"Me choca que digan que votar No, es un Sí a la paz": Sergio Jaramillo

"Me choca que digan que votar No, es un Sí a la paz": Sergio Jaramillo

Septiembre 18, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Jessica Villamil Muñoz | Reportera de El País

Sergio Jaramillo, Alto Comisionado de Paz, reconoce que poner en marcha la Jurisdicción Especial para la Paz será “tremendamente exigente”.

Sergio Jaramillo, alto Comisionado de Paz y quien desde hace seis años hace parte de las conversaciones para la terminación del conflicto con las Farc, habla pausado y en momentos deja la conversación pendiendo de largos silencios.

Dice que el Gobierno no es “ingenuo”, que sabe que la violencia y el narcotráfico no se van a acabar con una firma, pero sostiene que sí crea los incentivos políticos para hacer una sociedad más igualitaria.

Mientras se fuma tres puros cubanos, uno tras otro, cuenta que le duele el tiempo que dejó de compartir con su esposa, pero que le reconforta pensar que está contribuyendo a terminar el conflicto armado en el país.

El Comisionado de Paz rompe su tranquilidad cuando habla de los argumentos que esgrimen quienes no comparten los acuerdos. Revela que le molesta que digan que ‘el No es un Sí’ y que toca renegociar lo acordado. “¡No toca nada! Con lo que nosotros hicimos en La Habana se llegó al límite de lo que podíamos. Por eso nos demoramos cuatro años. Si dicen No, es como si lo tiráramos todo por el balcón”.

¿En qué enseñanza le dejó la negociación con las Farc?

A aprender a entender al otro sin estar de acuerdo con él, a aprender a oír. Usted no puede sacar adelante esto si no entiende de dónde viene el otro, cuáles son sus ideas, cuáles son sus miedos y en dónde es posible llegar a soluciones y de dónde no nos podemos mover, a qué punto puede llegar de consenso. Nosotros fuimos muy juiciosos como Gobierno, nos portamos de una manera muy coherente; siempre las negociaciones fueron muy respetuosas, el tono fue cordial, pero nunca caímos —como digo yo— en la ‘compinchería’.

¿Cuál fue el momento más desesperanzador a lo largo de los últimos cuatro años?

Eso tiene momentos duros. Una negociación —y es así en todas las partes del mundo— nunca es un proceso lineal donde usted va avanzando, sino que es más bien la montaña rusa que sube y baja... Creo que haber logrado el acuerdo general de agosto de 2012 nos puso unos rieles, una verdadera hoja de ruta y dijimos ‘vamos a discutir es esto’. Ellos decían en público ‘es que tenemos una opinión sobre los tlc’, pues eso está perfecto, pero es una opinión política, defiéndala en la plaza pública, aquí lo que podemos discutir son estos cinco temas que acordamos y eso nos dio una estructura.

¿Pero nunca hubo un día en el que usted se levantó y dijo: ¿por qué me metí en esto’?

Para serle franco, nunca imaginé que fueran a durar tanto tiempo los diálogos. No soy de naturaleza optimista, pero siempre fui optimista frente a este proceso porque pensé que era la mejor solución racional para todo el mundo y creo que así ocurrió. Muchas veces decía: qué lentitud tan desesperante. Por qué no estamos reunidos hoy resolviendo estos problemas, pero eso tiene una cantidad de factores que no tienen que ver con el proceso, sino con lo que ocurría en Colombia y lo que le daba sus tiempos y sus velocidades.

¿Qué cree que le faltó al proceso de paz para que la gente se apropiara de él?

Creo que sí debimos haber hecho un esfuerzo más grande de explicación, a la vez hay que ser conscientes y yo sé que esto a los medios no les gustaba, pero era muy difícil explicarles qué estaba pasando exactamente porque se podía dañar la negociación. Si uno vuelve un proceso de paz una discusión pública, paraliza la negociación, por eso yo estuve en contra de tratar los temas de la mesa en público.

Lea aquí el acuerdo final entre Gobierno y Farc

¿De todo lo que se firmó qué cree que es lo más difícil de cumplir?

