Así es Daniela, la autora de la carta a las Farc que conmovió al país

Así es Daniela, la autora de la carta a las Farc que conmovió al país

Septiembre 28, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Olga Lucía Criollo | Reportera de El País

“Perdonar es hacerse un favor a uno mismo”, afirma Daniela Narváez Perdomo, hija del diputado Juan Carlos Narváez, quien murió a manos de la guerrilla cuando se encontraba en cautiverio.

Al escucharla hablar es evidente que prefiere escribir. Sus palabras salen lentas, reservadas. Tal vez persiste el temor a que las lágrimas la traicionen, tal vez la calma es uno de los rasgos que más la identifican con su padre. Lea también: La dolorosa carta de la hija del diputado Juan Carlos Narváez asesinado por las Farc

Pero sin duda no es él unico. A sus 17 años de edad, Daniela prefiere quedarse un   fin de semana en casa leyendo a Nietzsche que salir a ‘rumbiar’.

Como él, lo suyo es la filosofía y la literatura. Como él, lo suyo es el estudio, la intelectualidad.

Y también es claro que la violencia que le arrebató a su papá, el diputado Juan Carlos Narváez, cuando ella tan solo tenía 3 años, no logró arrancarle tampoco lo que la genética ya le había regalado: su estatura, sus ojos grandes, sus manos largas.

Pero de su mamá, Fabiola Perdomo, a quien le proclama su amor cada dos frases, confiesa, ha querido aprender a ser fuerte, a ser valiente.

Así la recuerda durante las marchas a las que solía llevarla para implorar por el intercambio humanitario que permitiera la liberación de su papá y de los demás asambleístas del Valle del Cauca que fueron secuestrados por las Farc hace catorce años.

Y así la recuerda los días, los meses y los años siguientes a aquella madrugada del 28 de junio de 2007 en la que con un hondo grito ella le reveló que su progenitor  ya nunca más volvería del ‘viaje’ al que se había ido.

Solo que esa asignatura, la de la valentía, le había estado jugando una mala pasada. Le había ayudado a cavar un hondo abismo en su interior, que solo pudo comenzar a romper a los 12 años, cuando su padre se valió de un sueño para decirle que los valientes también lloran, también se  liberan, también perdonan...

Fue entonces cuando las letras llenaron cuatro cuartillas y se convirtieron en el aliciente que necesitaban sus lágrimas para empezar a aflorar, para lograr reconocer cuánto había dolido  y también cuánto faltaba por doler.

La catársis había tomado  forma de carta, de extensa carta, pero Daniela todavía decidió mantenerla en reserva, esa que tanto le gusta, esa que le había impedido hablar incluso con su madre sobre lo que sentía, sobre lo que dolía, por  ejemplo,  tener como único recuerdo propio, no contado, la imagen de su padre esperándola al final de un resbaladero.... 

Y así permaneció hasta que encontró el destinario que necesitaba para poder ‘cobrarle’ a alguien su tragedia, alguien a quien poder  gritarle todo el cúmulo de oscuros sentimientos que por  años había acumulado en su corazón.

Ese destinario fue  ‘Pablo Catatumbo’, el jefe de las Farc  que el Valle del Cauca asocia al secuestro y  asesinato de los diputados, quien semanas atrás, junto con otros miembros del Secretariado, escuchó en La Habana, en  voz de Fabiola Perdomo, toda la rabia y todo el rencor que durante 14 años habían ensombrecido la vida de su hija.

Sin duda, dice Daniela, fue un gran alivio también que el líder guerrillero contestara su hondo desahogo con una solicitud de perdón.

Mientras sus manos evidencian  emociones que preferiría no revelar, cuenta que “es muy duro ver el mensaje de alguien que te ha hecho tanto daño, pero eso también me da mucha esperanza, porque si ellos piden perdón, es porque puede haber un cambio en este país, que las cosas pueden mejorar, y eso me alegra”.

La tarea ya estaba hecha. Sin darse cuenta, aquel encuentro que resultó tan doloroso tanto para víctimas como para victimarios, fue como la graduación de la joven en su firme propósito de seguir los pasos de la madre que tanto la enorgullece, en su deseo  casi inadvertido de sumarse a la cruzada de ayudar a otros a pasar la pesada página que escribió la violencia en Colombia.

No pensó, eso sí, que la buena noticia de la firma de la paz y una palabra tan fría como plebiscito tuvieran la facultad de hacerla recapitular momentos e instantes que su instinto de supervivencia había optado por archivar en lo profundo de su memoria y en los recovecos de su alma.

Entonces cae en cuenta que la carta la escribió mucho antes de que su mamá viajara a La Habana y trata de explicar que la turbulencia de acontecimientos y la toma de partido por el Sí y el No casi que han terminado por desbordar a madre e hija.

“Son los mismos sentimientos de dolor y de tristeza de antes, pero ahora también son de esperanza”, expresa con una madurez que va mucho más allá de su minoría de edad.

Claro, Daniela va al colegio, es estudiante de grado once y hasta esas aulas ha llegado la discusión que hoy anima a millones de colombianos.

Por eso, ayer, esta destacada y disciplinada alumna buscó complicidad en la mirada de su madre para revelar su  decisión de  no volver a clases hasta el próximo lunes.

Esa personalidad reservada que  representa su esencia prefiere resguardarse estos días en su hogar, refugiarse en las páginas de ‘El Anticristo’ y disfrutar de la compañía de  Mimi, la hermana de cuatro patas que  su progenitora le regaló hace casi once años.

“Estoy aprendiendo a llorar. Estos últimos días he llorado mucho, pero siento que mi mamá ya lloró y que ahora me tocó a mí. Y también sé que ella va a estar para mí”, confiesa otra vez con palabras lentas, otra vez apretando el cojín que tiene entre sus manos.

Es que sin duda, en medio de sus proyectos de ser profesora de filosofía y su anhelo de tener una hija,  en su corazón todavía hay pendientes.

Uno de ellos se saldará el día en que se encuentre frente a frente, ya no a través de un video de celular, con los responsables de la muerte de su papá.

“Lo que yo tenía para decirles ya se los dijo mi mamá cuando les leyó la carta. Quiero escucharlos, que me cuentan a mí la verdad, que me digan lo que me tengan qué decir a mí, en persona”, reflexiona en voz alta quien no parece haberse percatado de que la valentía ya habita en su joven humanidad.

Solo así se explica que pueda mirar con infinita ternura a la autora de sus días y decir con firmeza: “Mi mamá hizo y hace mucho por mí, se lo agradezco y la amo mucho, pero siempre sentí la ausencia de mi papá y eso siempre está ahí, acompañándome, es un dolor que a veces no me permite estar del todo alegre”.

Y es  la misma valentía con la que ha aprendido a definir el perdón: “Perdonar es liberarse uno y a los demás. Más que hacerle un favor a tu victimario, es hacerte un favor a tí mismo, porque dejas de sentir esa rabia y ese odio que no te hacen bien, que lo que hacen es destruirte a ti y no al otro”.

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