Opinión: Aprender de los errores

Mayo 07, 2017 - 07:45 a.m. Por:
Benjamín Barney / Especial para El País

Para principiar, el mal llamado Bulevar del Río no es tal, ya que no es “un paseo central arbolado de una avenida ancha” que es como define bulevar el diccionario y como lo conocen los urbanistas.

Por lo contrario, se ocupó su eje central con chimeneas y bancas, y los grandes árboles sencillamente no se dan “sembrados” en la cubierta de hormigón de un amplio paso subterráneo, quedando apenas un paseo peatonal. Que además no se debería llamar ‘del Río’ sino ‘de la Avenida Colombia’, y probablemente, con sus ochocientos metros, sea uno de los más largos del país, lo que no necesariamente es lo más acertado, pues solamente es peatonal y no va de una parte de la ciudad a otra.

Eliminar totalmente el tránsito de vehículos es un error, pues estos les dan a las avenidas, y especialmente a los bulevares, seguridad y animación. Otra cosa es restringirlo a carros y taxis, y desde luego tendría que tener ciclovias, pero pasar buses grandes del MIO fue otro error, pero equivocadamente los quitaron, en lugar de poner buses más pequeños y lentos.

Por otro lado, los materiales usados no solo son desagradables a la vista y calientes al tacto sino que van a tener una muy mala vejez, y lo indica el deterioro que ya comienza a verse, como igualmente está pasando con lo que se está haciendo al otro lado del río, parque lo llaman mal, que por lo demás es aplazado sucesivamente.

Lo positivo del mal llamado Bulevar es que pone de manifiesto la urgente necesidad que tiene Cali de andenes, amplios, sin obstáculos y arborizados, y por su parte el mal llamado “túnel” de la Avenida Colombia, al descongestionar el tránsito vehicular por Centenario, permite que los que prefieren circular con luz y ver edificios, árboles y gente lo puedan hacer como antes por dicho barrio, e incluso, llegar más rápido al Norte.

Pero creer que ese sector de la Avenida Colombia se iba a llenar inmediatamente de restaurante, cafés, bares fue ignorar que esta avenida nunca tuvo en toda su extensión mayor actividad comercial, como no lo suelen tener casi nunca las vías frente a ríos, lagos o el mar.

Por lo pronto, habría que volver a poner a circular el MIO, con los cambios necesarios, y lo mismo carros y taxis, pero más adelante se tendría que hacer un acceso desde la Avenida Colombia paralelo a la bajada al paso subterráneo. Y definir mejor, como espacio peatonal, la franja que da contra el río, en tanto la otra que quede como andén de los edificios existentes en ese sector. Y lo que sí habría que impulsar es la pronta remodelación de varios de esos edificios para hoteles, antes de que sean abandonados, como ya sucedió con el de la Colombiana de Tabaco, uno de los bienes de valor patrimonial de Cali, que ahí sigue sin ningún uso significativo y ya bastante olvidado por todos.

Ojalá quede como conclusión que este tipo de proyectos no se pueden adjudicar a dedo, sino ser concursos públicos, con jurados idóneos, conocedores y con experiencia en el tema, pues de lo contrario no sirven de gran cosa. Es el caso, entre otros, de las estaciones del MIO.

Infortunadamente, aquí muchas veces estamos atrapados por la necesidad de sentir que se está en lo correcto y miramos, pero no vemos, y ya decía Confucio que cometer un error y no corregirlo es otro error. Pero afortunadamente, en este caso es posible subsanarlos, mas, primero, hay que reconocerlos, para que no continúe siendo el bulevar de los sueños rotos, ya que no sigue lo correcto, acertado o verdadero.

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