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Las cartas que cinco víctimas del conflicto armado le escribieron a Colombia

Abril 09, 2018 - 02:37 p. m. Por:
Manuela Rubio Sarria / Reportera de El País
Cinco víctimas del conflicto armado

Yury Andrea Millán, Juan Felipe Valencia, Jesús Mario Corrales, Luis Fernando Molano y Francia Márquez, víctimas del conflicto armado en Colombia.

Especial para El País

Una mujer afrodescendiente amenazada, dos jóvenes desplazados, un adulto mayor despojado y un hombre víctima de violencia sexual, son cinco personas afectadas por el conflicto armado quienes sueñan con un país reconciliado.

Así lo expresaron en una sensible carta que compartieron a El País y que hoy muestran a toda Colombia en el Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas.

'Nos fuimos' por Yury Andrea Millán Rivera*
Yuri Andrea MIllán

Yury Andrea MIllán.

Especial para El País

" "Mi amor, si un día no regreso, no es porque no te ame, es porque allá afuera hay gente mala que quiere dañar a la gente que no quiere ser parte de su guerra".— Mi madre hablándome cuando el hostigamiento en aquel pueblo comenzaba a ser cada día más tenso, al punto que tuvo que sacar a mi hermano del pueblo porque quería reclutarlo. —
"¡Entonces te matan y ya! "—Mi respuesta mientras jugaba con mi Batman, yo tenía cuatro años, pero era muy simple, era el pan de cada día, era lo que pasaba al que "no colaboraba".
Poco después, nos fuimos.

Yo sueño con una en que los niños de esa edad que yo tenía la primera vez que nos fuimos (porque más de una vez que nos tocó irnos para huirle a los unos o los otros) no tengan que pensar o entender esas cosas mientras juegan con su Batman. Que niños a los cuatro años no sepan que si escuchan balas hay que tirarse al suelo inmediatamente, como mi hermano que cuando sonaban los estallidos hasta de las crispetas, se tiraba al suelo inmediatamente. Pues era lo normal.

Sueño con una Colombia en la que todos los niños de cinco años puedan ir a su escuelas en paz, pues a mi familia le tocó esconderse un tiempo luego de irnos, así que a esa edad mientras otros estaban en kinder, a mí mi hermano me enseñaba en casa con todo el amor (y el miedo) del mundo. Un país en el que todos los niños inicien y finalicen su educación primaria solo con la preocupante tortura de aprenderse las tablas y aprender a dividir por más de dos cifras (que a mí aún me tortura).

Yo sueño que los adolescentes aprendan sobre sus derechos y deberes para construir país, no para tener que poner tutela tras tutela para que paren de ser utilizados pa' la foto y vulnerados en la realidad. Que crezcan como seres íntegros, escuchando las historias de los viejos, aprender de ellas y con esos saberes ancestrales construir un país más justo. Que terminen su secundaria listos pa’ seguir estudiando en lo que les apasione, sin preocuparse por el camión que los lleve a empuñar las armas por la fuerza. Que puedan soñar y cumplir esos sueños de salir adelante, haciendo lo que aman. Que nunca olviden que todos venimos de la tierra, que valoren el campo y los campesinos, esos que ponen el pan en la mesa, que valoren nuestra naturaleza, las aguas que bañan nuestro país, los saberes de nuestras gentes, de los indígenas, de los negros, de todos los que han sido paridos por esta tierra o han aprendido a amarla y están aquí para protegerla, ayudarla, para sembrar y hacer crecer.

Yo sueño con un país en el que los jóvenes no tengan miedo de pensar, de gritar, de reír, de soñar en ningún rincón de nuestra tierrita. Que sean tenidos en cuenta, que tengan oportunidades en su tierrita de hacerla crecer, que los que quieran vayan y recorran el mundo para volver aquí a enseñarnos cómo piensan en otras partes y que cuando cuenten allá en el extranjero, los otros ¡se mueran de la envidia! De saber lo bien que lo hacemos aquí.

