honor a la memoria de las víctimas de la mina en San Antonio. También se hará una oración.36 personas se han capturado este año en el Cauca por minería ilegal según Min. Defensa.

 

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