Política
Democracias disfrazadas: el nuevo rostro del autoritarismo en América Latina
Hay varios ejemplos de gobiernos que dicen ser democracias liberales, pero socavan las instituciones.

10 de ago de 2025, 04:21 p. m.
Actualizado el 10 de ago de 2025, 04:21 p. m.
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Desde hace casi una década, viene tomando fuerza en Latinoamérica, pero también en el orden mundial, lo que algunos escritores y analistas han llamado democracias disfrazadas, blandas, híbridas o democracias iliberales.

Pero, ¿de qué se tratan estas democracias encubiertas y cuáles son los peligros para un Estado de Derecho?
Para David Rosenthal, politólogo y analista internacional, esto tiene que ver con un sistema de gobierno que dice ser democrático, pero no lo es en realidad. “Es una simulación o engaño”, asegura.
Según dice, en esos regímenes “no hay elecciones libres y justas, no hay separación de los poderes propios del sistema liberal y democrático; no hay prensa libre ni libertad de pensamiento, incluso de culto, y no hay un Estado de Derecho real, ni participación ciudadana. El gran ejemplo sería el de Rusia”, señala.
Sin embargo, conservan dentro de su engaño sistemas como el parlamentario, con un congreso de papel, controlado por el gobierno. China es ejemplo de esto, agrega.
“Las democracias blandas manipulan a las instituciones para mantenerse en el poder y restringir la oposición”, expresa.
Por su parte, Enrique Serrano, profesor de la Universidad del Rosario, opina que el concepto de democracia disfrazada se refiere “a la mascarada de las votaciones y de las elecciones”.
Porque, explica, en una democracia disfrazada el cumplimiento estricto de las condiciones institucionales del Estado de Derecho “se encuentra suspendido, por decirlo así, o adaptado de modo caprichoso o conveniente a las condiciones del gobernante a sus valores o a las prerrogativas del mismo”.
Además, tiene como característica fundamental “el hecho de no querer abandonar el poder; hacer dentro de este y del Gobierno todas las jugadas precisas, todos los movimientos institucionales y políticos, incluso económicos, que convengan a su intención de perpetuarse en el ejercicio del mismo”.

Daniel Michaels, abogado internacionalista y docente de la universidad EAN, manifiesta que este es un fenómeno que se ha dado muy fuerte en América Latina.
Y explica que esas democracias disfrazadas o liberales, lo que hacen es combinar procedimientos que son parte de los regímenes democráticos, pero realmente lo que están haciendo es debilitando las estructuras.
“Es como cuando usted tiene un edificio con una fachada muy bonita, pero por debajo se están demoliendo las estructuras o las bases que mantienen esa edificación”, dice.
Advierte igualmente que en América Latina hay toda una cantidad de indicadores que van mostrando cómo hay países que están entrando en democracias disfrazadas.
“Temas como las limitaciones a la libertad electoral, que son muy sutiles; el sesgo en el financiamiento estatal a las elecciones; las restricciones legales a los candidatos, etcétera”, menciona.
Otro indicador es cuando se pierde la independencia judicial. “Cuando los gobiernos no acatan las decisiones que toman en su contra los jueces, o cuando la mayoría de los jueces y las autoridades que van a ejercer el tema judicial son designados por el Gobierno, o son personas propuestas por diferentes partidos políticos; Eso limita la libertad judicial”, subraya Michaels.
Pero también cuando se coarta la libertad de expresión y la libertad de prensa.
En el subcontinente
En América Latina esta tendencia se expresa tanto en partidos de derecha como de izquierda.
Las de países como Venezuela, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Perú, y Brasil en su momento con Bolsonaro, e incluso la de Colombia, para algunos analistas, son democracias blandas.

Pedro Pablo Aguilera, docente del Departamento de Humanidades y Artes en la Universidad Santiago de Cali, recalca que Nayib Bukele, quien se acaba de reelegir en El Salvador, es un claro ejemplo de la llamada democracia disfrazada.
Como se conoció, en un trámite exprés el Congreso de ese país aprobó una reforma constitucional que permite la reelección presidencial indefinida, amplía el mandato de cinco a seis años, y elimina la segunda vuelta electoral.
“Bukele, que es muy difícil calificarlo si es de izquierda o de derecha, es un modelo de política autoritaria, que tiene por ahora un gran respaldo”, dice el analista, quien recuerda que ese líder nació en la izquierda.
Pero también Venezuela y Nicaragua han implementado estas democracias híbridas. “Porque, aunque aparentemente existen elecciones, sabemos que esas elecciones son manipuladas, por no decir fraudulentas, pero de una manera u otra, y esa es la dura realidad, están ahí, y la comunidad internacional las acepta, porque si no las aceptaran, ya los habrían expulsado de la ONU y de la OEA, pero siguen ahí”, recalca.
Rosenthal menciona a Guatemala y Honduras, que estarían en el lado de conservadurismo, pero, según indica, “a diferencia de las de izquierda, están haciendo un buen trabajo”.
De otro lado, el profesor Michaels argumenta que, cuando el Estado financia, como en el caso de El Salvador, las elecciones, o cuando controla todos los organismos electorales, como en el caso de Venezuela, “la elección realmente es una elección, pero no es democrática”.
Síntomas en Colombia
Para el analista Michaels, si bien en Colombia este proceso ha sido más sutil que en otros países y “no estamos todavía en un fenómeno donde tengamos una democracia disfrazada, cada vez más se dan atisbos de que puede pasar”.
Un síntoma de ello sería la caída de la independencia judicial. De acuerdo con la fuente, entre el 2018 y el 2024 hubo un indicador que muestra una reducción de 22 % de la independencia judicial en el país.
Esto quiere decir que cada vez más los órganos de justicia están dependiendo del Gobierno, o están teniendo del Ejecutivo una incidencia muy grande en el nombramiento o decisiones que toman los jueces.
Otro aspecto que apunta hacia esa tesis es el aumento del clientelismo a nivel territorial, que ha crecido de manera exponencial, a lo que se suman temas de transparencia como nombramientos de funcionarios, pero también la persecución a líderes sociales.

“El mismo discurso populista, donde yo, en virtud de generar una idea de protección a los derechos, o de generar igualdad o de luchar contra los derechos de alguien, limito libertades o lo que genero son escenarios de represión”, subraya Michaels.
Rosenthal coincide en que el país se encamina hacia una democracia blanda, al calificar como “preocupante el caso de nuestra nación, en donde hay un gobierno que demuestra su intención de mantenerse en el poder, utilizando estas artimañas”.
No obstante, Rafael Piñeros, docente investigador en la Universidad de Externado de Colombia, precisa que en Colombia una de las últimas reformas constitucionales de gran importancia fue el Estatuto de la Oposición, que, por el contrario, lo que refleja es una serie de garantías adicionales para el ejercicio de la política y para el ejercicio de la oposición.
Frente a los pronunciamientos de reelección por parte de Alfredo Saade, jefe de Despacho Presidencial, el docente enfatiza que “su discurso alrededor de la reelección es innecesario, en la medida en que el presidente Petro ha dicho, en distintas ocasiones, que no le interesa y que tal vez hay que pensar es en la reelección de las ideas y no de las personas”..
Periodista de la Universidad del Valle con casi 30 años trabajando en medios impresos como El Espectador y El País, y desde hace unos años he incursionado en periodismo digital.