Opinión: Neo-uribismo, análisis de algunas de las movidas del Centro Democrático

Opinión: Neo-uribismo, análisis de algunas de las movidas del Centro Democrático

Septiembre 05, 2018 - 09:20 a.m. Por:
Andrés Agudelo / analista político 
Posesión del Congreso

Centro Democrático. 

Colprensa y Agencia EFE

Estamos acostumbrados a los bramidos y espumarajos de los seguidores del expresidente Álvaro Uribe en el Congreso de la República, en las redes sociales y en los medios de comunicación. Más allá del bochinche, detrás hay una estrategia sagaz por parte de un corriente política de derecha que ha sabido madurar en la alternancia de la democracia.

Polarizar – atemperar. Incendiar la opinión pública con verdades, mentiras o una mezcla de ambas le ha permitido al uribismo desmarcarse de los demás partidos y crear una identidad como agrupación de derecha. Además, le garantiza una exposición mediática obligatoria porque, generalmente, sus alfiles representan la opinión diferente sobre distintas temáticas. Después de la tormenta el urbismo ha sido también portador de la calma, baste señalar como ejemplo la reciente reunión en la que coincidieron el presidente Duque y los representantes de Farc. A nadie defenestraron. 

Álvaro Uribe, un pararrayos. El expresidente es un referente político continental y se ha batido en mil batallas. Su experiencia no es menor si se considera que ha sido una de las pocas figuras en América Latina que ha pasado de gobernar a oponerse para luego ubicar a su partido otra vez en el poder. Uribe tiene tanto capital político que puede soportar los ataques de muchos  (y poderosos) adversarios, sin que esto le merme la popularidad de manera significativa en las encuestas de opinión. Casi todos los ataques los recibe él, mientras sus pupilos salen inermes.

Andrés Agudelo, analista político.

Andrés Agudelo, analista político.

Especial para El País

Buen policía – mal policía. Es difícil que se dé una ruptura (anhelada por muchos) entre el presidente Duque y el expresidente Uribe. La estrategia que el Centro Democrático está usando es permitir que Duque gane peso político como estadista y recoja los aplausos, mientras que a Uribe una crítica o un insulto más no le afecta su electorado cautivo. Ante la satanización de la figura del expresidente, Duque emerge como una figura joven, renovada, tecnócrata, neoliberal y sosegada. Sin duda la dinámica le resulta provechosa al uribismo: por un lado, se apuntala el liderazgo de Uribe como patriarca político, luchador incansable y líder inamovible a pesar de la saña con la que es atacado.

Por el otro lado, Duque va aprendiendo rápidamente a gobernar y gana la autonomía política, lo que puede conjurar, en parte, dos de las grandes críticas que le hacen: la inexperiencia en el Ejecutivo como gobernante y ser un “títere” de Uribe. Todo lo anterior no implica una distancia entre el actual Mandatario y su mentor. Por el contrario, puede indicar que hay unas líneas de acción muy claras que sirvan de base para garantizar lo que realmente es importante: un proyecto hegemónico de derecha que se instale en la Casa de Nariño por más de una legislatura.


Quizá sea temprano para afirmar esto, pero el uribismo no le cederá dócilmente el poder a Gustavo Petro (otro político que entiende muy bien la dinámica polarizar/suavizar). El expresidente Uribe ya hizo lo más difícil: crear una agrupación política que ocupara el Ejecutivo nuevamente. El siguiente reto será seguir construyendo el recambio político.

* Analista político

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