Yo sueño con un país en el que la energía y esfuerzos de la generación que reciba el legado, puedan ser concentrados en tejer país, en innovarlo y no en derramarnos para seguir tiñendo los rincones y montañas del país con la tercera franja de nuestra bandera mientras malbaratamos al peor postor las otras dos. Yo sueño con una Colombia en la que jugar al escondite no dependa mi vida.

Yo sueño con una Colombia en la que cada que escuche un "nos fuimos", se refiera coloquialmente a emprender nuevos proyectos, y no a los testimonios desgarradores de quienes hemos abandonado nuestros hogares.

¿Saben qué es lo mejor? ¡Yo sé que para allá vamos! ¡Porque ya hay gente tejiendo país! Esos que no le aceptan la teja al corrupto (pues, el corrupto es también el que se vende por el soborno, sea una teja, un mercado o un billete) Aquí ya todos estamos tejiendo, sembrando, construyendo.

Y a vos que leés esto, te invito a ser parte de esto porque una mejor Colombia ya viene, ¡La estamos haciendo!
¡Subite que nos vamos, nos fuimos!
¡En el fondo hay puesto pa’ vos también!".

*Víctima de desplazamiento. 22 años.
Delegada de jóvenes víctimas del conflicto armado en el Valle del Cauca

'Colombia amarga' por Luis Fernando Molano*
Luis fernando Molano

Luis fernando Molano

Especial para El País

“En el año 2014 vivía con otros dos hombres haciendo trabajos de construcción entre los corregimientos de Montebello y Golondrinas, a las afueras de Cali, cuando en la noche del 21 de abril irrumpieron 15 hombres armados, con pasamontañas y la cara pintada de negro y verde oscuro.

Noches antes de lo sucedido venían apareciendo personas muertas en las afueras de uno u otro corregimiento, esa noche le vi la cara a la muerte, fuimos agredidos físicamente, puestos contra la pared, le quitaron el seguro a las armas, tomaron nuestro nombres, recibieron una comunicación por el radio que llevaban en la cual les informaban que estaba encima la policía del corregimiento de Montebello, quitaron el seguro de sus armas y se montaron en la guala en que habían llegado, no sin antes gritarnos que si estábamos al otro día ahí seríamos asesinados, entonces nos fuimos y llegué a Cali sin nada, todos sabíamos que eran los paramilitares asesinando y despojando a la gente.

Creo en un país donde el pensamiento, la posición política, de género y religiosa , no sea un motivo de eliminar al otro, donde la distribución de las tierras y las reformas agrarias sean verdaderas reformas, no en beneficios de los terratenientes y quienes manejan el monocultivo, sino en beneficio de los más necesitados.

Testigo de varios abusos, sueña con una Colombia “donde no se abuse y maltrate a las mujeres y niños, donde las oportunidades educativas y laborales sean para todos, un país en el cual nuestras comunidades indígenas, negras y campesinas sean incluidas en el desarrollo de la sociedad, un país donde no estén mis hermanos durmiendo en las calles y comiendo de la basura, un país donde hay tanta tierra y tanta comida nadie se acueste con hambre, un país al que le duelan sus recursos naturales, los proteja y preserve. pero sobre todo un país que sea del pueblo, y para el pueblo”.

*Víctima de los paramilitares. 60 años.

'Por una Colombia diversa e incluyente' por Juan Felipe Valencia Rincón*
Juan Felipe Valencia

Juan Felipe Valencia.

Especial para El País

“Para el año 2001, al igual que en gran parte del territorio colombiano, el pueblo que me vio crecer se sumió en una ola de violencia sin precedentes, eran las 3 de la tarde del 10 de octubre y Alaska, un pequeño poblado del municipio de Buga, Valle del Cauca conoció de primera mano la barbarie que traían consigo los paramilitares. A mis escasos 11 años no lograba entender cómo mis amigos, aquellos con los que salía a jugar luego de terminar clase, yacían sin vida frente a mis ojos, no lograba comprender cómo en tan solo un instante, muchos de los padres de mis amigos ya no estarían más. En ese momento de mi vida, vi escurrirse de entre mis manos la felicidad, vi como mi pueblo caía bajo una sombra que sin saberlo perduraría por muchos años, es un episodio que aún ahora, luego de casi 17 años, no logró borrar de mis recuerdos, no logró aún dejar el temor que me invade cuando visito a mis tías, mujeres valientes que a pesar de todo aún viven allá, en Alaska. Les confieso… yo no sería capaz.

