“La oposición a Santos la hace el Partido de la U”

Marzo 06, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal
“La oposición a Santos la hace el Partido de la U”

El Partido Liberal debe asumir una autocrítica porque en este momento tiene menos del 5% del electorado. Eso amerita preguntarse qué pasó, dice el ex presidente Ernesto Samper.

Ernesto Samper ni pide ni da tregua. Después de la dura batalla jurídica y política que significó el Proceso 8.000, este ex presidente liberal ha seguido manejando una copiosa agenda política, opinando en los medios, manejando hilos visibles e invisibles en el Congreso de la República, tirando línea en foros, seminarios y conferencias dentro y fuera del país. Por otro lado, como él mismo lo ha dicho, debe capotear un día sí y otro también, cuestionamientos acerca de su gobierno y enfrentar graves acusaciones como las que Claudia López le hiciera a través de una de sus columnas. La demanda por injuria y calumnia no se hizo esperar y después de un proceso atípicamente rápido, la Fiscalía consideró que no se habían configurado delitos. Por su parte, Samper anunció no sólo que apelará la sentencia, sino que, cansado de recibir palo, recorrerá el país con foros temáticos para debatir, analizar y proponer soluciones a muchos de los acuciantes problemas que pesan, no sólo sobre un liberalismo que él considera ausente de ideología, sino sobre un país que todos los días registra, entre anonado y perplejo, la dimensión de una tragedia sin nombre.Basó su demanda a Claudia López en su convicción de que “la libertad del columnista no puede llegar a violar la honra y la intimidad de una persona”. ¿Qué pasará con el fallo que la exonera, ya que usted dijo que no quiere “vivir en un país donde el derecho permite violar honras, calumniar y afectar a las familias”?A finales de marzo se conocerá la decisión de la juez que será apelada por mis abogados y será el Tribunal Superior de Bogotá el que tome la decisión. Espero que entiendan que el ejercicio responsable de la actividad de los periodistas les impone autolimitaciones de carácter ético. La columna en cuestión no dice específicamente que usted es autor de unos asesinatos pero, evidentemente, sí plantea un interrogante. ¿Si ella hubiera sido más explícita y directa usted cree que hubiera logrado un fallo en su contra?La verdad es que la debilidad del fallo reside en que nunca se tuvieron en cuenta los elementos contenidos en la columna y ella, no sé si hábil o habilidosamente, trató de hacer girar todo el debate alrededor de los temas de la campaña, que no tenían nada que ver con las imputaciones (blasfemas) en las que pone a Dios por testigo de que yo hubiera participado o no en dos asesinatos. Cuando ella, si fuera una periodista responsable, hubiera podido corroborar fácilmente que jamás fui vinculado a los dos episodios criminales respecto a los cuales hubo proceso.¿Qué sintió con esa acusación?En mi gobierno fui más víctima que verdugo de los excesos de la prensa, pero siempre consideré que mi responsabilidad como gobernante era garantizar la libertad de expresión. Pero cuando las imputaciones que hace el periodista van al terreno personal y no tienen que ver con el trajín de la política, al cual uno está acostumbrado, me parece que tengo todo el derecho a que se me respete la honra. Ella hubiera podido fácilmente acabar con el proceso con una rectificación o una aclaración de las afirmaciones que hizo, y sin embargo prefirió convertir esto en una causa. Cambiando de tema, Alfonso López Michelsen dijo que los ex presidentes son “muebles viejos”. Usted sigue manejando agenda política y anunció que volverá al ruedo. ¿Qué se propone?Lo que quiero es llenar el espacio alternativo a lo que ha sido el ejercicio político en este país, en los últimos ocho años. A mí me sorprende que hoy sea el ex presidente Uribe el que esté manejando la agenda política de este país y que el único espacio abierto sea el de centro-derecha, que se preocupa sobre los problemas de seguridad, de la lucha contra el terrorismo, de las operaciones militares. Todos muy