Los acuerdos son de una gran ambición que requieren una movilización de todo el país. Hay diferentes niveles de complejidad de implementación: poner en marcha la Jurisdicción Especial para la Paz va a ser tremendamente exigente, hay que asegurar que eso no fracase por el volumen de casos, que se concentre en lo más grave y representativo. Por otro lado, todo lo que tiene qué ver con la reforma rural integral, el desarrollo alternativo, hay que verlo como una gran transición de no menos de diez años que implica un trabajo constante para mejorar las condiciones de vida del campo, cosa que no hemos podido hacer en cincuenta años. Yo creo que la paz crea los incentivos políticos para hacer esa tarea, que es lo que va a estabilizar el país, le va a dar oportunidades a la gente, nos va a hacer una sociedad más igualitaria y sobre todo más unida. No podemos seguir viviendo en un país donde hay ciudadanos de primera en las ciudades, y unos de segunda en el campo.

En estas semanas recorriendo el país, ¿cómo ha sentido el ambiente para esa votación?

Siento que se está asentando un ambiente de paz en el país, de comprensión de que se está acabando una guerra de 50 años. Que con este acuerdo se acaban las muertes de nuestros soldados, el desplazamiento por cuenta del conflicto armado. Y eso ya de por sí es una razón suficientemente poderosa, también que la gente entiende mejor la gran oportunidad que tenemos, la gran esperanza del cambio. Es que finalmente es una cosa muy sencilla. Qué hacemos, ¿seguimos como estamos, o nos metemos por esta ventana de oportunidad que se le presenta al país para hacer un par de cambios fundamentales que derroten los ciclos históricos de violencia y que le aseguren un mejor bienestar, sobre todo a la población rural?

Usted plantea que con este acuerdo se acaba la guerra, situación que para los promotores del No es una verdad a medias, porque sigue el conflicto con el ELN y las bacrim...

No estoy de acuerdo. Realmente esto le apunta a terminar el conflicto histórico, por eso tiene sus diferentes puntos. Si solo se tratara de las Farc, habríamos tenido un punto que es su reincorporación política, económica y social a la vida civil y sus garantías de dejación de armas. Es decir, el punto tres. Pero resulta que aquí le estamos apuntando a desactivar los factores que han alimentado la violencia en Colombia durante todos estos años. Que se va a acabar la violencia en el país ¡obviamente que no! No somos ingenuos. El narcotráfico va a seguir, va a haber otras fuentes de violencia, pero seremos un país radicalmente distinto. Queda la pregunta por supuesto del ELN, el Gobierno está haciendo unos esfuerzos importantes y yo personalmente tengo la seguridad de que en el momento adecuado se abrirá la mesa con el ELN y el proceso alimentará el fin del conflicto que es uno solo.

¿Será que las Farc promovieron el acto de perdón con las familias de los diputados para remover sentimientos y ganar votos por el Sí?

Esto se venía trabajando desde hace más de un año con monseñor Darío de Jesús Monsalve, con el padre Darío Echeverry, designados por monseñor Luis Augusto Castro, presidente de la Conferencia Episcopal; también se unió la fundación El Arte de Vivir, de Francisco Moreno, que jugó un papel positivo. Como todo toma tiempo, creo que el hecho de saber que el proceso había terminado y que ya había un acuerdo que le facilitó a las Farc comenzar a hacer el tipo de reconocimientos que han hecho en estos días.

El presidente Juan Manuel Santos dijo la semana pasada que es “imposible” que el exterminio de la UP se vuelva a repetir con las Farc, pero hay varios líderes campesinos de izquierda asesinados este año, como la señora de Corinto...

Lo primero es que hay que esperar que se pronuncie la justicia; lo segundo, es que lo vemos con gran preocupación por ser la persona que es y en la zona que es. Y lo tercero, es que como dice el acuerdo de garantías de seguridad, tenemos que hacer pactos de no violencia, de convivencia, de respetar el proceso de dejación de armas y de la vida civil sobre la base de que ellos cumplan con los compromisos y de comprometernos todos a no promover ninguna forma de violencia ni de seguridad privada, de dejarle el monopolio de las armas al Estado.

Pero el senador Roy Barreras ha alertado de presencia paramilitar en zona rural del Cauca y Antioquia

No conozco las declaraciones de Roy. Pero nosotros no somos ingenuos: el narcotráfico perdura, hay gente que no tiene interés en que un gran programa de desarrollo educativo como el que acordamos tenga éxito y que quiere meterse en las zonas donde estaban las Farc.

