¿Es hora de darle un vuelco a la diplomacia colombiana?

Septiembre 06, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Olga Lucía Criollo | Reportera de El País
¿Es hora de darle un vuelco a la diplomacia colombiana?

La visita de diplomáticos acreditados en Bogotá a la frontera, en compañía de funcionarios del gobierno Santos, fue interpretado como un gesto positivo, después del fracaso en la OEA.

Analistas consideran que tras lo sucedido esta semana en la OEA, el Gobierno debe replantear la estrategia exterior. ¿Qué camino tomar?

Fracasó la diplomacia colombiana. Esa fue  la conclusión a la que muchos compatriotas llegaron luego de que  el Consejo Permanente de la OEA no aceptara programar una  reunión  para analizar la crisis que se está registrando en la frontera con Venezuela.

Una conclusión que, además, ha revivido la decepción que el país sintió en el 2012, cuando el país  perdió una importante porción de mar territorial  en un litigio interpuesto por  Nicaragua ante  la Corte Internacional de Justicia. 

Pero que contrasta con el hecho de que la canciller  María Ángela Holguín fue escogida por diversos sectores como la funcionaria estrella del  primer mandato del presidente  Juan Manuel Santos.

Lo cierto es que, al hacerle un corte de cuentas a la diplomacia colombiana, los expertos coinciden en que si bien no es momento para cambiar a la titular del Ministerio de Relaciones Exteriores, lo ocurrido con Venezuela sí ha dejado en claro que el Gobierno Nacional debe replantear su política internacional.

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Una de las razones por las que muchos colombianos vieron con buenos ojos la llegada a la Presidencia de  Juan Manuel Santos, en 2010, fue porque el país iba a salir del aislamiento en el que se encontraba con respecto a sus vecinos, debido a la actitud “pendenciera” de su antecesor, Álvaro Uribe.

“Aliviar las tensiones existentes con Venezuela y Ecuador fue una cosa importante en su momento y naturalmente tuvo efectos positivos para las relaciones internacionales de Colombia”, sostiene el excanciller Julio Londoño Paredes.

 En su opinión, esos efectos positivos se relacionan principalmente con el apoyo que otros  estados del continente y de fuera de él le han  dado al proceso de paz con las Farc. “Creo que fue un gran logro y que ha tenido el efecto de facilitar la continuación de las negociaciones con las Farc en La Habana”.

Javier Garay, docente investigador de Ciencias Políticas en la Universidad Externado de Colombia, coincide con Londoño en que Santos intentó desmarcarse de la política exterior de Uribe y “cambiar la imagen de país problemático”, acercándose también a Europa.

“Sin embargo, el exceso de confianza del Presidente, en el sentido de que solo a través de una imagen diferente se podían solucionar todos los problemas, no le ha dado resultado y el caso más evidente es la relación con los vecinos, incluido Panamá”, añade.

En ese mismo sentido, Vicente Torrijos, politólogo de la Universidad del Rosario, no duda en calificar de “errática” la diplomacia colombiana. “La política exterior de este Gobierno no ha tenido un rumbo claro y eso ha llevado a que en cada episodio se improvise y se responda con un sentido coyuntural, de manera reactiva y sin estrategia”.

Según este docente de Ciencias Políticas, la política exterior también ha sido equivocada porque ha ignorado el significado de  términos como democracia, dictadura y grupo terrorista.

 “Hemos perdido de vista que Nicaragua, Venezuela y Cuba son  gobernados por regímenes totalitarios muy diferentes al nuestro, y que cuando uno se vuelve el ‘mejor  amigo’ de esos gobernantes, generalmente termina perjudicado por ellos”, señaló.

Precisamente, respecto al manejo que el Ministerio de Relaciones Exteriores le ha dado al tema del diferendo limítrofe con Nicaragua sí parece haber una mirada más favorable hacia la gestión de María Ángela Holguín.

