En Cali también hubo lágrimas por la paz

En Cali también hubo lágrimas por la paz

Septiembre 27, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

Crónica de la emotiva tarde que se vivió en el centro de la ciudad durante la firma del acuerdo de paz.

[[nid:580343;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/09/ep001182737.jpg;full;{Los caleños se congregaron en la plazoleta de San Francisco, Proartes y Bulevar del Río, para ser testigos del histórico día en el que Gobierno y Farc cerraron el fin del conflicto. Videógrafo: Álvaro Pío Fernández / Reportería: Diego Polanco}]]

Aplausos. Gritos. Y muchos abrazos. En la pantalla, el presidente Santos y ‘Timochenko’ se dieron la mano. En la plazoleta de San Francisco, en pleno corazón de Cali, todos vitorearon.

Con camisetas blancas, banderas amarillas, azules y rojas con un Sí, que ondeaban con  la brisa del atardecer caleño, y las palomas volaban en círculos para retornar al techo de la Catedral de San Francisco,  celebraron la firma del acuerdo entre el Gobierno y las Farc.

Allí estaban reunidos empleados de la Gobernación del Valle, líderes comunitarios, miembros de organizaciones sociales, estudiantes y artistas que observaban las pantallas instaladas para trasmitir la ceremonia. En la plazoleta, a una cuadra de donde trece años atrás se llevaron a doce diputados del Valle, asesinados en cautiverio, se vitoreó el fin de la guerra. Allí, a siete cuadras de donde ocho años atrás, las Farc instalaron una bomba que destruyó gran parte del Palacio de Justicia de Cali, se abrazaron unos a otros. Cantaron. Gritaron. Aplaudieron.

Raúl García vino con catorce  de sus amigos desde Villa Gorgona, Candelaria. Con una camiseta que decía Sí, este hombre que salió hace 25 años de El Patía, Cauca, decía que su madre murió por la guerra. Su padre y él abandonaron su finca, donde cultivaban café, plátano y yuca. “La tierra casi que la regalamos de lo barata que nos tocó darla, pero es que tocaba irse cuando llegaron las guerrillas”, cuenta.

Cali es una de las ciudades a las que más desplazados de la guerra han llegado en las últimas décadas. La Unidad de Víctimas reporta 17.379 casos. Raúl es uno de ellos.

También lo es la familia de Danitza, que tuvo que salir de La Tola, Nariño, luego de un ataque de las Farc. Su padre prefirió que ella y sus cuatro hermanos vinieran a vivir a Cali con su mamá, mientras él se quedó allá. Lleva trece años en la ciudad.

“La guerrilla lo controlaba todo. Volvíamos en vacaciones y nos dábamos cuenta de eso. Una vez a mi hermanita casi le cae una granada encima”, recuerda la joven de 19 años, que ahora vive en El Vallado. Danitza llevaba un sombrero y una camiseta por el Sí. 

El Vallado, su barrio también sabe de las violencias.  La de la guerrilla que en agosto del 2006 hizo explotar un carrobomba en la estación de Policía matando a cuatro uniformados y un civil. La de las pandillas que se disputan su territorio. La del hambre y la pobreza que sufren los habitantes de las invasiones del sector. Allí hay una que se llama El Canguancito, (el mismo nombre de la zona de distensión en la que las Farc y el gobierno de Andrés Pastrana intentaron negociar la paz)  a pocas cuadras de la casa de Danitza.  La llamaron así -explica el edil de esta comuna Víctor Mario Rentería- por dos razones: la mayoría de sus habitantes son desplazados de la guerra del Pacífico y por la violencia que se ha desatado en sus calles.

Víctor Mario, junto con un grupo de jóvenes de la Comuna 15,  celebraba  en la Plazoleta la firma porque tiene esperanzas de que todo mejore. “Nosotros vivimos la violencia, ahora con la firma, esperamos que se invierta más en lo social, en la educación de nuestros jóvenes”, expresa.  

Doña Marlene García también estaba vestida con un camisa blanca.  En su mano izquierda sostenía una paloma con un Sí. De su pecho colgaba una foto de su hijo Jairo Hurtado, desaparecido hace 19 años en Cali. Él era investigador de la llamada justicia sin rostro y le seguía la pista a unos empleados del DAS corruptos, cuenta.

 “Estoy aquí porque no quiero que otras madres vivan lo que yo sufrí. La violencia viene de todos lados: de las Farc, de agentes del estado, que desaparecieron a mi hijo,  de los paramilitares. Por eso no quiero que siga la guerra. Yo a mis 73 años no conozco la paz, cuando mataron a Gaitán tenía 6 años, era niña y ya había violencia”, expresaba doña Marlene.

[[nid:580420;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/09/calipaz2.jpg;full;{En la Plazoleta de San Francisco, centro de Cali, se reunieron decenas de personas para celebrar los acuerdos. Empleados de la Gobernación, líderes comunitarios, miembros de organizaciones sociales, estudiantes y artistas observaron la transmisión. Foto: Aymer Andrés Álvarez | El País}]]

Sentado dos filas adelante de ella, un hombre de tez morena, nacido en un pueblo del Pacífico, decía que aunque esta firma no significaba que se acabara la violencia, sí era un paso. “En el campo está la guerra. En las ciudades se vive otra guerra que es la de la inseguridad por culpa de los malos gobiernos”, decía.

Al otro lado de las vallas que encerraban la plazoleta con los participantes de la celebración,  los curiosos de paraban a observar. Los empleados de los bancos o empresas de la zona salían del trabajo. Las víctimas de robos, estafas o cualquier delito  hacían fila en la URI de la Fiscalía, ubicada justo en la esquina.  Un hombre vendía cholados. Otro, paquetes de papas y gaseosa. Otro, repartía maní.  Una mujer vendía guarapo.  Ella, que lleva viviendo en Cali cinco años, procedente de Barbacoas, Nariño, miraba escéptica la felicidad de los que celebraban. Dice que no va a votar en el referendo.  “Para qué, si la guerra va a seguir. Es que paz no vamos a tener”, decía. A sus 34 años nunca ha votado.

Sí. Sí. Sí. Sí. Gritaban a coro un  grupo de estudiantes momentos antes de la firma.   “Hemos aprendido a volar como los pájaros. Hemos aprendido  a nadar como los peces. Pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos (...) Es en el corazón de los seres humanos donde se crea la paz”, recitaba en la tarima el niño Alexis García, de 8 años.

Marchas y jornadas en el Cauca En municipios del Cauca,  afectados por el conflicto, se realizaron marchas para celebrar los acuerdos. En el corregimiento de El Palo, de Caloto,  llevaban carteles por el Sí. En Toribío,  la guardia indígena  realizó una calle de honor y sus bastones de mando se mezclaron con  banderas blancas. También llevaban carteles: ‘Toribío le apuesta a la paz’.

 

 

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