Madre Mercedes, una religiosa colombiana con fama de santidad

Madre Mercedes, una religiosa colombiana con fama de santidad

Mayo 03, 2019 - 11:30 p.m. Por:
Olga Lucía Criolla / reportera de El País
Merceditas

Merceditas, como la llaman cariñosamente, ingresó al Carmelo inspirada en Santa Teresita del Niño Jesús y Santa Teresa de Jesús.

Especial para El País

“Yo, Edmundo Barrera Torres, con cédula de ciudadanía 4.215.848, de Aquitatina, Boyacá, doy testimonio del siguiente milagro obtenido con la intersección de la madre Merceditas prioria: Durante 24 años (trabajé) en el Convento de las Hermanitas Carmelitas Descalzas de Villa de Leyva. El 15 de octubre de 2016 se me empezaron a dormir las manos y los pies y en el término de 5 días perdí la fuerza de todos los miembros de mi cuerpo, quedando totalmente inmóvil y con la cara torcida. Los médicos de la Clínica de Especialistas de Sogamoso no sabían de qué se trataba. Por esa razón me remitieron al Hospital Regional Universitario de Bogotá ‘Clínica Medery’. Allí me diagnosticaron con Guillain Barre, una enfermedad terrible.

Me internaron en la Unidad de Cuidados Intensivos durante 6 días para ponerme medicamentos. Los médicos y las enfermeras me decían que mi recuperación comenzaba en un tiempo de 1 a 2 años en adelante. Las Hermanas Carmelitas Descalzas de Villa de Leyva, Garagoa y Bogotá se reunieron en oración y pidieron a la Madre Merceditas mi sanación y yo personalmente le pedí que intercediera por mí ante Dios, nuestro Señor. Terminada de aplicar la dosis de la droga neuroglobina, me trasladaron a una habitación de recuperación. A los 2 días de estar allí me dieron salida por temor a alguna bacteria, ya que todas mis defensas se habían quemado.

Merceditas

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Especial para El País

Enseguida las Hermanitas Carmelitas del Monasterio de Usaquén mandaron a una terapeuta llamada Dila para ayudarme con los movimientos. A los 3 días estuve de pie ayudado de un caminador, a los 8 días estuve caminando con mi bastón y a los 15 días regresé a mi casa en Sogamoso.

Al mes ya empecé a trabajar nuevamente. Doy gracias a Dios y a la Madre Merceditas por este milagro que hicieron en mi persona”.

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Cuando, al inicio de la década de los años 50, don Pablo Alfredo del Carmen Reyes Corso se inventó un viaje a Francia para evitar que la frágil humanidad de su primogénita se ‘consumiera’ en un convento, qué iba a imaginar que se estaba interponiendo en la realización de al menos cinco milagros.

Sí, cinco son los relatos que aparecen reseñados y amparados con sello de notaría en la página oficial de la Orden de Carmelitas Descalzos, OCD, en Colombia como constancia de que la hermana Mercedes de Santa Teresita Reyes Sánchez intercedió para que la enfermedad desapareciera y para que una pensión incierta se convirtiera en realidad.

Precisamente esas evidencias llevaron a que hace dos años los directivos de la Orden y los obispos de Tunja aceptaran la petición de las Carmelitas Descalzas del monasterio de Garagoa, ubicado cerca de Villa de Leyva, quienes postularon como santa a quien, pese a sus 76 noviembres, fue su fundadora en el 2007, cinco años antes de que partiera al Cielo.

En la práctica, significa que se abrió el proceso de canonización de quien nacida en la capital de Boyacá, de niña fuera catequista y a los 16 años, a escondidas de sus padres, organizó todo para irse de monja a Medellín con otra comunidad religiosa. Pero estaba escrito que su destino era Villa de Leyva, donde fue priora durante 24 años, después de que, tras los exámenes médicos de ingreso, su papá pensara: “Así de enferma, no me la recibirán en ningún convento”.

De nuevo erraba don Pablo o era el primer milagro de la hermana Mercedes, porque desde entonces gozó de cabal salud, hasta que murió “con fama de santidad”.

Según se explica en el portal web de la Orden, gracias a los milagros que se le han atribuido después de su muerte, ya se inició la etapa preliminar de postulación, que consiste en escuchar los relatos que dan fe de ellos y en presentar el ‘libelo de demanda’, que es la petición escrita del proceso que en principio la llevaría a ser reconocida como Sierva de Dios.

