Violencia y política

Violencia y política

Septiembre 09, 2018 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Además del impacto que han tenido los escándalos de corrupción que envuelven a un expresidente, a su partido y a gran parte de su clase política, Brasil se encuentra ahora con la violencia en su campaña presidencial. El atentado contra Jair Bolsonaro, el candidato ultraderechista que lidera las encuestas fue la muestra de cómo el discurso del odio se ha apoderado del debate electoral.

Bolsonaro, un excapitán del Ejército, no se ha ahorrado en calificativos para señalar y atacar a sus contradictores, especialmente los integrantes del Partido de los Trabajadores. La izquierda, los homosexuales y hasta las favelas han estado en su punto de mira. El candidato, un defensor del porte de armas y quien declara orgulloso que enseñó a su hijo a disparar a los cinco años, fue atacado con un puñal durante un mitin político.
Aunque ya está fuera de peligro, puede decirse que está cosechando la intolerancia que lo acompaña.

La paradoja es que hace unos meses, cuando se produjo un tiroteo que afectó una caravana en la que iba el expresidente Lula, Bolsonaro y su equipo no rechazaron el acto sino que lo justificaron aduciendo que el exmandatario había fragmentado la sociedad brasileña. Ahora, cuando fue objeto de un alevoso ataque, todas las fuerzas políticas brasileñas han salido a rechazar el acto.

No es para menos. De su atacante, detenido en el mismo lugar de los hechos, se sabe que perteneció a un movimiento de izquierda, y sus familiares dicen que padece problemas de desequilibrio mental. Pero lo preocupante es que además del triste episodio del ataque que por poco le causa la muerte a un aspirante, en Brasil la tensión crece como espuma. La respuesta de Hamilton Mourao, también militar y fórmula vicepresidencial del agredido es un fiel reflejo del clima de fanatismo: “Si quieren violencia, los profesionales de la violencia somos nosotros”.

Se desconoce si Bolsonaro podrá retomar en los próximos días su actividad proselitista, aunque es posible que el ataque pueda inclinar la balanza en su favor. El candidato del Partido Social Liberal tiene el 22% de la favorabilidad para la primera vuelta, aunque es el primero en las encuestas por el retiro forzado de Lula da Silva. Empero, en la segunda vuelta perdería contra todos sus adversarios, excepto Fernando Haddad, el sucesor del expresidente en la candidatura del Partido de los Trabajadores.

Difícil momento para la vida democrática brasileña pues las opciones son escoger entre el radicalismo y la amenaza que representa un candidato o el populismo clientelista y corrupto que encarna el otro. Mientras tanto el país pasa momentos amargos y cada periodo supera el número de homicidios. El año pasado ocurrieron 63.880 asesinatos en Brasil, 3% más que en el 2016, y el índice es de 30,8 por cada cien mil habitantes, una barbaridad para un país que lucha por llegar al primer mundo.

Por la tranquilidad de Brasil, es de esperar que las fuerzas políticas entiendan que la violencia solo conducirá a fracturar aún más la sociedad y conducirla a destruir lo que han logrado después de las amargas dictaduras de los años 70.

VER COMENTARIOS
Columnistas