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Oportunidad perdida

Enero 14, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

El terremoto que devastó a Haití el 13 de enero de 2010 pudo convertirse en la oportunidad para que la nación más pobre y atrasada de América Latina fuera rescatada.

Diez años después ese propósito no se ha logrado, las huellas de la tragedia están en todo ese territorio insular, mientras la miseria y la falta de oportunidades para los haitianos se asoman por sus calles.

Cuando ocurrió la catástrofe natural que produjo 316.000 muertos, 350.000 heridos y dejó 1,5 millones de damnificados, el mundo se solidarizó y movilizó la mayor ayuda humanitaria y financiera de la que se tuviera registro.

Hoy la gestión para reconstruir al país es considerada un desastre por los analistas, mientras el presidente de Haití la considera “no satisfactoria”.

Ese es un eufemismo con el que se pretende disfrazar el gran fracaso de los sucesivos gobiernos, tapar el negocio en que se convirtió la ayuda humanitaria y desconocer el robo de los recursos que llegaron por miles de millones de dólares.

En los refugios construidos hace una década permanecen 34.000 haitianos; el 60% de la población vive en la pobreza absoluta; 3,7 millones de habitantes, de los 10,5 millones que tiene el país, padecen de inseguridad alimentaria; aún hay regiones aisladas por falta de infraestructura vial y zonas sin energía, agua potable o salubridad.

Esa es la realidad de Haití que diez años después sigue padeciendo su tragedia, a la que se suman las causadas por los frecuentes huracanes, y que aún es el país más pobre de América pese a la posibilidad que tuvo de resurgir.

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