Exclusivo: el millonario fraude que circula en ambulancias de Cali

Febrero 18, 2017 - 07:22 p.m. Por:
Unidad Investigativa de El País
Ambulancias en Cali negocio

Fuentes aseguran que muchas de las ambulancias fantasmas que venían circulando en Cali se han sumado a Ambulancias J1 para lograr la habilitación y continuar prestando el servicio del Soat.

Archivo de El País

Al menos tres de cada diez ambulancias que transitan a diario por las calles de Cali con las sirenas encendidas y a alta velocidad, van camino a defraudar al Soat con falsos heridos en accidentes de tránsito.

Esas son las cifras que estiman algunas compañías de seguros sobre un fenómeno que deja anualmente pérdidas por más de $160.000 millones en todo el país, de acuerdo con la Federación de Aseguradores Colombianos, Fasecolda.

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La piedra angular en este ‘negocio’ es una flotilla de ambulancias que hace parte de las 298 que están habilitadas en Cali para prestar el servicio y que se ha dedicado a perseguir accidentes de tránsito o preparar falsos heridos cuando la demanda es insuficiente. Finalmente lo que buscan es facturar.

Son incalculables las veces que los caleños le abrieron paso a alguna ambulancia que lleva un falso herido en accidente de tránsito. El ‘accidentado’ en realidad sufrió una caída en su casa; otros resultaron golpeados en alguna riña y figuró luego como arrollado por un carro fantasma o, incluso, algún joven de sectores vulnerables a quien rasparon con una lija para ingresarlo como paciente lacerado por supuesta caída de moto.

David* trabajó varios meses en la Clínica Colombia y se percató un día que llegaban ambulancias con muchachos embarrados por caídas de moto y al lavarlos con solución salina no presentaban lesión. “Yo devolví varios porque no es lógico que una persona de 70 u 80 kilos caiga contra el pavimento, se vuelve nada la ropa y no tenga ni una raspada”.

Los mismos pacientes revelaron que empleados de ambulancias se van a sectores vulnerables de la ciudad y consiguen jóvenes necesitados para lijarlos, presentarlos como caídos de motocicletas y por eso les pagan entre $40.000 y $50.000, mientras la ambulancia le cobra a la clínicas $140.000; lo que ya se conoce como el ‘cartel de la lija’.

“Llegaba gente con heridas mínimas y se facturaban hasta derechos de cirugía y anestesiólogo; un lavadito sale hasta por un millón de pesos, si se justifica bien. En el informe se pone ‘quemadura por fricción’, ‘contaminada con exposición de tejido graso’ y la persona aparece limpia y sin riesgo de infección, pero a un costo alto para la aseguradora”, revela el médico.

Después de la costa Atlántica, el Valle es la región que registra mayores pagos por falsas víctimas de accidentes de tránsito. No obstante, Ángela Húzgame, directora de la Cámara del Soat de Fasecolda, le dijo a El País que “se estiman en más de $80.000 millones los intentos de fraude al año que se logran identificar y evitar su pago”.

La preocupación de las aseguradoras, que han empezado a restringir la venta de seguros para moto en algunas zonas del país, es que el fenómeno va en aumento y es imposible identificar casos como el de Diego Cardona, a quien se le accidentó un trabajador ocasional mientras realizaba un trabajo en su vivienda en zona rural de Cali.

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“El señor se cayó del techo y quedó muy grave; la ambulancia lo recogió y lo llevó a una clínica, me reservo el nombre, y el mismo paramédico nos dijo que si teníamos un Soat era mejor que lo presentáramos como accidentado para que lo atendieran rápido. El hijo del señor pasó el Soat de su moto y con ese lo atendieron tres días; hasta que finalmente falleció”, cuenta.

Lo atractivo del Soat, explica el gerente de una empresa de ambulancias, es que solo atiende traslados de pacientes entre clínicas, “es que a uno por un traslado le dan $40.000 o $50.000 y esa factura la pagan a 90, 120 y hasta 150 días y muchas veces devuelven la factura; en cambio el Soat paga mucho más y en 30 días está la plata completa”.

Rapiña en las calles

En la cadena de la defraudación al Soat no solo cumplen un papel clave las clínicas que pagan a las ambulancias para que les lleve los heridos (entre $140.000 y $450.000). Otros eslabones los conforman algunos taxistas, guardas de Tránsito y policías.