El excanciller Londoño, por ejemplo, insiste en que allí se aplicó una política de Estado seguida por once gobiernos diferentes y que al de Santos solo le  correspondió recibir el fallo de la Corte  Internacional de Justicia. “La verdad es que Colombia salió bien librada en el fallo, porque las principales pretensiones de Nicaragua fueron rechazadas”.

“Más que de la diplomacia, el fracaso fue de la capacidad  de defensa del Estado colombiano en términos de derecho internacional; fue un error grave pero histórico”, dice, a su vez, el profesor Garay.

Pero en su línea más crítica, su colega Torrijos afirma que “los próximos litigios también los vamos a perder”, porque, según él,  el Gobierno no ha querido entender el verdadero propósito que mueve a la llamada Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, Alba.

“Colombia es la pieza del rompecabezas que falta para que ese proyecto -que pasa por Managua, La Habana, Caracas y las Farc- prospere, como muy en claro lo dejó el presidente Maduro hace poco,  cuando anunció la   creación de las zonas operativas de defensa integral marítimas”, explicó.

Por ello, para el catedrático Garay el tema de los diálogos con la guerrilla no puede extraerse de las cinco medidas “concretas e inmediatas” que debe tomar el Gobierno colombiano frente a la actual crisis con Venezuela.

“Debe cancelar la condición de facilitador que tiene Venezuela en el proceso de paz de La Habana, debe cambiar la sede de los diálogos, debe sacar a Colombia de Unasur, debe congelar (no romper) las relaciones con el vecino país y debe militarizar la frontera”, sostuvo.

Y aunque tiene una posición más conciliadora, el  excanciller Londoño sí acepta que de cara a  la reunión de la OEA hubo un error de diplomacia “puntual” de la Cancillería, al no contar con votos extras “porque nos fuimos a la reunión dependiendo solo del voto de  Panamá”.

“Pero eso nos lleva al segundo punto  y es que las organizaciones multilaterales están sobrevaloradas, porque en el imaginario colectivo aún se cree que son neutrales, que realmente se preocupan por valores adicionales a los intereses de los Estados y lo que evidencia el fracaso de Colombia es que no es así”, afirma.

De ahí que proponga que, ante la imposibilidad de hacer algo contra el poder de “extorsión” del Alba, el Gobierno debe fortalecer espacios como la Alianza del Pacífico. “Allí es donde deben confluir los intereses colombianos, y en relaciones unilaterales, con México y Chile, por ejemplo, y restablecer la relación con aquellos que son aliados naturales, como Panamá”.

Igual de pesimista es Garay frente al actuar diplomático de Colombia: “Si el objetivo es mostrar la crisis ante el mundo, entonces que sigan con la estrategia de ‘llevemos el caso dónde sea’, pero si el objetivo es solucionar la situación en la frontera, no creo que vaya a tener éxito ni siquiera en la CPI porque allí las decisiones también son políticas. Además, qué país de Europa va a discutir un tema fronterizo entre Colombia y Venezuela, cuando ellos tienen el mismo problema y lo que se ha evidenciado es que de fondo, en el mundo, hay una invasión negativa de la migración”.

 Aciertos y  erroresPara algunos analistas, el que la Unión Europea  esté a punto de quitarle la visa  Schengen a los colombianos es un logro de la Cancillería, en cabeza de María Ángela Holguín, que ha actuado con diligencia frente al tema.Sin embargo, otros como Vicente Torrijos  sostienen que ese es un trámite técnico que se origina en los acuerdos para los tratados de Libre Comercio que la Unión firmó con Colombia y Perú. La organización de la Cumbre de las Américas  en el 2014 y de la Alianza del Pacífico en Cali y Cartagena también son mencionados como puntos favorables de la gestión Holguín.Entre los desaciertos está el conflicto que se dio  con Panamá en el 2010, debido a que Colombia incluyó al vecino país en la lista de paraísos fiscales.”No fue un acto de  agresión como tal, pero sí un hecho  poco diplomático entre  países que han sido aliados. Se dio por una obsesión por el gasto público por parte del Gobierno, que terminó por subordinar la  política exterior, lo cual fue un grave error”, conceptuó el docente Javier Garay.
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