Cali
El río Cauca revive en el Valle del Cauca; así es la nueva ruta en barco tras un siglo sin navegar
En su paso por Cali y Yumbo, el Cauca es un río moribundo debido a la contaminación. Entre Guacarí y la Laguna de Sonso, sin embargo, vuelve a respirar. Allí la CVC abrió una ruta que se navega en barco como hace un siglo: ‘El vuelo del Garzón Azul’.

10 de ago de 2025, 11:10 a. m.
Actualizado el 12 de ago de 2025, 12:18 a. m.
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Mientras el Barco Escuela de la CVC toma lento una de las tantas curvas del río Cauca entre el municipio de Guacarí y la Laguna de Sonso, el guía Néstor Pulgarín relata que estamos atravesando el punto exacto donde ocurrió uno de los naufragios más recordados en el Valle del Cauca.
– Este sitio del río es conocido como El Remolino de Román. El 7 de diciembre de 1924, Día de las Velitas, viajeros de la época que venían desde Cartago en el vapor más famoso de entonces, el Cabal, construido en Buga, naufragaron. Nueve personas fallecieron – narra Néstor.
En la mañana de este jueves el río luce manso como piscina y mientras giramos, no se observa ningún remolino. En la noche previa a la tragedia, sin embargo, había llovido. El remolino tomó fuerza. El vapor Cabal hizo un giro brusco al hacer esta curva (a las curvas de los ríos las llaman meandro) y se mojaron las calderas. Perdió potencia hasta que naufragó.

El Barco – Escuela de la CVC, en cambio, navega sereno como si respetara el silencio del río. Es un ferry recreativo de 12 metros de eslora y cuenta con dos motores fuera de borda de 150 caballos de fuerza. Está dotado con baños, sala de máquinas y una capacidad para 40 pasajeros.
Partimos desde el humedal Videles en el municipio de Guacarí, donde la CVC inauguró un muelle, y vamos hasta la Laguna de Sonso, en Buga. El recorrido tomará un par de horas. Se trata de una ruta que la CVC bautizó como ‘El vuelo del garzón azul’, por sugerencia de los pescadores de la zona.

El garzón azul es el ave predominante que se observa en el trayecto, un pájaro diurno, de vuelo lento y elegante – el cuello recogido como una S – que prefiere estar solo, tal vez porque fue perseguido en el Siglo XIX por sus plumas azules.

Desde el barco se observan también gavilanes polleros, carpinteros reales, el martín pescador, la garcita rayada. En este momento una garza blanca vuela adelante del ferry, como si marcara la ruta, una especie de GPS natural.
Los pájaros levantan el vuelo tan pronto perciben los motores, quizá porque no están acostumbrados a convivir con embarcaciones. Néstor Pulgarín, el guía, comenta que desde hacía 101 años no se navegaba en barco por el río Cauca, “por lo que estamos sentando un precedente”.
Fue el 29 de febrero de 1888 cuando un vapor recorrió por primera vez estas aguas, en tiempos en los que Cali era una ciudad que se movía en caballos y mulas. Sacar las cosechas era una odisea, así que los barcos a vapor fueron vistos como una ventana al futuro.

A finales del Siglo XIX surgieron empresarios que se dedicaron a construir vapores motivados por Carl Hauer Simmonds, un alemán aficionado a las actividades náuticas que fundó – según los registros del historiador Germán Patiño – la Compañía para la Navegación a Vapor en el Río Cauca. En aquel entonces atravesar el departamento desde Cartago hasta Cali a través del río tomaba cinco días.
Como los vapores se movían gracias a calderas, había que alimentarlas con madera. Eso hizo que buena parte de la diversidad que rodeaba al río Cauca fuera talada. Incluso había paradas donde los capitanes compraban troncos; como si se detuvieran a echar combustible.
Un siglo después, en cambio, en las orillas del río se observan árboles nativos como ceibas, samanes, chiminangos, sauces, guaduas. Hace unos años todo estaba sembrado de caña. El director de la CVC, Marco Antonio Suárez, quien acompaña el viaje, comenta que la autoridad ambiental ha recuperado 150 hectáreas de la franja protectora del río con especies nativas. Esta ruta, ‘El vuelo del garzón azul’, hace parte de la estrategia para sanar al Cauca.

