"Diez curules para Farc es un precio bajo para la paz": Humberto de la Calle

"Diez curules para Farc es un precio bajo para la paz": Humberto de la Calle

Septiembre 13, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

El jefe negociador del Gobierno, Humberto de la Calle, durante la maratón pedagógica por la paz en Cali.

Los negociadores del Gobierno en La Habana estuvieron en Cali realizando la 'Maratón pedagógica por la paz'. Estos fueron los puntos de la férrea defensa por los acuerdos.

“Me perdonan, pero voy a ser un poco cínico. Me parece que entregarles diez curules a las Farc durante dos periodos legislativos es un precio muy bajo que tendremos que pagar los colombianos a cambio del fin del conflicto de 52 años con las Farc”.

Así lo sostuvo Humberto de la Calle, jefe negociador de Paz del Gobierno, durante la tercera Parada de la Maratón por la Pedagogía de la Paz realizada en el Bulevar del Río Cali, donde junto con el alto comisionado de Paz, Sergio Jaramillo, y los también negociadores Frank Pearl y el senador Roy Barreras despejaron algunas dudas de los caleños sobre los acuerdos de paz.

En el encuentro, De la Calle aseguró que el narcotráfico no se va a acabar al día siguiente de la firma de paz, pero enfatizó que sí contribuirá mucho a la lucha contra ese flagelo sacar a un ejército como las Farc que lo controlaba. Insistió en que si triunfa el No en el plebiscito del 2 de octubre lo que pasará sencillamente es que se vuelve al estado anterior, es decir que las Farc retoman su lucha armada. “Pensar que el acuerdo se puede renegociar es una utopía, es improcedente. Tenemos lo que tenemos  y este es el mejor acuerdo posible, es un camino distinto para los siete millones de víctimas. No podemos repetir la tragedia de 52 años de conflicto”.

Mientras, Jaramillo dijo que “el acuerdo nos va a obligar a ponerle cuidado a la otra Colombia”.

Por eso rechazó los comentarios de quienes dicen que el Gobierno le entregó al país a las Farc y agregó que los acuerdos para la terminación del conflicto no son para la guerrilla, sino una hoja de ruta para redefinir el campo y la manera como se trabaja con las personas víctimas de la violencia.

En medio del acto, Natalia Bedoya, del equipo de Comunicaciones del Centro Democrático, le entregó una bandera de Colombia a De la Calle y le pidió que se comprometiera a renegociar los acuerdos en caso de ganar el No, a lo que el negociador se negó. 

Lea aquí el acuerdo final entre Gobierno y Farc

Los ciudadanos también se van a beneficiar con la firma de la terminación del conflicto, pues con la plata que se invierte en guerra se van a poder implementar mayores estrategias en  seguridad ciudadana.

Así lo sostuvo el jefe negociador Humberto de la Calle, quien indicó que 52 años de conflicto han generado desplazamiento que es el que, en su mayoría, ocupa las ciudades con delincuencia porque no hay recursos para las tareas sociales, para contrarrestar las  inequidades.

“Para nadie es un secreto que las Farc no son el único problema del país, tenemos que luchar para desenquistar la  corrupción, replantear la justicia social”, indicó De la Calle en medio de la ovación de los caleños que acudieron a la cita frente a la Iglesia La Ermita.

También precisó que no es cierto que el narcotráfico se haya elevado a delito político,  y que el punto relacionado con este tema  permitirá pasar de la visión punitiva del consumo de drogas  a una perspectiva social. “Es que el consumo de drogas no se acaba llevando a los consumidores a las cárceles atiborradas de este país”. 

Además comentó que  “lo del 2 de octubre es una oportunidad no solo para silenciar los fusiles, sino para integrar un país que se ha deshilachado".

“Las conversaciones de paz duraron tanto tiempo que muchas personas pensaron que no iban a terminar jamás. Pero lo visto en Cali, con las víctimas, es una enseñanza que nos deja a todo el país, que a pesar de su dolor ya perdonaron”, dijo el alto comisionado de Paz, Sergio Jaramillo, quien reveló que desde hace un año estaban trabajando con las Farc para realizar el acto de perdón con las familias de los diputados secuestrados y posteriormente asesinados.

Agregó que la paz hay que construirla con la participación de todos los colombianos y sostuvo que es falso que los acuerdos  sean para el beneficio de la guerrilla.

“Los acuerdos son  una hoja de ruta para redefinir el campo y la manera como se trabaja con las personas víctimas de la violencia. El acuerdo nos va a obligar a ponerle cuidado a la otra Colombia”, sostuvo Jaramillo.

También resaltó que Naciones Unidas estará presente para verificar el fin de las Farc como organización y que esta guerrilla se comprometió a romper el vínculo con el narcotráfico, a reparar a sus víctimas y a contribuir con la reconstrucción del país de una manera concreta. “En caso de que rompan alguno de estos temas, perderían todos los privilegios que les otorga la firma de la paz”, dijo.

“Un país que toma decisiones atacado por el miedo no es dueño de su futuro”, dijo Frank Pearl, quien trabajó en el proceso de paz  con las Farc desde la fase exploratoria. Por eso, ayer en Cali explicó que el 92 % de los procesos de desmovilización que ha adelantado el Gobierno con otros actores armados y desertores de las guerrillas han sido “exitosos”.

Aclaró que quienes dejen las armas recibirán apoyo no solo económico, sino educativo y laboral porque necesitan recursos para salir a competir a un mercado en el que durante años no estuvieron. “El conflicto nos ha causado rabia, sed de venganza y eso es entendible, pero no podemos tomar decisiones presos de la rabia y el resentimiento”.

$77.000 millones debe invertir el Estado en un día de guerra, pero con siete días de esa guerra se puede costear toda la reincorporación de los guerrilleros de las Farc, aseguró el senador Roy Barreras.

El congresista,  quien hizo parte de la etapa final de la negociación  con las Farc, dijo que  esta guerrilla desmovilizada no será a la única a la que se le financie un partido político, “todos los partidos en el país tienen gastos  que tiene una financiación del Estado”.

Aclaró que las siete millones de hectáreas de tierras de las que se habla en el acuerdo no se las van a quitar a nadie, “se trata de las formalización de las parcelas que durante años han estado en manos de campesinos y no estaban escrituradas”.

 

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