Las tarifas son un secreto a voces: los policías o agentes de Tránsito que logren que una persona involucrada en un accidente se suba a la ambulancia para ser trasladado a una clínica, sin importar la distancia a la que esté ubicada ni la gravedad del paciente, reciben $50.000. Y los taxistas que reporten un accidente a las empresas de ambulancias ya conocidas, obtienen $30.000.

“Sabemos que esta red ilegal tiene coordinadores y grupos de whatsapp para informar sobre los accidentes; y ante la nueva medida de la Secretaría de Salud de que todo el envío de ambulancias se direcciona desde una central, lo que están haciendo policías y guardas es esconder los heridos”, denunció un paramédico.

“El policía es casi siempre el primero que llega al accidente y como la gente empieza a llamar ambulancias, están moviendo a pacientes no tan graves, con el argumento de que se quiten del lugar y se paren en otro lado para no tener que inmovilizarle el vehículo. Entonces llaman sus ambulancias. Cuando llega la que está autorizada, no encuentra a nadie”, aseguró la fuente.

Andrés Quimbayo, jefe de Guardas del Tránsito de Cali, aseguró que hasta el momento no han recibido ninguna queja al respecto. “Por lo general, primero llegan las ambulancias al lugar del accidente que los agentes de Tránsito”.

“Pero sí pediría que si alguien tiene algún soporte o pruebas de esta situación, nos las haga llegar para hacerle seguimiento, adelantar la investigación y ejecutar las sanciones a que hubiera lugar porque estamos hablando es de la salud de la gente”, aseguró el Jefe de Guardas.

Pese a que en la ciudad hay 65 empresas de ambulancias, muchas de ellas atendiendo solo accidentes de tránsito, casi nadie se atreve a denunciar cuáles son aquellas empresas que han encontrado en el Soat un negocio lucrativo.

Sin embargo, coinciden varios de ellos, en que quienes más señalamientos tienen por hacer parte de esa guerra del centavo es el Grupo Ambulancias J1 SAS. (Leer no ta anexa: ¿Quién es el ‘ Zar de las ambulancias?’)

“Nosotros solo hacemos traslado de pacientes y hace unos meses nos llamaron de ‘J1’ para que nos metiéramos al tema del Soat. Lo que nos propusieron es que ellos nos informaban el sitio del accidente, los trasladáramos a una clínica en específico, nos daban los formatos de historia para llenarlos con el logo de ellos y que cobrábamos en efectivo al frente de la clínica Colombia”, dijo el representante legal de una reconocida empresa de ambulancias.

Ante esta situación, consideran algunos sectores, es difícil que acciones como las que ha tomado la Secretaría de Salud de Cali para sistematizar y regular el servicio de ambulancias brinden una solución definitiva a este fenómeno.

Nelson Sinisterra, subsecretario de Servicios de Salud de la Secretaría de Salud de Cali, y quien viene liderando la regulación de ambulancias, indicó que no es tarea fácil la organización del sistema, pero que se ha dado un paso importante en ese sentido. “Aún hay cosas que no controlamos totalmente, pero las ambulancias y los caleños están tomando conciencia de la importancia de tener un sistema regulado”.

Desangre al Fosyga

Pero los falsos pacientes son solo algunas de las trampas que hacen los responsables de las ambulancias. Se ha encontrado también que muchos de los pacientes que se presentaron con Soat son ficticios o gemeleados.

En estos casos, los costos no recaen en alguna aseguradora ni los pierde la clínica o la ambulancia; quien asume el pago es el Fondo de Solidaridad y Garantía, Fosyga, con recursos públicos.

Las cifras de Fasecolda dan cuenta de que al cierre del 2016 estaban matriculados 12 millones 900 mil vehículos de toda clase en Colombia. Sin embargo, el parque automotor asegurado con Soat fue de 7 millones 885 mil vehículos. Es decir, en el 2016 circularon más de cinco millones de vehículos sin seguro.

La protección de pasajeros o víctimas de esos vehículos, junto a todos los pacientes reales o que han hecho pasar de manera fraudulenta como atropellados por un vehículo fantasma, también la asume el Fosyga.

El propio secretario de Salud de Cali, Alexánder Durán, reconoció que a través del Sistema Integrado de Comunicación, Sico, solo está atendiendo el 50% de los casos de accidentes que se cargan al Soat y que el otro 50% sigue siendo atendido a través de “ambulancias piratas”.