importantes, pero resulta que en el país hay otros problemas de los cuales nadie se ocupa. ¿Como cuáles?El de la inversión social, el desempleo, el medio ambiente, el respeto a los derechos humanos, la aplicación del Derecho Internacional Humanitario en medio del conflicto, el de la propia salida del conflicto, el de la reconciliación, el del pos-conflicto que vivimos sin que haya terminado el conflicto. Creo que hay toda una visión de país que no está siendo reflejada en la política colombiana, entre otras cosas, porque la agenda del presidente Uribe, después de ocho años, aún es muy dominante. ¿No se supone que Santos está en ello?Sí. Entre las revisiones que ha hecho este gobierno, que le han garantizado la gobernabilidad frente a lo que fue el gobierno de Uribe, está por ejemplo, el pluralismo en lo internacional, con el restablecimiento de relaciones con vecinos. El tema de la revisión de los subsidios a los capitalistas, que no tenía ninguna presentación y le estaba costando muchísimo al país; el de la atención a las víctimas, porque veníamos de un gobierno preocupado por los victimarios. Está impulsando la Ley de Restitución de Tierras. Pero la gran montaña que tiene Santos delante no es la oposición (que en este momento es mucho menor desde que Uribe apoyó a Peñalosa, y el Polo está en un proceso de autocrítica interna) sino sus relaciones con el uribismo. Es la primera vez que tenemos una oposición dentro del mismo gobierno, que es el Partido de la U. Las críticas desde esos sectores arrecian. ¿La Unidad Nacional hace agua con el partido de la U?La U tenía nombre propio: el uribismo, que no es lo mismo que el santismo. Creo que vamos a llegar a una reunificación del Partido Liberal en cabeza de Santos, que pasa por los acuerdos con Cambio Radical, por recoger la gente liberal de la ‘U’ y por una apertura del partido hacia la izquierda, que es en lo que yo creo que ha fallado, porque no hay una posición ideológica clara. El liberalismo tuvo el 60% del electorado. Hoy, sólo el 5%. ¿Y las famosas ‘huestes’ rojas?Me han responsabilizado por el proceso 8.000, pero si usted investiga, verá que el 7 de agosto de 1998, cuando entregué el gobierno, Serpa había sacado la más alta votación que haya tenido algún candidato liberal en las elecciones primarias. Teníamos 56 senadores y 114 representantes. ¿Dónde estuvo entonces el efecto del 8.000? El proceso había empezado con la apertura económica de los 90 y el golpe más duro fue cuando la gente empezó a deslizarse hacia Uribe. Los campesinos, que veían en el Partido Liberal a un interlocutor, empezaron a desbandarse con la apertura, y los pequeños empresarios y los trabajadores en las ciudades lo hicieron por las políticas de flexibilización laboral. O sea que la crisis venía de mucho atrás. ¿Por qué ganó entonces Uribe, que también venía del Partido Liberal?Porque supo interpretar el anti-momento Pastrana. Uribe tuvo la inteligencia de situarse al otro lado del proceso de paz en que estaban Pastrana y todos los otros candidatos y por eso lo siguió el país, desesperado con la actitud tolerante con la guerrilla. ¿Qué hacer, como pretende usted, para recuperar los postulados abandonados por el liberalismo? En primer término, el Partido debe asumir una autocrítica. No lo digo por molestar a Pardo, pero la verdad es que en este momento el liberalismo tiene menos del 5% del electorado como usted dice. Eso amerita preguntarse qué pasó. ¿Si no es política directa, qué va a hacer?Lo que siempre he hecho, que es política a base de ideas, de iniciativas, de abrir espacios, de debatir y poner a la gente a pensar en foros que voy a adelantar. ¿Cuál cree usted que debería ser la definición ideológica del liberalismo?Al contrario de las sandías, el Liberalismo es rojo hacia fuera y verde hacia adentro. En la superficie es social-demócrata, pero ya no le están creyendo y hacia adentro es verde, porque está en una cosa absolutamente vaga, sin asumir posiciones, sin buscar los sectores sociales y sin representar lo que son hoy las nuevas expresiones de la dinámica social colombiana, como pueden ser