Las 'Prostitutas' de Fernell Franco, en el museo Reina Sofía de España

Las 'Prostitutas' de Fernell Franco, en el museo Reina Sofía de España

Noviembre 28, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Texto: Catalina Villa | Video: Katherine Arredondo I Animación: Jhonatan Herrera I Diseño: Diego Sánchez

Diez piezas de la serie ‘Prostitutas’ del fotografo caleño Fernell Franco, realizadas en 1972, hacen parte de la colección del Museo Reina Sofía de España.

Click, las putas. Así rezaba la primera frase del texto que, impreso en un bellísimo afiche color sepia, promocionaba su primera exposición individual realizada en la mítica Ciudad Solar de los años 70. El texto era obra de Hernán Nicholls, su jefe en la agencia Nicholls Publicidad, pero sobre todo el cómplice de esa mirada que ya para entonces intuía excepcional. La exposición: una serie de fotografías en blanco y negro sobre las prostitutas del barrio La Pilota en Buenaventura. Un poco a manera de crónica, pero también de documental, las fotos daban cuenta, entre la penumbra y la luz, de un mundo sórdido y melancólico humedecido por el mar: mujeres de vientres ruinosos hacinadas entre paredes sucias de olvido; niñas de cinturas anchas y sueños perdidos apiladas sobre colchones sin sábanas; adolescentes de vidas tan descascaradas como los muros que las acogían. Muchos años después, en su casa del barrio Centenario, el fotógrafo Fernell Franco le explicaría a la curadora María Iovino cómo las prostitutas siempre habían hecho parte de su entorno. “En mi pueblo natal las prostitutas estaban cerca de la plaza central, a donde iba a acompañar a mi padre a cuestiones de trabajo; en Cali, para ir al colegio, todos los días atravesaba de ida y de vuelta el barrio en el que trabajaban, y entre ellas asistí a las primeras fiestas en el mismo barrio. También, cuando salía de paseo con mis amigos, siendo un adolescente de 12 o 13 años, conocí el momento álgido de rumba y prostitución en el puerto de Buenaventura, al que viajábamos para visitar a la familia de uno de mis compañeros de barrio, que trabajaba en el negocio de la madera, y de paso para ver el mar”. No es de extrañar, entonces, que en 1972, paralelamente al trabajo que adelantaba como fotógrafo publicitario, Fernell Franco decidiera realizar esa serie de fotografías artísticas y experimentales en los burdeles del puerto. Él, que de niño había migrado del campo a la ciudad, sentía la necesidad de ir en busca de ese recuerdo que llevaba grabado en su memoria. Durante meses, el hombre delgado de pelo lacio y barba insipiente viajó con su cámara todos los fines de semana para fotografiar a las prostitutas de La Pilota. Las mismas que al principio fueron hurañas, claro, pero de las que supo ganarse su confianza hasta convertirse en su amigo. “Les llevaba regalos y leche para sus hijos”, le contaría Fernell a Iovino. En últimas, lo que él quería captar eran esos momentos íntimos y cotidianos de las personas comunes; buscaba en ellas “la verdad de la vida que no tiene maquillaje, así fuera ruda y violenta”.Esa verdad sin velos, desprovista de cualquier adorno, es quizás una de las razones por las que, cuarenta años después, esta obra sigue cautivando a quienes se le aproximan. Así sucedió en junio pasado en PhotoEspaña 2011, en donde fue expuesta con el título ‘Cámara ardiente’, bajo la curaduría de María Wills. Y así sucedió con la junta del Museo Nacional y Centro de Arte Reina Sofía de España que, tras ver la obra expuesta en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, tomó la decisión de comprar nueve piezas para integrarlas a la colección permanente del Museo. La noticia no es poca cosa: Fernell Franco es uno de los contados fotógrafos latinoamericanos en hacer parte de la colección de este museo que, entre otros, alberga al famoso ‘Guernica’ de Picasso, así como obras de artistas de la talla de Georges Braques y Alexander Calder. En fotografía se encuentran trabajos de pioneros de las vanguardias artísticas como Brassai y Bellmer, hasta nombres más contemporáneos como Robert Capa, Alberto García Alix y Cindy Sherman. El artistaLa ‘conquista’ de Fernell Franco a España fue como su vida misma: discreta, tímida, silenciosa. Y, sí, lamentablemente tardía. Porque si bien este caleño fue reconocido como un gran fotógrafo publicitario -maestro, así lo llamaban sus colegas-, su obra no siempre trascendió como arte. Quizás el primero en intuir al artista que se escondía tras el reportero gráfico fue el curador Miguel González quien, justamente al reseñar ‘Prostitutas’, señaló cómo esta lograba acentuar el aspecto artístico por encima de la simple foto de investigación. “Hay juegos cromáticos en su obra. Repetición de elementos seriales. Utilización del collage cuidadoso para trampear la realidad, o para destacarla. Juego premeditado de la luz y la sombra, regulado en el laboratorio. Filtros y soluciones destinados a desempeñar un papel significante... Su obra resulta esmeradamente clásica, elegante y pacífica”. Sin embargo, sería la investigación de María Iovino, historiadora de arte latinoamericano y curadora independiente, la que marcaría el inicio de su reconocimiento internacional. Durante tres años Iovino se dedicó no sólo a conversar