“Controlamos el 50% de las ambulancias que atienden accidentes con pago al Soat porque las clínicas están pagando para que les lleven los pacientes y los funcionarios se prestan para que les llegue algún tipo de dádiva”, aseguró Durán.

Por eso presentó seis denuncias ante la Policía y la Superintendencia de Salud contra algunos funcionarios y trabajadores de clínicas que estarían recibiendo o exigiendo dádivas para asignar ambulancias por fuera del sistema.

¿Quién es el ‘zar’ de las ambulancias?

A raíz de los señalamientos que ha habido en los últimos meses sobre la manera irregular como estarían operando algunas empresas de ambulancias en la ciudad, surge la duda sobre a quién pertenecen estos vehículos dedicados a atender a los pacientes del Soat.

El País consultó con varias empresas de ambulancias, con conductores y paramédicos sobre este mercado aún desconocido y hay un nombre que repiten constantemente: Jorge Enrique Useche Ríos, un joven empresario de 32 años y propietario del Grupo Ambulancias J1 SAS.

Las fuentes le afirmaron a El País que este señor actúa como una especie de aseguradora paralela, que es quien paga las comisiones a las ambulancias y que trabaja con una de las clínicas en el sur de la ciudad.

De acuerdo con el Registro Especial de Prestadores de Servicios de Salud, Useche Ríos registró su empresa ante el Ministerio de Salud el 12 de enero del 2016 y cuenta hoy con 21 ambulancias afiliadas, dos de ellas registradas a su nombre. Sin embargo, su empresa había sido creada solo diez días atrás con un capital de $20 millones, según los registros de la Cámara de Comercio de Cali.

Varias cosas llaman la atención de las ambulancias que controla Useche Ríos a través de Ambulancias J1. Una de ellas, que dos empresas que también figuran en el Registro Especial de Prestadores de Salud, como son la Clínica Oriente Ltda. y Servicio Inmediato a Pacientes Siap, le entreguen a un tercero el control de sus ambulancias para que manejen Soat.

También que el propietario de una de esas ambulancias es Miguel Ángel Sandoval Rengifo, quien en varias oportunidades ha hecho parte del cuerpo de guardas de la Secretaría de Tránsito de Cali, según documentos conocidos por El País.

Varios de los paramédicos que hacen parte del pool de ambulancias de Cali aseguraron que al menos dos guardas más tienen ambulancias a su nombre o el de sus familiares. “Eso no es ningún mito de que hay guardas con ambulancias; claro que los hay”, dijo una de las fuentes consultadas.

Entre los propietarios de las ambulancias adscritas a J1 figuran también algunos médicos y empresarios.

A nivel departamental, el Grupo Ambulancias J1 S.A.S tiene una filial en Buenaventura, donde también atienden accidentes de Soat con una ambulancia más.

En otras canastas

La Unidad Investigativa de El País encontró que el próspero negocio de Useche Ríos se extienden más allá del Grupo de Ambulancias J1.

Aunque ante el Ministerio de Salud la empresa Servicio Emergencia Básica Inmediata (Sebi) tiene al frente a Carlos Andrés Valdés Martínez, al consultar los registros de Cámara de Comercio quien figura como gerente es el mismo es Jorge Enrique Useche Ríos.

Lo llamativo es que con esta empresa solo tiene registrada una ambulancia de placas GQO076 y es de propiedad de la Clínica Burgos.

Igualmente, la empresa Atención Médica y Prehospitalaria del Valle, que registra seis ambulancias en el sistema, tiene el mismo correo electrónico de Ambulancias J1 y la misma dirección de correspondencia.
A través del Simit y de las multas de tránsito por más de cinco millones de pesos que no ha cancelado Useche Ríos, se pudo encontrar una tercera ambulancia a su nombre.

Sin embargo, la misma no está registrada en ninguna de sus empresas sino que es una de las seis ambulancias de la empresa Servicio de Urgencias Cali, que administra el grupo Herrota y Asociados SAS.
El País intentó comunicarse con Useche Ríos para saber cómo funciona el sistema de facturación con cobro al Soat, pero no fue posible, pese a que se dejó con su secretaria el número de contacto de la Unidad Investigativa.

Pero afuera de su oficina, ubicada en el cuarto piso de un edificio contiguo a la Clínica Colombia, es evidente el tránsito constante de paramédicos y conductores de ambulancias que llegan durante todo el día con historias clínicas, copias de Soat y de documentos de pacientes a ‘radicar’ las actas como si se tratara de una empresa aseguradora.

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