por ejemplo las madres cabeza de familia, los desplazados por la violencia, la gente sin tierra. Está en un centro que ya no le dice nada a la gente. Entonces, ¿esa responsabilidad también sería del ex presidente Gaviria que dirigió el Partido durante años? Pardo es de alguna forma la prolongación de Gaviria. Pero sucede que nadie ha manejado con generosidad el tiempo que ha estado en el partido, sino que se ha propiciado la exclusión de la gente. Yo propuse la jefatura única de Gaviria porque creía que era un gesto de unidad para apoyar a Serpa. Posteriormente avalé la candidatura de Pardo, pero después, en vez de abrir un compás de espera para que –como lo hizo López en su momento-, el Partido hiciera una autocrítica, se renovara y encontrara condiciones de unidad, se aferró a la dirección y de ahí no quiere salir. Muchos piensan que Uribe está hablando demasiado. ¿Es inevitable un choque frontal con Santos?El problema es que Uribe es atípico y ha roto con todos los esquemas. La tradición colombiana es que todo presidente que sale le deja a su sucesor un período de gracia para que pueda hacer los ajustes que quiera, plantear sus propuestas y, después de un año o año y medio, pueda marcar las distancias. Pero a Santos, Uribe no lo ha dejado ni respirar desde el 8 de agosto y me parece que está cometiendo un error porque la gente votó, no necesariamente contra Uribe, pero sí por una cosa distinta. ¿Por qué está apoyando a Santos?Apoyo cosas que ha hecho al comenzar su gobierno: las rectificaciones en materia de Derechos Humanos y la lucha contra la corrupción; él lleva 20 años en el tema del Buen Gobierno, que no era un cuento chino. Hay cosas que apoyo en materia de política internacional, de derechos humanos, de relaciones equilibradas con Estados Unidos, rectificaciones muy importantes. ¿Está incómodo con el conservatismo en la Unidad Nacional?Es que Uribe es el jefe natural del Conservatismo y no se siente incómodo en ese papel, porque hace mucho tiempo renunció a ser un jefe liberal. Yo creo que el conservatismo, no como fuerza de extrema derecha, sino como fuerza de derecha institucional, razonable, es una opción válida, pero, precisamente por eso, pienso que sería interesante construir otra como la que yo pienso que se puede abrir camino. ¿Ahora que Santos ha dicho que cree que no habrá reelección santista, piensa que, después de tener tanto poder, Juan Manuel resistiría esa posibilidad?Santos es más estratega que Uribe. Él es consciente de que, para que la reelección no se convierta en otra pesadilla, las posibilidades de reelección no deben depender de lo que él haya hecho como persona, sino de lo que la gente piense que ha hecho como presidente. Creo que él está clarísimo en eso, como no lo estuvo Uribe y eso fue, prácticamente, lo que hundió su reelección. El Mindefensa dijo que en Venezuela no hay Farc, mientras que, al salir, Uribe aseguró que sí y armó un tierrero. Hay críticas frente a un supuesto ‘apaciguamiento’ frente a Chávez... Es claro que a Santos le ha dado mucho mejor resultado la política de llevar a Chávez por las buenas y no por las malas. El plan de Uribe de establecerle bases militares a Chávez sobre el Orinoco, desde Colombia, de hacer adquisiciones de armamentos con ‘fines disuasivos’, de bloquear las relaciones económicas, de denunciarlo judicialmente ante la OEA, produjo resultados totalmente contraproducentes y no solamente debió motivar a Chávez a darles alguna forma de apoyo a las Farc, - en la idea de que el enemigo de tu enemigo es tu amigo-, sino que acabó con la relación entre los dos países. ¿Pero cómo desechar el peligro de que cuadros de las Farc en Venezuela se armen hasta los dientes y reingresen al país a hacer de las suyas?Seguramente ya estaban formados y a Chávez no le preocupaba tanto como ahora le preocupa. Para entender a Santos, - y tampoco soy santólogo- hay que advertir que lo que está haciendo es ‘santismo’, en el sentido histórico de la palabra, que proviene de la época de su tío-abuelo, el ex presidente Eduardo Santos. Hay dos grandes tendencias dentro del partido