Nashira, la tierra de Palmira donde mandan las mujeres

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Nashira, la tierra de Palmira donde mandan las mujeres

Marzo 12, 2018 - 12:30 a. m. Por:
Redacción de El País 
Nashira,  la tierra donde mandan las mujeres

Las familias puedan sembrar sus hortalizas alrededor de las casas. No se usan ni herbicidas, ni fertilizantes que no sean orgánicos.

Jorge Orozco / El País

En la guerra no se duerme. O se duerme mal. Un sueño tan liviano que el sonido de la lluvia sobre el techo nos pone en estado de alerta. En la guerra, por cierto, no se duerme con pijama. A la cama se va con todo lo necesario para salir corriendo, incluso los tenis puestos. La guerra se entiende precisamente a través de ese miedo, no en los grandes ensayos o crónicas. Es la permanente sensación de que en cualquier momento algo va a pasar, lo que dimensiona la tragedia de vivir en medio de un conflicto.

Érika Burbano lo sabe muy bien, aunque reconoce que desde hace tres años duerme a pierna suelta. Es lunes, y ella se encuentra en su casa en el corregimiento de El Bolo San Isidro, en Palmira, a unos 40 minutos de Cali.

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Sobre el comedor hay algunos ajís que Érika cultiva en la huerta. Su casa hace parte de las 80 viviendas que componen la ecoaldea Nashira, un territorio donde las que mandan son las mujeres.

– Yo vivía en el Putumayo. Y antes, estaba en el Cauca. Tuve que salir. En el Cauca los grupos armados nos maltrataron mucho. Mataron a mi papá, mataron a mis hermanos. Y nos tocó andar; pa allá, pa acá. Nos fuimos para Armenia, después al Putumayo, y allá también nos asustaron. No podía dormir bien debido a esa zozobra. Desde que llegué a la ecoaldea Nashira, hace unos tres años, sí estoy tranquila. Una acá duerme bien.

Nashira es un nombre que proviene del árabe y significa muchas cosas, entre ellas ‘portadora de buenas noticias’ o ‘la afortunada’. También es una constelación. Las mujeres decidieron llamar a la ecoaldea así para simbolizar “una luz rectora que nunca se extinguirá”.

El proyecto empezó hace mucho, narra en el teléfono la abogada Ángela Cuevas de Dolmetsch, a quien en Nashira la mencionan como la gran gestora de la ecoaldea.

Después de la Constituyente de 1991, Ángela, una férrea integrante del feminismo en Colombia, lideró un movimiento político llamado Mujeres por la Democracia. Pretendía llegar al senado, que las mujeres permanecieran en las instancias donde se toman las decisiones del país. Sin embargo, en las urnas el movimiento apenas obtuvo 5000 votos.

Pese a ello la iniciativa se convirtió en la Asociación de Mujeres Cabeza de Familia de Colombia, integrada por mujeres víctimas del conflicto armado, la violencia de pareja, el machismo, los abusos sexuales, un montón de situaciones que hicieron que tuvieran que sacar adelante a sus hijos solas; empoderarse solas.

Con la Asociación se capacitaron para crear pequeñas empresas. Algunas se convirtieron en expertas en papel reciclado, por ejemplo, que a su vez vendían o lo transformaban en artesanías.

Sin embargo, Ángela Cuevas de Dolmetsch lo sabe, para que una mujer pueda en realidad ser libre requiere la tranquilidad de una casa propia.

Las integrantes de la Asociación vivían de hecho en inqulinatos, o en cuartos diminutos, ubicados en barrios con problemas de pandillas y fronteras invisibles, por lo que una casa propia en un lugar donde no se tuviera expuesto el pellejo y el de los hijos era una urgencia.

Ángela se dio entonces a la tarea de buscar el lote. En Cali fue imposible, pero encontró una finca de cítricos ubicada en el corregimiento de El Bolo San Isidro, en Palmira, llamada Los Naranjales. No lo pensó dos veces y con sus propios recursos la compró. Enseguida donó los 32 mil metros cuadrados del terreno para que las integrantes de la Asociación Mujeres Cabeza de Familia empezaran a construir sus casas.