con Franco sobre las motivaciones de su trabajo sino a recuperar parte de su archivo, desentrañando así el significado y la importancia de una obra que había permanecido desconocida y oculta. El resultado fue la publicación de ‘Otro documento’, catálogo de la exposición itinerante que con el mismo nombre se realizó en Cali en 2004. Dicha muestra -lo señaló la misma Ioivino- tuvo repercusiones en eventos como PhotoEspaña (Madrid, 2005), el Festival de la Luz de Buenos Aires (2004) y en FotoRio (2005), “escenarios desde los cuales la obra del artista comenzó a cobrar un destacado lugar en el ámbito internacional”. Pero a Fernell se le adelantaría la muerte. Falleció en enero 2006 sin intuir el vuelo que emprendería su obra. Para la bogotana María Wills, curadora de arte del Banco de la República y quien fuera invitada por PhotoEspaña 2011 para presentar en Madrid la obra del artista vallecaucano en junio pasado, el significado de que hoy las fotografías de Fernell circulen por el mundo y parte de ellas hayan sido adquiridas por el Reina Sofía es inmenso. “Si bien Franco ya había estado en PhotoEspaña, la de este año fue su primera exposición individual como artista. Y su gran valor, entre muchos otros, radica en que esta serie denota la experimentación que realizó Franco para traspasar los límites de la fotografía documental”. Wills, quien califica la obra de Franco como impactante y única, asegura que tras este reconocimiento, es muy probable que su obra siga su periplo hacia otros museos internacionales. Pero ¿cómo es posible que una obra desconocida por tantos años haya llamado la atención de un museo que alberga monstruos, ya lo dijimos, como Picasso, Capa y Brassai? Detrás de esta histórica de compra se encuentra el trabajo silencioso pero permanente de una de sus hijas, Vanessa Franco, una diseñadora gráfica y también fotógrafa que durante años acompañó a su padre en el oficio y que, tras su muerte, se propuso preservar y divulgar su legado. +Para ello, junto con su hermana Sabrina y Martha Izquierdo, la segunda esposa de Fernell, creó la Fundación Fernell Franco. Durante los primeros años, la Fundación logró catalogar, clasificar y conservar más de 23.000 negativos y 2.600 piezas impresas. “Una cosa que descubrimos es que Fernell hacía hasta 50 o 60 estudios para una sola obra final”, cuenta Vanessa. Además del trabajo de catalogación y conservación, que le demandó casi dos años de trabajo de tiempo completo, Vanessa ha liderado los contactos con museos nacionales e internacionales buscando divulgar su obra. Los frutos se concretaron primero con la serie ‘Amarrados’ que, bajo el título Bound, fue presentada en septiembre de 2009 en la sede de Americas Society en Nueva York. Luego el turno sería para la exposición ‘Una impecable soledad’, dentro del programa de Homenajes Nacionales del Ministerio de Cultura, celebrada en febrero de este año en el Museo Nacional, en Bogotá. Otro de los objetivos que ha buscado la Fundación, particularmente en el último año en el que se empezó a vender su obra, es que ésta no sólo quede en manos de coleccionistas privados sino en colecciones institucionales que posibiliten su promoción. En ese sentido, el contacto con la galerista española Magda Bellotti fue clave, pues fue ella quien presentó ante el Museo Reina Sofía la serie ‘Prostitutas’ que, estando en España bajo el nombre de ‘Cámara ardiente’, pudo ser vista por miembros de la junta. “Magda me había advertido de lo difícil que sería llegar al Reina Sofía. Sobre todo porque la obra de mi padre no estaba en ninguna otra colección importante”, cuenta Vanessa. Sin embargo, la insistencia de una hija que busca preservar la memoria de su padre, sumado al interés y el conocimiento del medio de la galerista, lograron lo impensable: que el Museo adquiriera nueve piezas de Fernell Franco. La décima fue donada por la Fundación al Museo. Horacio Martínez, profesor de la Facultad de Bellas Artes de Cuenca en España y asesor de la colección de fotografía del Museo Reina Sofía, coincide en que la labor no fue fácil. “Si bien para mi Fernell Franco es uno de los mejores fotógrafos latinoamericanos de la segunda mitad del siglo XX, existen muy pocas monografías sobre él, lo que jugaba en su contra. Pero, como caso excepcional, su obra ya había estado dos veces en PhotoEspaña. Fue entonces cuando di mi recomendación sobre su obra, que siempre me ha llamado la atención por su singularidad. Está establecido que cada propuesta debe pasar por la aprobación del departamento de colecciones y por el director del Museo. Y finalmente por una reunión del patronato que aprueba o no las compras sugeridas. En el caso de Fernell la respuesta fue positiva”, comenta Martínez. Un poco más de un mes después de la noticia, sentada frente al computador de su casa, Vanessa Franco admite que aunque este logro en España la tiene emocionada, aún no deja de sorprenderla. “Imagínate, es que mi papá nunca pudo vender una de sus obras personales. Claro, vendía una que otra foto de las Haciendas, o las de las fachadas, pero nunca pudo vender su obra más personal, la de sus series. Es que ¿quién iba a querer tener una prostituta en la sala de su casa?”.

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