Ahora lucho porque los horrores de la esa guerra absurda cesen y porque las generaciones nuevas no tengan que padecer aquellas atrocidades que arruinaron la infancia de muchos niños y niñas, que no se repita aquella guerra que desbarató en segundos la vida de miles de personas en todo Colombia, despojándolos de su humanidad.

Sueño con una Colombia equitativa, donde se preste más atención al agro, a los pequeños productores, a los campesinos; una Colombia donde no se señale o ataque por tener una orientación sexual o identidad de género diferente; una Colombia donde se desmercantilice la salud, un sistema nefasto que día a día revictimiza a todos los que sufrimos la guerra, anhelo una Colombia realmente educada, donde todos y todas tengamos la oportunidad de estudiar y superarnos; y sobre todo, una Colombia en paz, esa paz que tanto cuesta y más aún cuando los ”señores” que se alimentan de la guerra, no la quieren dejar ir". 

*Víctima de desplazamiento. 27 años. Representante de diversidad sexual ante la mesa de participación efectiva de víctimas del departamento del Valle del Cauca.

'Sembrando' por Francia Elena Márquez Mina.
Francia Elena Márquez Mina

Francia Elena Márquez Min

Especial para El País

“Soy una mujer afrodescendiente, madre cabeza de familia, crecí en un territorio que data desde 1636, mis ancestras y ancestros fueron traídos en condición de esclavitud para trabajar en las haciendas y minas esclavistas de la región de Norte del Cauca. En los últimos años al igual que miles de personas en este país me tocó salir huyendo de mi casa debido a las múltiples amenazas de muerte y persecuciones recibidas por actores armados que nos declararon objetivo militar porque según ellos, nos oponemos al desarrollo, al no permitir la llegada de empresas multinacionales, a quienes se les otorgaron títulos de explotación minera sin consulta previa y en el marco del conflicto armado, además la minería ilegal realizada con retroexcavadoras ha generado grandes impactos económicos, sociales y culturales, se ha producido un sinnúmero de muertos y hoy tienen envenenados con mercurio nuestros ríos y nuestros cuerpos.

La reconstrucción de la memoria ancestral, me ha permitido a lo largo de los años entender que la violencia y el conflicto armado no empezó hace 60 años como es la versión oficial, para mi pueblo, el conflicto armado y la violencia empezaron con la historia de la esclavitud, y desde entonces nuestras vidas han estado atravesadas por sistemáticas violaciones a nuestros derechos individuales y colectivo”.

“No quisiera ver a más personas buscando ayuda porque fueron amenazados o desplazados de sus territorios, no quisiera ver mas niños, niñas y mujeres abusadas sexualmente y asesinadas, no sólo por su condición de mujer, sino por el liderazgo que ejercen para enfrentar el patriarcado y el machismo que destruye nuestras vidas. No quiero seguir escuchando como los políticos de turno y la sociedad justifican las limpiezas sociales, que no son más que segar la vida a una generación de jóvenes sin oportunidades para construir el futuro.

El conflicto armado, político y económico han sembró el odio, la miseria y el miedo en nuestro país, ha puesto a nuestros jóvenes a matarse, incluso sin saber cuáles son las razones, fueron nuestro sobrinos, primos, hermanos y tíos que fueron a la guerra; nuestras familias se han sumergido en el dolor y la tristeza, mientras que algunos sectores económicos siguen apostándole a mantener un conflicto armado que a bañado en sangre nuestros territorios y convirtió muchos ríos en cementerios.