– En 2024 entregamos dos muelles en el río Cauca, en Guacarí y Sonso. ¿Por qué? Porque recuperar el río de la contaminación no solo representa hacer plantas de tratamiento de aguas residuales, sino mostrar el río, que los vallecaucanos lo conozcan y dejemos, por fin, de darle la espalda. Que la gente venga y sea testigo de que el río, después de su paso por Cali y Yumbo, está vivo, tiene gran biodiversidad. Con estos dos muelles y la ruta gratuita de la CVC, también abrimos la oportunidad para que las empresas de turismo y las alcaldías promuevan la navegación por el Cauca. Los pescadores de la Laguna de Sonso ya lo hacen – dice Suárez.

Los pescadores que ofrecen esta ruta con fiambre a cambio de un precio módico, aseguran que no hay mejor lugar para ver un atardecer que desde una embarcación en el río Cauca. Por ello, la CVC considera programar El Vuelo del Garzón Azul en las tardes. Su director sueña incluso con instalar más muelles con apoyo de la empresa privada para que se pueda navegar por el río a lo largo del departamento.
El Cauca atraviesa al Valle en un recorrido de 400 kilómetros. En Cali y Yumbo es un río casi muerto, con poquísimo oxígeno a causa de la contaminación. Cali le arroja el 50% de la suciedad que recibe (escombreras, lixiviados, aguas residuales), y lo remata Yumbo por su actividad industrial (ver nota anexa).

A la altura de Vijes, de manera natural, pero también gracias a obras de protección de la CVC como la instalación de Plantas de Tratamiento de Aguas Residuales en los municipios de mayor población que inciden en el río, como Yumbo y Buga, y la instalación de sistemas individuales de tratamiento de aguas residuales para los ríos que tributan en el Cauca, comienza a recuperarse.
Como el Barco Escuela está repleto de reporteros que dudan, en este punto del recorrido un técnico de la CVC toma una botella transparente y la llena con agua del río. Pese a que el color del Cauca es café, en la botella el agua luce cristalina. El técnico aclara que eso no quiere decir que sea potable. Las aguas de cualquier río requieren de un tratamiento para el consumo humano.
– Sin embargo, la cantidad de aves, así como la presencia de nutrias, es un indicador del buen estado del ecosistema – dice el técnico mientras atravesamos el municipio de Yotoco.

Pese a que es en este sector donde se encuentra el relleno sanitario en el que Cali deposita sus basuras, en el río no se perciben sus olores como sí sucede cuando se viaja en carretera. En el río, en cambio, huele a pescado.
A su paso por el Valle, en el Cauca se han identificado 83 especies de peces, como el bocachico. Es el plato que las comunidades de la Laguna de Sonso ofrecen esta mañana en la última parada de la ruta.
Se trata de comunidades anfibias, es decir que en su cotidianidad conviven tanto en el agua, como en la tierra. Para ellos, explica Natalia Aguilar, 23 años, habitante de la Laguna e integrante de la Corporación Aguas de Sonso, las crecientes no son la tragedia que representa en las ciudades, sino una señal de buenos tiempos: es cuando más se reproducen los peces, luego tendrán seguridad alimentaria durante el año.

A Natalia, quien nos guía ahora en una caminata por la Laguna, le pregunto qué representa el río Cauca. Ella se toma un momento:
– Soy hija de un pescador. Para mí el mejor paseo de la infancia era salir a acompañarlo en sus faenas. Mi papá, Elkin Darío Aguilar, ya murió, así que navegar por el río es mi forma de tenerlo cerca. También representa paz. Es lo que siento cuando nado o navego por el Cauca. Por eso con la Corporación Aguas de Sonso lo cuidamos tanto. Promovemos el turismo, que vuelva la navegabilidad por el río, pero de manera sostenible – dice y al fondo se escucha un concierto con el canto de los pájaros, periquitos verdes para ser exactos.
Mientras observo el espejo de agua de la Laguna, donde los árboles mantienen la temperatura a 23 grados promedio así el sol arrecie, me pregunto por qué este no ha sido un plan de domingo de los vallecaucanos, o de cualquier día: navegar el río Cauca en barco.