"Mi tío no fue solo víctima de la violencia, también de la paz": sobrina de Isaías Duarte Cancino

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"Mi tío no fue solo víctima de la violencia, también de la paz": sobrina de Isaías Duarte Cancino

Julio 01, 2018 - 11:40 p. m. Por:
Olga Lucía Criollo / Reportera de El País
Gloria Isabel Acevedo Duarte, sobrina del inmolado arzobispo de Cali, Isaías Duarte Cancino

Gloria Isabel Acevedo Duarte, sobrina del inmolado arzobispo de Cali en marzo de 2002, asegura que las autoridades jamás se han comunicado con sus familia para informares sobre las investigaciones para establecer los responsables del crimen de su tío.

Especial para El País

“Mi tío tenía seis hermanos, de los cuales solo queda viva mi mamá. Somos catorce sobrinos y él siempre fue súper especial con nosotros. Si lo era con toda la gente que lo rodeaba, a quienes tanto sirvió, cómo sería con nosotros, sus sobrinos. Él siempre estuvo muy pendiente de todas las cosas bonitas o tristes que nos pasaran. Nos apoyó, nos ayudó, nos alentó. En diciembre nos reunía en su casa cural en Girón y era el momento en que todos los primos nos encontrábamos.

En estos 16 años, es la primera periodista que busca a la familia para ver qué ha pasado, cómo nos sentimos y le contesto que el dolor que siento por el asesinato de mi tío no se me ha quitado, es un dolor muy grande, muy profundo, y en nombre de mi familia lo digo, nos sentimos muy solos. Nunca hemos tenido apoyo del Gobierno, pero tampoco lo hemos buscado. Durante el juicio por su muerte, a nosotros, su familia nunca nos comunicaron nada, siempre nos enterábamos por los medios de comunicación y en ese proceso nos sentimos víctimas, sin ningún apoyo ni del gobierno ni de la iglesia.

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Mi tío luchó por la paz de este país desde que era Obispo en Apartadó, como se puede ver en la página web de la Fundación Monseñor Isaías Duarte Cancino (http://www.isaiasduarte.org), donde está toda la historia de los procesos que hizo allá, así como en Cali y en Bucaramanga. Ahí la gente puede conocer su vocación, su entrega al servicio de la comunidad, al dolor, a la injusticia. A él le tocó enfrentar los secuestros de La María y el Kilómetro 18 y por eso hizo su campaña ‘Los queremos vivos, libres y en paz’, que fue su frase. Hoy pienso que mi tío fue víctima de su lucha por la paz. Incluso, cuando llegó a Cali la prensa tituló: ‘Llegó el mensajero de la Paz’. Por eso digo: fue víctima de la paz.

Me da mucho pesar que después de 16 años no sepamos realmente qué fue lo que pasó y quiénes fueron las personas que estuvieron involucradas en esa muerte porque al comienzo dijeron que había sido la guerrilla o los ‘narcos’ y de pronto fueron ambos, porque la situación de Cali en esa época era muy delicada en cuanto a lo que era guerrilla, narcotráfico y la misma delincuencia, había hasta frentes paramilitares.

Fue una época terrible, él mismo decía: ‘Yo sé en qué estoy, yo sé que tengo que luchar’. De hecho, a veces veo a Jesús, ese dar su vida, y pienso que mi tío lo hizo igual. Y que hoy no sepamos qué pasó me duele cantidades y es lo que más pido, lo que más quiero, poder sanar al fin ese dolor.

Por eso quiero que la Jurisdicción Especial de Paz (JEP), la comisión que dicen que va a investigar, de nuevo, su asesinato, haga justicia. Hasta a él mismo se lo he pedido: ‘Tío, por Dios, que de verdad se descubra quién o quiénes fueron los culpables de tu muerte’. No quiero que, como ya se firmó la Paz con la guerrilla, dejen a un lado el caso, o como que sí o como que no. Quisiera que esa comisión se pusiera la mano en el corazón y, con toda la seriedad y la honestidad que se merece mi tío, llegue a una conclusión de quién lo mató. Es que, como todas las muertes de grandes personas en este país, no se sabe nada porque siempre hay algo oculto y eso es lo que duele en el alma. Mi tío es de las personas que debemos recordar en presente como alguien que luchó por la paz de este país, y por eso digo que merece que algún día se haga justicia y por fin le podamos decir: ‘descanse en paz’.

Pero también pido que ese nuevo juicio de la JEP sea de verdad, porque me acuerdo que en Cali ya hubo un juicio en el que dijeron que había sido la guerrilla y hubo sentencia, pero meses más adelante, como a mitad del 2013, cuando empezaron los diálogos de paz, me enteré por la televisión que a ellos los absolvieron. ¿Cómo así?

Yo veo las fotos del tío y lloro con un dolor de ver que el país ya casi ni lo recuerda. De pronto en Cali, porque está enterrado en su catedral, pero si uno le pregunta a alguien de fuera de Cali quién era monseñor Isaías Duarte Cancino, es muy poca la gente que sabe, y más las nuevas generaciones. Y qué triste que no conozcan de ese ser humano que entregó toda su vida al sacerdocio y a la gente, de todas las obras que hizo, ¡Dios mío!, porque hizo iglesias, colegios, una universidad, seminarios, y que la gente lo haya olvidado duele, el olvido de la gente también duele.