¿Usted ha conversado con la guerrilla sobre la propuesta del fiscal Néstor Humberto Martínez de fumigar con glifosato?

No hay ningún acuerdo en La Habana sobre la fumigación, ellos no prohibieron la fumigación. En un escenario de fin del conflicto, sin las Farc en la mitad, sin el conflicto en la mitad, es posible, —y además aprovechando la reforma rural integral—, poner en marcha programas masivos de desarrollo alternativo que no solo saquen al cultivador sino a toda la sociedad que ha estado sometida a una actividad ilegal, sino que podamos transformar los territorios.

¿Pero qué opina de la propuesta?

Creo que hay ciertos casos donde la fumigación puede tener sentido, pero en este momento, cuando ha terminado el conflicto, tenemos que aprovechar esta oportunidad. La fumigación en el mejor de los casos lo que hace es contener el problema, nunca resolverlo. El problema no es la mata, es trabajar con la persona, sacarla de esa economía y darle una nueva oportunidad de vida.

El Presidente dice que la reforma tributaria no es para pagar el posconflicto. ¿Cuánto vale exactamente ese plan y de dónde saldrá toda la plata?

Ese tema lo trabaja el Alto Consejero para el Posconflicto. Desde la oficina de Alto Comisionado de Paz hemos contribuído en lo que hemos podido. Se está haciendo un estudio preciso. En el acuerdo lo que quedó es que se va a hacer un plan macro en cuatro meses luego de la firma estableciendo todos los compromisos, como llevarlos a la realidad, con cifras precisas de cuánto van a costar. En ese momento vamos a tener mayor precisión.

¿A cuál de los jefes de las Farc ve haciendo política, eso sí, cuando paguen con la justicia lo que tengan que pagar?

Lo que uno ve es que las Farc es más que secretariado. Ahí hay una gente joven, preparada, inteligente, que son los que van a seguir en el futuro moviendo las ideas políticas de ellos.

¿Usted está convencido de que las Farc van a reparar a sus víctimas?

Les toca porque hay un compromiso que dice que hay que reparar materialmente a sus víctimas en el acuerdo de seguimiento de implementación.

Pero ellos siempre han dicho que no tienen nada, ni plata ni tierras

No les crea. Todos sabemos que tienen tierras. Además, habrá un juez de la Jurisdicción Especial para la Paz, del Tribunal Especial, que impondrá sanciones si no dicen la verdad.

Un tema que generó desilusión entre muchos es que después de tanto bombo, solo se hayan entregado trece menores...

Lo que está ocurriendo es que se están haciendo los operativos con el Comité Internacional de la Cruz Roja para sacar a esos menores en una primera fase. Y el compromiso de las Farc, como quedó en el capítulo de tránsito de legalidad del acuerdo de reincorporación, es que entregarán un listado con la totalidad de sus miembros. Eso incluye milicianos y menores, por lo que saldrán todos los niños de las filas de las Farc.

¿Pero el Gobierno tiene la cifra concreta? porque la guerrilla dice que solo son 45 y eso le molesta a muchos

(Silencio) Eso es muy difícil...

¿De todas las cosas que dicen los promotores del No, cuál es la que más le choca?

La de que el ‘No es un Sí’. En las urnas el No es no a la negociación, se derrumba todo y después que asuman las consecuencias. Yo respeto a la gente que está en desacuerdo, pero que no digan ‘nosotros decimos No, pero luego toca...’ ¡No toca nada! Con lo que nosotros hicimos en La Habana se llegó al límite de lo que podíamos hacer y por eso nos demoramos cuatro años. Si dicen No, es como si lo tiráramos todo por el balcón.

¿De todo lo que le han dicho, en esta correría pedagógica, qué es lo más bonito que ha escuchado?

Usted sabe que yo he estado clavado de cabeza en La Habana. Me abstuve de hacer entrevistas, de participar en foros. Sin embargo, la gente me reconoce y me agradece, eso me da mucha fuerza.

¿Qué es lo que más le ha dolido?

A título personal, esta es una responsabilidad muy grande porque uno pierde su familia, se pierde el entorno con su señora; los que tienen hijos, se pierden de ver a sus hijos todo este tiempo. Eso es demasiado duro. La única razón para hacer esto es contribuir a que termine el conflicto y a que haya paz en Colombia.  

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