liberal: la santista y la lopista. La primera tiende a la conciliación, a girar alrededor de soluciones, a no producir demasiado ruido, a mantener una relación equidistante en términos internacionales. Es una manera legítima de entender la política, que Santos está reeditando. Se oyen grandes críticas a las actividades del Vicepresidente. ¿No le parece que es sencillamente idiota pensar que Angelino pueda tener agenda propia y actuar sin el visto bueno de Santos?El Vicepresidente toma el espacio que le da el Presidente. ¿Qué es lo que pasa? que en ocho años el país se desinstitucionalizó y los ministros desaparecieron. Ahora vuelve a haber ministros, lo que es uno de los activos a favor de Santos. ¿Le parece que el gabinete es tan bueno como dicen?Al menos hay ministros actuando y me parece que eso le da tranquilidad a la gente, porque es reinstitucionalizar el gobierno. Tengo algunos reparos sobre el de Hacienda, muy ortodoxo para mi gusto, muy neoliberal. No veo al de Protección Social ejerciendo un papel protagónico en su campo y veo a Rivera tratando todavía de penetrar las estructuras militares, que son bastante cerradas, por cierto. Usted parece convencido de que Santos dialogará con la guerrilla...En mi gobierno me tocó sufrir la convicción de Santos a ese respecto, ya que quería hacer la paz a las buenas o a las malas, pero creo que él siempre ha estado en el tema de una salida política al conflicto. Ahora, creo que le hemos hecho un flaco favor al tema de la paz reduciéndolo a un acuerdo con las Farc. Este país necesita una política de reconciliación porque nos estamos matando no sólo con las Farc, sino entre nosotros. ¿Y qué lo hace pensar que la guerrilla estaría interesada ahora, cuando en el pasado no ha hecho sino poner conejo?Para ser justos, Uribe cambió el equilibrio de fuerzas. De otra parte, el restablecimiento de relaciones con Venezuela y Ecuador de alguna manera ha llevado a que éstos gobiernos les quiten el oxígeno y ése es un factor a favor de la negociación. En tercer lugar, creo que con buen juicio, Marulanda dejó encargada de las Farc a la línea política con Cano, Catatumbo y Reyes, y no a la línea militar de Jojoy. Finalmente, no se puede desconocer que Santos tiene más inclinación por una salida política que la que podía tener Uribe.El presidente Santos dice que le están respirando en la nuca a Cano. ¿Si le dan de baja qué pasará con las Farc?Entra Catatumbo o entra otro. Las Farc, funcionan como una estructura jerárquica, demasiado cerrada para algunos, pero sigue habiendo una jerarquía, lo cual no está mal si de lo que se trata es de hacer un acuerdo. Si no hubiera estructura, sería casi imposible manejar el tema. Se habla de una especie de ‘trinca’ entre varios sectores políticos para crear la percepción de que este gobierno ha bajado la guardia en materia de seguridad y que el Ejército se siente vapuleado, como dijo Uribe. ¿Es cierto el malestar en las filas castrenses?Esa es parte de la estrategia conspirativa de los sectores duros del uribismo. Es claro que para unos de sus miembros, no digo que todos, el mantenimiento del alto perfil en materia militar, de la estrategia de la guerra y de la inversión en defensa, es la alternativa para acabar con el tema de las Farc , y yo creo que están equivocados. Si hubiera ganado Mockus, entendería esa preocupación, pero habiendo sido Santos ministro de Defensa, estrella de Uribe y habiendo sido elegido con los mismos votos, no tiene sentido. Lo que pasa es que Santos está haciendo unas acotaciones que están legitimando las tareas que cumplen las Fuerzas Armadas: no más falsos positivos, no más violaciones de Derechos Humanos. A mí me parece que cuando Santos le da garantías a Piedad doce horas después, para que continúe el proceso y devuelvan los secuestrados que faltan, ha entendido perfectamente su responsabilidad, que no es solamente el rescate militar, sino facilitar la salida humanitaria de la guerra, a gente inocente. Eso no se veía en el gobierno de Uribe y creo que ahí hay un matiz importante.

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