Cuidado: que el 'bochinche' no sea más contagioso que los casos confirmados de coronavirus

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Cuidado: que el 'bochinche' no sea más contagioso que los casos confirmados de coronavirus

Marzo 15, 2020 - 07:55 a. m. Por:
Jorge Enrique Rojas - reportero de El País
Coronavirus, imagen de referencia

Louvre, El Vaticano, Roma, la Sagrada Familia, Washington, y nuestras postales más cercanas de la soledad: así se veía el jueves la Basílica del Señor de Los Milagros de Buga.

Foto: Jorge Orozco / El País

En Buga, donde permanece en aislamiento el primer diagnosticado con coronavirus del Valle del Cauca, por ahora causan más estragos los bochinches que la supuesta ola de contagio esparcida por el hombre.

Desde la semana pasada el chisme ha sido un germen viral reproduciéndose en los celulares del pueblo: que tiene 34 años, celebró su regreso de España en una discoteca; que lo vieron brindando aguardiente; que a estas alturas van más de cien infectados… Muchos de esos cálculos provienen de mensajes anónimos o de voces haciendo eco de los chismes que alguien más reprodujo.

Aunque también los hay con nombre y apellido. A través de redes sociales, por ejemplo, propagaron los datos personales del paciente acompañados de una posdata: “Para que le manden los de la moto”. Así que ante la firma de la intención, el hermano del enfermo trata por estos días de vacunar los brotes de odio con la misma medicina: “(…) A esas personas, que Dios los bendiga y los llene de mucha salud”, escribió en Facebook.

Mauricio Soto Berrío, el secretario de Salud de la Ciudad Señora, dice que la desinformación rodando como bola de nieve ha sido en realidad la mayor complicación del caso. Porque clínicamente el paciente y su núcleo más directo (compuesto por otras cuatro personas igualmente aisladas) están bien. El martes pasado, de hecho, el hombre se recuperó de la sintomatología pulmonar. Pero el pánico es sordo y sigue dando tumbos. “El gran problema –insiste el Secretario- ha sido la irresponsabilidad circulando. No sabemos cómo se filtró la información, pero sin duda eso aumentó la magnitud de las cosas”.

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Albergando la Basílica del Señor de los Milagros, Buga es hoy el segundo destino turístico de Colombia, después de Cartagena. Y su hotel más simbólico sigue siendo El Guadalajara, declarado patrimonio arquitectónico del Departamento. Con ocupación permanente casi sin contar el calendario comercial, Pilar Mejía, su coordinadora de reservas, cuenta que, a pesar de que todavía las puede enumerar, ya ha recibido cancelaciones: una proporción que a escala representa el calvario en que se está convirtiendo el coronavirus para un municipio que vive de la fe.

John Humberto Rengifo, vigilante con 25 años de experiencia cuidando carros entre los creyentes del Milagroso, decía el jueves pasado que no recuerda haber visto los alrededores de la iglesia tan deshabitados. Nunca. Ni en los tiempos de la violencia. Regularmente sus cuentas le promedian propinas de unos veinte carros cada mañana; pero contagiados por el síndrome del miedo, al mediodía del jueves sus clientes no aparecían. Más o menos a esa hora, pero a dos cuadras de la plazoleta de la Basílica, Sandra Patricia Muñoz, propietaria de Reliquias San Rafael, también se quejó viendo la nada cruzar: “Nunca había llegado al almuerzo sin vender algo… Si cancelan las misas, nos vamos a quebrar todos…”.

En la Calle Sexta con Diez, y con 39 años de historia, la panadería Doña Estella es otro templo de la adoración. En Navidad venden tortas de pastores, de coco y de manjarblanco, que suelen viajar congeladas a países donde no hay cómo traducirlas. Y todos los días sacan pandebono, pancacho, fritanga, masato, champús y repollitas: pedazos de cielo con crema y una caricia de azúcar pulverizada en el tope. Pero ni esa tentación hace caer a los clientes como antes, dice la administradora del local, Aydalí Vallejo.

