Pradera: entre esperanzas e incertidumbres por el acuerdo de paz con las Farc

Pradera: entre esperanzas e incertidumbres por el acuerdo de paz con las Farc

Septiembre 15, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Olga Lucía Criollo | reportera de El País
Pradera: entre esperanzas e  incertidumbres por el acuerdo de paz con las Farc

Justo en la esquina de la Alcaldía ocurrió hace dos años y medio el último hecho violento con el que las Farc les robaron la tranquilidad a los pradereños.

Cómo se dibuja el proceso de paz en uno de los municipios más afectados por el conflicto. Historia.

La paz puede ser calma, puede ser silencio, puede ser esperanza y hasta puede ser olvido. Pero la paz también puede ser confusión, puede ser rabia, puede ser llanto y hasta puede ser  desconocimiento. Y ahora resulta que la paz también puede ser Sí y hasta puede ser No.

Así sucede cuando el destino se da las mañas para que las mismas tres letras puedan llegar a tener significados tan variados como 57 mil habitantes tiene Pradera, uno de los municipios del Valle del Cauca más afectados por el conflicto armado.

Y no es necesario serpentear cordillera arriba para percatarse de ello. En pleno parque principal del pueblo y   con  el busto de Simón Bolívar como testigo, un puñado de hombres que juegan parqués dan cuenta de esa miscelánea de pensamientos, de sentimientos.

Lea aquí el acuerdo final entre Gobierno y las Farc

“¿Cómo así que uno ve tanta gente que se esfuerza años y años para alcanzar una pensión y ahora resulta que a estos señores les van a dar un millón 800 pesos?”, dice un pradereño mientras tira los dados, en tanto que otro más joven atropella sus palabras: “Yo soy reservista, así que a mí también tienen que darme lo mío...”

Entonces, ante la pregunta obvia, el No al plebiscito se convierte en un eco, hasta que la voz de un hombre delgado, al que la pintura que delata su oficio le ha salpicado hasta el rostro, sobresale contundente en medio de la docena de jugadores de mediodía.

“A mí los del Sexto Frente de las Farc me quitaron mi camioneta, pero yo los perdono. Mi camioneta costaba once millones y me hicieron llevarles otros cinco dizque para recuperar la camioneta y la mercancía, pero ya no servía para nada..., pero yo los perdono”, repite como un mantra en clave de Sí, mientras reconoce que confía en que el Gobierno lo va a reparar.

Debe ser entonces que la paz es perdón, y también  reparación.

Pero no es así como piensan algunas víctimas de la moto que el jueves 16 de enero de 2014, a las 8:50 de la mañana, se convirtió en bomba y explotó la  vida de un hombre y la tranquilidad de casi 60 almas que a esa hora merodeaban entre  la esquina de la Alcaldía y una provisional sede local de la Policía.

Y aunque a una sola voz el pueblo reconoce que desde entonces la violencia guerrillera no ha vuelto a asaltar a los pradereños, ellas, esas víctimas,  no confían. Casi no hablan de lo sucedido y se niegan a ser identificadas. 

“No creo que haya paz, porque cuando están firmando la paz en una parte, en otra están haciendo la guerra”, dice una partidaria del No a quien la esquirla que se le incrustó en la cabeza todavía no le deja  cepillarse el cabello.

 ¿Será entonces  que la paz puede ser incertidumbre y también miedo?

Doña Ana no está de acuerdo. Mejor, comulga con las casi ocho mil personas que el pasado 25 de junio salieron a las calles del municipio para gritar una y otra vez Sí a la paz.

Mientras vende cholados en una acalorada tarde de viernes, asegura que tiene que haber paz, entre el Gobierno y las Farc, y entre las pandillas que acosan a su hijo en La Lorena, el sector desde donde camina cada día para comprobar en su saldo que “ahora la gente viene mucho más los domingos. Llegan de Cali, de Jamundí. Esta semana vinieron unos de Pereira y se pegaron tremenda bailada...”

Y si para ella la paz trae alegría y prosperidad, a 30 minutos en carro desde allí, por una ascendente ruta verde señalizada por vírgenes de diversos tamaños, se llega al Altillo, corregimiento donde hoy por hoy aquellas tres letras significan tranquilidad.

Esa es la sensación que desde ya casi una década mora en  60 familias que se amontonan en humildes casas de madera que parecen habitadas por el silencio. Un silencio que ahora puede traducirse en bramido, según se envalentonen las torrentosas aguas del río Bolo, pero que muchas veces fue interrumpido por el ruido de las balas.

Eran las épocas en que niños, hombres y mujeres eran obligados a ser testigos mudos del ir y venir de la violencia camuflada especialmente en traje paramilitar, y que no pocas veces los obligó a abandonar el caserío en procura de resguardo ante los enfrentamientos con la guerrilla y el Ejército.

Y aunque las lágrimas siguen allí, lavando un dolor que parece no tener fin, no niegan que la Unidad de Víctimas, Bienestar Familiar y la Arquidiócesis de Palmira han subido hasta allá para animarlos  a despedir los recuerdos.

No ha sido fácil. Como tampoco les han resultado las 297 densas páginas de lo acordado entre Gobierno y Farc. Pero de aquí al 2 de octubre, dicen, tienen tiempo para decidir lo que será mejor para aquella chiquilla que ahora juega con la paz en forma de blanca bandera de papel y para el resto de quienes habitan en aquel pesebre encumbrado en las montañas de Pradera.

Lo cierto es que ese domingo las puertas de la diminuta escuela rural se abrirán, no para recibir a los futuros sabios del pueblo, sino para acoger a los adultos que con su voto decidirán en buena medida el destino de sus hijos y sus nietos.

"Veo a la gente muy motivada": Henry Devia, alcalde de Pradera

Alcalde Henry Devia, ¿qué  ambiente ve en Pradera de cara al Plebiscito por la Paz?

Hay una expectativa  por parte de la comunidad, en razón a lo que pudo impactar la guerra en  más de 52 años en este municipio. A la gente la veo motivada, contenta, ahora con mayor razón, porque ya se conocen con más claridad cuáles son los puntos que se  firmaron en La Habana.

¿Qué labor de pedagogía por la paz está haciendo el Municipio?

Como Alcalde, tratando de ser muy neutral y objetivo, en los consejos comunitarios de desarrollo rural y en las reuniones con los presidentes de las Juntas de Acción Comunal se han dado a entender los puntos fundamentales de los acuerdos, porque no podríamos empezar a desgranar esas 297 páginas, pero sí lo más importante, para que la gente entienda qué es lo que se viene una vez se vote y se refrende lo pactado.

¿Su población sí cree que eso servirá para  acabar la violencia?

Hay un hecho fundamental para entender que  podemos llegar a ese deseo de  paz, y es que una vez la guerrilla tomó la decisión del cese unilateral al fuego no ha habido ningún ataque, y eso genera credibilidad. Puede que algunos tengan aún ese dolor producido por la guerra, pero la comunidad ha ido avanzando en ese deseo de perdonar.

¿Cuál es el censo electoral en Pradera y cuántas personas cree que votarán en el Plebiscito por la Paz?

Hay entre 40 y 41 mil personas aptas para votar y, en la medida en que se haga una buena pedagogía y la gente entienda los acuerdos, yo calcularía cinco o siete mil votos.

¿Y usted va por el Sí o por el No?

Yo tengo una percepción sobre la paz que no se ha generado por estos acuerdos sino que desde joven he deseado que la paz se consolide.

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