Así que está en manos de las personas de esta comisión hacer lo que nadie ha hecho, ni la Iglesia. Es un silencio que, yo digo, por qué, pero es que siempre le preguntan es a la Iglesia, a su representante, pero no a la familia, a nosotros nos dejaron totalmente a un lado. Si me preguntan si yo supe de algún juicio: nunca, nosotros nunca supimos absolutamente nada sobre lo que allí sucedió. Es que él estaba en Cali porque había sido nombrado arzobispo de allá, pero la familia vive en Bucaramanga y parte en Bogotá.

Yo recordaría a mi tío así: víctima no solamente de la violencia de este país, sino también de la paz, de luchar por la paz y contra la violencia en este país, que no ha terminado, porque él mismo lo decía: ‘Mientras no haya educación, mientras no haya justicia, mientras no haya honestidad, esto no va a mejorar, es un imposible’.

Yo me imagino que, cuando se trataba de hablar de la paz, él tuvo que hablar con guerrilleros y con paramilitares porque tenía mucho profesionalismo para hablarle al que tuviera que hablarle y cuando tocaba, sin ser amigo de ningún ‘fulanito’ (en alusión a Carlos Castaño), pero yo sé que, después de muerto, como no se puede defender, han querido meterle cizaña al asunto, viendo que, por ejemplo, cuando mi tío estaba en Apartadó, el EPL era una guerrilla y él ayudó a la negociación. Entonces, que no vengan con cuentos y calumnias.

Lo único que digo es que vayan a la página web de monseñor y ahí van a encontrar sus pensamientos, que son muy bonitos, pero también verán que, después de 16 años, seguimos igual. Es muy triste todo lo que pasa en el país, que también es víctima, porque después de mi tío no he vuelto a ver a otro sacerdote como él, que pena decirlo, pero es verdad.

Recuerdo que mi mamá le decía: ‘Por Dios, con calma, con tranquilidad’, pero él contestaba: ‘Este es mi destino y esta es mi responsabilidad, mi vocación y mi servicio, y si he de morir, me he de morir por eso’. Por eso digo que yo veo mucho de Jesús en la vida de mi tío: todo lo que luchó por este país, pero si el país perdió a un gran hombre, a la familia nos quedó un gran vacío.

Solo aspiro a que por lo menos se haga justicia, que no sea otra muerte en este país que queda en la incertidumbre y en la impunidad. Yo me imagino que ese expediente de mi tío debe ser enorme y por eso esa noche, cuando vi en el noticiero que la JEP iba a investigar el caso, eso fue lo que le pedí a Dios: que se sepa quién fue el culpable y que no lo tapen con mentiras, porque a veces uno no sabe, que se sepa la verdad, así la guerrilla esté involucrada. Y si fueron ellos, que lo reconozcan o que la justicia la haga reconocer, para que el nombre de mi tío no se pierda, sino que, al contrario, sea un ejemplo para que mucha gente siga sus pasos en este país, en el que hay mucho por hacer.

Hasta ahora lo único que sé es que el domingo antes de la Semana Santa de ese año mi tío habló sobre las elecciones que iba a haber: ‘Por Dios, miren por quién van a votar, que sea gente honesta, que sea gente que no tenga cosas ilegales’. No estaba diciéndole a nadie quién era, simplemente que se fijaran, porque ese es el primer problema de este país: la corrupción tan tremenda, y es por eso mismo que mejor no hablo más”.

A propósito 

Monseñor Isaías Duarte Cancino fue asesinado en Cali la noche del 16 de marzo del 2002, cuando salía de la Parroquia El Buen Pastor, del barrio Ricardo Balcázar, donde había presidido un matrimonio colectivo.
Nacido en San Gil, Santander, el 23 de septiembre de 1995 se había posesionado como arzobispo de Cali, después de haber sido obispo en Urabá durante siete años.

Las primeras indagaciones de las autoridades indicaron que el prelado habría sido víctima de una guerra entre las Farc y narcotraficantes del norte del Valle.

Poco después, la Policía capturó a Carlos Augusto Ramírez, alias El Calvo (asesinado en mayo de ese año en la cárcel de Palmira) y a Alexánder de Jesús Zapata Ríos, alias El Cortico, quien en el 2005 fue condenado a 36 años y 7 meses de cárcel, tras ser acusado de ser uno de los autores materiales del crimen del Arzobispo.

En enero de 2012, el Juzgado Segundo Penal Especializado de Cali condenó a 25 años de cárcel a los integrantes del secretario de las Farc: Timochenko, Pablo Catatumbo e Iván Márquez, por el mismo caso, así como al pago de mil millones de pesos a los familiares del prelado por perjuicios morales.

El 15 de marzo de 2013, el Tribunal Superior de Cali expidió un fallo en el que revocó la sentencia contra los miembros de las Farc, “al no existir material probatorio suficiente para ser condenados”.

En su momento se dio una polémica pues algunos sectores relacionaron la sentencia con el inicio, en noviembre de 2012, de las conversaciones de paz entre el Gobierno y las Farc en La Habana.

El 3 de abril de este año, Alexánder de Jesús Zapata solicitó que su caso sea estudiado por la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP, asegurando que es inocente.

En marzo pasado, la Corte Suprema de Justicia hizo entrega
a la JEP del expediente del caso del asesinato de monseñor Duarte.

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