Juan Pablo Rengifo, uno de los dueños de los restaurantes Don Karlos, célebres por sus porciones de chuleta, tiene las pérdidas cuantificadas: el lunes pasado sus ventas bajaron entre un 60 y 70 %. Llegando al final de la semana, la media de comensales iba a la mitad. En Buga, hasta hace dos años, había 43 restaurantes, 120 hoteles, 47 parqueaderos y 18 agencias de viajes. Todos, sin duda, dependientes del Señor de los Milagros. Según proyecciones, la Misa de Sanación prevista para este sábado y que canceló el coronavirus, habría llevado 16.000 personas al pueblo.

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Entre los fieles no hay recuerdos vivos de haber amanecido un día con las puertas del Milagroso cerradas, como sucedió este viernes. El padre Orlando González, a cargo de las Comunicaciones de la Basílica, explicó que fue una medida inicial en concordancia con las acciones globales y determinaciones del Gobierno Nacional y de la Alcaldía. Pero el templo, aclaró, se abrió al público para el servicio de las nueve, y en adelante las eucaristías quedaron previstas con límite de asistencia. Para ello, detalla, dispondrán acomodadores en el acceso público, para que filtren el conteo. Cuando pasen 200 personas, cerrarán las puertas. En el caso de la Misa de Sanación, una avalancha de proporciones bíblicas, lo más salomónico era cancelar.

El virus del pánico, quién lo creyera, ha provocado sin embargo algunos pocos milagros. Como los que están gozando las droguerías. Brian Cifuentes Gómez, con un negocio en el barrio Los Ángeles desde hace tres años y medio, cuenta que el lunes, después de que se conociera el caso del primer contagio en el Valle, encontró clientes esperando a que abriera a las siete de la mañana. Y desde entonces no cesan los pedidos de tapapocas, alcohol, desinfectante, gel antibacterial y vitamina C.

El muchacho describe gente haciéndole pedidos de cien pastillas de acetaminofén en una sola orden, y otros nuevos y repentinos compradores de medicamentos homeopáticos para subir las defensas. Desde hace dos semanas, precisa, los proveedores farmaceutas empezaron a racionar los despachos de tapabocas, por lo que hoy la droguería tuvo que implementar su propio ‘pico y placa’ de venta: solo cuatro unidades diarias por persona.

En medio de la zozobra que está causando la exposición del minuto a minuto de la fragilidad mundial, Brian siente que la gente cae en el desespero. En internet, hace poco entró contacto con alguien que ofrecía un aparente stock de tapabocas N95, que es la referencia que los promociona como filtro del 95 % de gérmenes. Pero al pedir pruebas fotográficas del producto, pudo comprobar que era una ramplona artesanía casera que solo coincidía con el original, en el precio. Aquí y allá, en definitiva, el miedo es un negocio redondo.

Sin desestimar la gravedad de la situación, el excandidato a la Alcaldía de Buga Andrés Felipe Moncayo ha llegado por momentos a pensar que el estallido mediático del coronavirus tiene allí las repercusiones actuales por la misma consistencia del municipio: “Aquí casi no pasan cosas raras, entonces las noticias tienen otro impacto: esta es la única ciudad del mundo donde la gente ha puesto a rodar la foto del paciente contagiado, incluyendo la dirección de su casa. A veces la gente tiene esa tendencia, a veces la gente cae en la exageración del momento. Pero a la hora del té no es que veás a todo el mundo con tapabocas, la gente se sigue abrazando, se sigue besando”.

Con casi doce mil votos a su favor en las elecciones del 2019, Moncayo, que también fue concejal, es una figura pública en la Ciudad Señora. No es una celebridad del reguetón, con hordas de grupies arrancándole la ropa, pero sí un tipo al que se le acercan para saludarlo en la panadería o en la tienda. Los desconocidos, señores, señoras, le estiran la mano, le extienden el brazo sobre los hombros, lo aprietan. A veces, solo a veces, él parece tropezar en la incertidumbre de regresar los saludos. La duda, su duda, sin embargo, es fugaz y efímera. Como un estornudo.

Palmira, donde el viernes fue detectado el segundo caso de contagio en el Valle del Cauca, queda a una hora de camino.

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