Hubo algunos aportes del Banco Agrario, de la Gobernación del Valle, y las propias mujeres de la Asociación pusieron a disposición de la constructora su mano de obra no calificada. Así costearon la cuota inicial de su hogar. Así nació Nashira.

En la ecoaldea viven 88 mujeres y sus familias en 80 casas. (Aún faltan por construir 8 casas más).

La principal norma que impusieron es el respeto. Algunas de las mujeres residen con sus esposos, pero si alguno de ellos las llegara a agredir física o verbalmente, es expulsado de inmediato.

María Fernanda Martínez, la encargada de la página web de la ecoaldea (www.nashira-ecoaldea.org) cuenta a carcajadas que alguna vez los pocos hombres que viven ahí propusieron conformar una especie de consejo para que las mujeres les consultaran las decisiones.

– ¡Por poco los echan!
En la ecoaldea todo lo deciden las mujeres de manera colectiva. Hay una junta directiva y un comité de convivencia que resuelve pequeños problemas. Como que la señora de al frente anda diciendo esto o a aquello.

Gracias a convenios con universidades la comunidad ha contado con la asesoría permanente de estudiantes de psicología. Los niños asisten a la escuela pública de El Bolo y además tienen clases de idiomas, artesanías, a veces salsa.

En la ecoaldea hay zonas comunes para cultivar, y cada familia tiene un pequeño terreno para sembrar plantas medicinales u otros productos. También para criar gallinas. Próximamente habrá un criadero de peces y nadie paga arriendo, por supuesto. El único gasto son los servicios públicos.

La economía en Nashira se basa en el trueque; yo tengo el pollo, tú los plátanos y el arroz, cambiemos. El resto de lo que produce la ecoaldea se vende a comunidades cercanas y con esos recursos se financian diferentes proyectos.

Nashira,  la tierra donde mandan las mujeres

En la ecoaldea Nashira hay 80 casas en las que viven 88 mujeres y sus familias. Uno de los proyectos pendientes es construir 8 viviendas más.

Jorge Orozco / El País

Otra de las normas inquebrantables es cuidar el medio ambiente, así que está prohibido talar los árboles, hacer quemas, tirar la basura por ahí.

Para ello existe un centro de acopio donde se separa lo que se puede reutilizar; los residuos orgánicos se convierten en abono para las plantas. Las mujeres de la ecoaldea se han capacitado en ciencias como agricultura orgánica y lombricultura.

El proyecto, dice María Fernanda Martínez, la encargada de la página web de la ecoaldea, ha despertado la curiosidad de mucha gente. Eso explica por qué Nashira es visitada constantemente por extranjeros, estudiantes, ambientalistas, feministas; 50 de las 80 casas funcionan como hospedaje. Nashira promueve el ecoturismo.

También hay un restaurante que ofrece recetas de la región – es necesario reservar previamente - y un taller donde las mujeres elaboran artesanías que son compradas por los visitantes.

Por esta inquebrantable resistencia colectiva ante la violencia y el machismo, las mujeres de Nashira fueron premiadas. La revista Semana, la Fundación Liderazgo y Democracia y Telefónica les otorgaron recientemente el premio Nacional de Liderazgo Colectivo. Un reconocimiento a los proyectos que transforman la sociedad.

En su casa, Érika Burbano dice incluso que la ecoaldea le salvó la vida a ella y a su hija. Las blindó de la guerra, conjuró el desplazamiento forzado. E insiste sonriendo en que volvió a dormir de un tirón. En el patio cacarean sus gallinas.

La ecoaldea cuenta con el servicio de visitas guiadas El plan puede incluir almuerzo, refrigerio, talleres ecológicos y una visita al museo rural de la cultura Malagana.

Nashira,  la tierra donde mandan las mujeres

Las mujeres de la ecoaldea realizan artesanías con material reciclable que son comercializadas entre los visitantes. También hay servicio de restaurante.

Jorge Orozco / El País

Así funciona

En Nashira viven 88 mujeres cabeza de familia que están divididas en 11 núcleos productivos. Cada núcleo está integrado por una coordinadora y una tesorera.

También existe una junta administrativa,y comités administrativos.
Entre los comités se encuentran el de aguas, convivencia, aseo, cuidado de los niños, generación de ingreso, ecoturísmo y relaciones públicas.

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