Cali está 'inundada' de transporte pirata

Cali está 'inundada' de transporte pirata

Julio 05, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Cali está 'inundada' de transporte pirata

Carros de todos los modelos, desde un Chevrolet Sail 2015 hasta modelos con más de 20 años de uso, se apuestan en la Carrera 10 con Calle 10. Desde el Centro conectan a toda la ciudad.

El Tránsito ha inmovilizado este año 1405 vehículos ilegales, 134 % más que en 2015.

La cifra asusta incluso a las propias autoridades de Tránsito: en lo que va corrido de este año han sido inmovilizados un total de 1405 vehículos que ofrecen transporte pirata en Cali. 

El jefe de Guardas de Tránsito, Nelson Delgado, revisa sus cuentas:  en todo el 2015 ese número fue de apenas 600 carros. El incremento, pues, en menos de un año, fue de  134 %. 

Y podría ser  más alto. Es que los guardas de tránsito de la ciudad no dan abasto, se lamenta Delgado. “Somos  350 agentes de regulación, pero solo 45 integran el equipo especializado para  perseguir piratas. Las jornadas inician  a las 5:30 a.m., cada día, incluso los domingos, pero nos quedamos cortos porque cada día aparecen más”. 

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Algunas veces, y como consecuencia “de lo desbordado que está el fenómeno del transporte ilegal”, los guardas recorren la ciudad vestidos de civil para identificar más fácilmente los puntos en los que se concentran  desde bicicletas que prestan pequeños recorridos dentro de los barrios hasta carros de gama alta que  ofrecen ‘carreras’ por una pequeña tarifa.  

Delgado ha visto lo impensable en esos operativos: autos Ford Fiesta modelo 2016, Spark Gt y Chevrolet Sail 2015 y camionetas SsangYong que lucen como recién sacadas del concesionario. “Uno se queda aterrado”, dice. “La conclusión  es que realmente el transporte ‘pirata’ es muy rentable”.

Que lo diga Martha Gómez, una madre de familia que vive en el barrio Nueva Floresta, en el nororiente de Cali.  

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Diariamente, la mujer se transporta en un motorratón que la lleva de su casa a su trabajo en el barrio Piloto,  centro de Cali. Por cada trayecto paga $3000, unos $1200 más de lo que cuesta un pasaje en bus. Pero  asume el costo: “para poder moverme entre mi casa y el trabajo necesitaría hacer cinco transbordos en el MÍO, que  me tomarían hasta hora y media. Un motorratón me cobra más, pero me transporta en apenas 10 minutos”, narra esta caleña que mensualmente destina para su transporte $370.000. 

Una situación similar vive Nancy Rojas,  empleada doméstica a la que es posible ver a diario, al terminar sus labores en un edificio de la zona, a bordo de  uno de los ‘piratas’ que hacen pista en la Carrera 70 con Calle 13, en el sur de Cali. “Prefiero eso a caminar las nueve cuadras que me separan de la Avenida Guadalupe, el punto donde pasa la ruta del MÍO que me lleva hasta mi casa en el Mariano Ramos”.

Justamente allí, a lo largo de la Carrera 56 —desde la Avenida de los Cerros hasta la Simón Bolívar—  es fácil tropezar con carros de todo tipo que prometen, por $2000, acercar a los pasajeros hasta el Oriente. El santo y seña es  el mismo: el auto baja la velocidad al pie del pasajero. ¿Hasta dónde va?    

La escena se repite en otros puntos: en la Autopista Simón Bolívar con Carrera 67, a la altura del barrio Ciudad Modelo, donde autos —en su mayoría con más de 20 años de uso— transportan a madres apuradas que van camino a su trabajo y estudiantes de colegio. También en la Calle 10 con Carrera 10, en pleno centro, en donde carros de todos los modelos ofrecen rutas al Sur, al Norte, al Oriente y a los barrios de ladera.

La oferta es igual de amplia en el ‘terminalito’ de Ciudad Jardín, en la Carrera 100, al comienzo de la Avenida Cañasgordas. Detrás de un alto edificio que domina el sector, se parquean  hasta 30 carros (varios de ellos tipo van) que ofrecen transporte a Jamundí por $2800 por persona hasta $11.500 si el usuario desea viajar solo.

Al llegar un potencial pasajero, un joven alerta a los ‘piratas’ a través de radio teléfono y, según el orden que ellos mismos se han asignado, va saliendo cada carro a ofrecer el servicio.

En el Oriente, los puntos de transporte ilegal de más alta congestión están sobre la Avenida Ciudad de Cali y en los barrios Compartir y Puerto Rellena. 

Hay ‘piratas’ también a lo largo de la Avenida Pasoancho, desde la Universidad del Valle; sobre la Carrera 50 hasta que desemboca en el oriente caleño, y en el sector de Valle del Lili, con  una modalidad que ha cogido fuerza en el último año: recorridos cortos en ‘bicitaxis’, usados especialmente por las amas de casa.  

Hay otros más a la altura de la Avenida Cuarta Oeste con Carrera Primera, en la vía que sube hacia  Normandía y barrios populares como Altos de Minas y Los Trejos; y en la entrada hacia el sector del Aguacatal, al pie del Parque del Ancla, sobre la Avenida Segunda Oeste. En ambos casos, el tipo de transporte  más común  son las motos. Después de entregar $2000, al pasajero le dan su propio casco.

Es el mismo servicio que se puede conseguir en la esquina de la Calle 5 con Carrera 52, donde una veintena de motos están dispuestas a transportar pasajeros hasta los puntos más encumbrados de Siloé: si el asunto es llegar hasta el Mirador, la tarifa se negocia en $3000. Si el pasajero debe llegar hasta La Estrella, el valor asciende a $4000.  Lo propio ocurre en las afueras del Club Noel donde las motos ofrecen transporte a barrios como Miraflores, Libertadores y San Cayetano.  

Para Janeth Mosquera Becerra, estudiosa del tema de la movilidad y profesora de la Escuela de Salud Pública de la Universidad del Valle, el aumento en el uso de transporte pirata “es una forma de protesta por la falta de eficiencia del MÍO”.

En su opinión, el sistema de transporte masivo de los caleños tiene fallas de “eficiencia y de cobertura. Una ruta tarda en pasar hasta más de 20 minutos y eso afecta al usuario en sus actividades cotidianas. Hay zonas de la ciudad donde la gente depende de una sola ruta. Y no habría problema con ello, de no ser porque esa ruta se demora en pasar”. 

Para la experta, la gente ha perdido confianza en el MÍO: “si al usuario le dicen que se va  a demorar una hora en su recorrido, pues este se programa y sale con tiempo. Pero si a esa hora debe sumarle media hora más esperando su ruta pues es sencillo: la gente busca la manera de transportarse de manera más eficiente”.    

Y agrega que el problema de fondo es que la ciudad ha crecido de espaldas a su responsabilidad de solucionar el transporte cotidiano. “Por eso es que muchos de los puntos de transporte pirata se encuentran en nuevos barrios como Valle del Lili o las nuevas urbanizaciones que han crecido hacia el Aguacatal”.

 

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