“El postulador de la causa en Roma, padre Romano Gambalunga, está recogiendo la documentación referente a la fama de santidad que, Dios mediante, presentará en nombre de las Carmelitas Descalzas de Garagoa en mayo al señor obispo Julio Hernando García Peláez, quien la evaluará y, si lo acepta, lo presentará a su vez a la Conferencia Episcopal regional”, explica el padre Jorge Luis Mendoza, quien ha tomado como suya la causa de la canonización.

Agrega que antes de que termine abril debe llegar una carta de la Curia OCD disponiendo que la Diócesis de Garagoa cite a 60 testigos, entre laicos y religiosos, que testimonien sobre la vida y obra de la madre Mercedes.

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“El 18 de mayo de 2014 me sentí mal y no alcancé a llegar a la recepción del hospital, caí sin sentido. Cuando desperté estaba en urgencia, pues había sufrido un paro cardiaco. Me rehabilitaron y el día 22 me remitieron en ambulancia a Tunja, donde me hicieron un cateterismo y de allí me enviaron a la Clínica Miocardio, donde estuve varios días. Me colocaron un cardiodesfibrilador bicameral, más estudio electrofisiológico con cateterismo derecho. Dicho implante me lo hicieron para hacer reaccionar al corazón cuando se queda quieto.

Cuando me reanimaron en el hospital y recapacité, le comencé a pedir a la hermana Merceditas que me salvara y no me dejara morir. Luego, en la ambulancia, recé mis oraciones: Credo, Padre Nuestro y Ave María y nuevamente le pedí que no me dejara morir. Cuando estaba en la Miocardio hubo un momento muy duro antes del implante. Me dijeron que me despidiera de Briza, mi esposa, y que me echara la bendición porque la cirugía era de mucho riesgo. Le pedí nuevamente a la hermana Merceditas que me ayudara y me diera fuerzas para salir de esa enfermedad.

El 24 de diciembre de 2014 me internaron en la Cardioinfantil porque el aparato hacía sonar la alarma cada cuatro horas y me maltrataba el corazón. Me hicieron un cateterismo y un drenaje. Antes, le pedí de nuevo a la hermana Merceditas que me salvara. Duré privado siete horas. Pasaron dos días en que no sabía en qué día estaba ni me acordaba de nada.

Cuando el cardiólogo me dijo que si quería seguir viviendo, la única solución era un trasplante de corazón, le seguí pidiendo a la hermana Merceditas que no permitiera que me hicieran trasplante. Cuando pasaron cuatro meses, la cardióloga me dijo que no hacía falta. Dejaron pasar otros cuatro meses y de nuevo, no hacía falta. En junio del 2014, cuando regresé de Bogotá con el implante del cardiodesfibrilador, una de las hermanitas del Monasterio me regaló una foto de la hermana Merceditas con una oración escrita a mano pidiéndole a Dios mi salud por intercesión de ella”.

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A don Celio Cifuentes Bernal, identificado con la cédula 6.656.496 de San José del Guaviare, lo que más le preocupaba era que su esposa quedara sola con sus dos hijos minusválidos, por lo que también le pedía a ‘Merceditas’ que ‘le echara una manito’ para que le saliera la pensión, lo que sucedió “con retroactividad de catorce meses”.

Es por ello que la fama de santidad de esta monjita de hábito café, sonrisa traviesa y gusto por la soledad y la cocina ya ha comenzado a llegar a otros rincones del país donde el Carmelo Descalzo tiene sedes, como es el caso de la parroquia El Templete, de Cali, desde donde también se hacen votos para que la hija de don Pablo y doña Matilde pronto sea subida a los altares de la santidad.

Sus frases

”¿Y ahora qué sigue? Abandonarme en los brazos de Dios, viviendo de amor y para el Amor”.

“La oración, la interioridad, el recogimiento, la contemplación y el amor a la Iglesia son valores demasiado grandes para que nos olvidemos de ellos”.

”Escondida con Cristo en Dios y haciendo todo por amor”.

”Cuando Dios me hunde en el dolor, en el sufrimiento... cuando todo es oscuro y no tengo más salida que gritar...¡¡¡Padre!!! ¡¡¡Padre!!! Entonces Él me tiende los brazos y me ama”.

”Ser humilde para estar con los ancianos, estar con los ancianos para hacerles felices”.

”Solo por amor… con la confianza y la mirada puesta en el Crucificado”.
”Somos una comunidad orante, eminentemente mariana, que vive en función del amor al servicio de la Iglesia”.

”Ya cumplí mi tarea, solo quiero contemplar eternamente a la Santísima Trinidad. Esta no es mi casa, el cielo me espera”.

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