Sin embargo quienes hemos vivido la guerra en carne propia, tenemos la esperanza de poder lograr la paz en este país, pues entendemos que construir la paz va más allá de deponer las armas, sin negar que la dejación del conflicto armado es un paso importante para ello, para hacer la Paz será necesario desarmemos nuestros corazones, avanzar en la justicia social a fin de poder transformar las situaciones que nos llevaron al conflicto, parar la corrupción institucional, erradicar el racismo estructural, hacer la Paz implica la reparación histórica.

Como una mujer que ha vivido hechos victimizantes sueño con que un día pueda regresar a mi casa tranquila, sin tener que andar con hombres armados todo el tiempo, anhelo dejar estas calles llenas de pavimentó que a veces nos hacen perder el sentido a la vida, y poder regresar a mi casa, a mi comunidad.

Seguimos caminando por senderos que nos permitan dignificar la vida de las víctimas, reconstruir la memoria sobre los hechos ocurridos, luchar por la reparación histórica y contemporánea seguirá siendo un desafío.
Un abrazo Ancestral”.

*Líder afrodescendiente e integrante del quinto y último grupo de víctimas que viajó a La Habana para participar del proceso de paz.
31 años.

'Vencer el silencio' por Jesús Mario Corrales
Jesús Mario Corrales

Jesús Mario Corrales

Especial para El País

“Sueño con una Colombia donde todos tengamos garantías de nuestros derechos como la educación superior y el empleo. No ganamos nada si nuestros muchachos terminan el bachillerato y después no puedan acceder a la universidad ni tengan empleo.

Eso nos va a permitir construir paz, porque si hay garantías de educación y empleo a nuestros jóvenes ¿qué necesidad tienen de irse a grupos armados al margen de la ley o a la delincuencia?.

Yo era educador en el Meta, ahí sufrí desplazamiento, despojo y secuestro por parte del frente 40 de las Farc, para mi una cosa es el perdón y otra es olvidar y para perdonar hay que olvidar y eso es imposible pero creo en la reconciliación.

Yo me puedo sentar con todos mis victimarios, dialogar y llegar a acuerdos sobre esclarecimiento de la verdad, aceptar lo sucedido y que no se repita nunca más.

Por eso sueño con una Colombia reconciliada, entender que somos un país diverso, donde las opiniones, los conceptos de las personas son diferentes pero todos podemos convivir juntos.

La violencia sexual en los hombres está muy marcada y aún yo percibo que las mismas mujeres víctimas de violencia sexual nos excluyen a nosotros, porque pareciera que hay un concepto que si a un hombre es víctima de ese hecho es porque lo buscamos o nos gustaba, no nos permiten estar en ningún escenario donde las mujeres están hablando de eso y eso es gravísimo para la reconciliación.

Hay que empezar a hablar de eso y que haya una ruta de reparación para nosotros los hombres, no solo las mujeres”.

*Coordinador de la Mesa de Víctimas en Cartago-Valle y Coordinador de la Mesa Departamental del Valle del Cauca.

Víctima de varios hechos victimizantes, de las Farc, paramilitares y Bacrim, desplazado, secuestrado, torturado, despojado de sus tierras, despojado de sus bienes y víctima de violencia sexual.
53 años.

Las víctimas en el Valle

Actualmente en el Valle del Cauca hay 505.450 víctimas registradas por diferentes hechos, de las cuales 448.702 son sujetos de atención y/o reparación en el el departamento por la Unidad de Víctimas.

De esas la mayoría son mujeres con un total de 258.516, seguido de hombres 243.241, 3.519 sin informar y 2.498 son de la comunidad Lgtbi.

Del total de víctimas 5.004 son indígenas, 706 gitanos, 1.345 son raizales del archipiélago de San Andrés y Providencia, 156.610 son afrocolombianos y 953 son palenqueros.

Los municipios del Valle con mayor población víctimas son Cali y Buenaventura, en la capital del Valle el 72% de las víctimas reportaron haber padecido desplazamiento forzado, mientras que en Buenaventura el 95 % fue registrada por ese mismo hecho.

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