Verdades necesarias

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Verdades necesarias

Diciembre 18, 2019 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Luego de que un militar contara ante la Justicia Especial de Paz sobre la existencia de una fosa común en Dabeiba, Antioquia, con 75 víctimas de los tenebrosos falsos positivos, Colombia revive la mezcla de tristeza y rechazo que en su momento produjo el descubrimiento de una práctica de abuso criminal que no puede ser aceptable ni aceptada en una sociedad democrática y civilizada.

Pero hay que seguir adelante si lo que se quiere es sanar las heridas que ha dejado una violencia continuada, donde se perdieron valores esenciales a la dignidad humana. Por ello, y a pesar de las críticas que se han hecho contra la JEP, debe reconocerse que con ella se están descubriendo hechos inaceptables, cometidos unos a nombre de supuestas defensas de la libertad y de ideologías políticas y otros haciendo uso de las dignidades públicas y el monopolio de las armas que consagra la Constitución en la mentirosa e inaceptable defensa del orden y de la vida de los colombianos.

Los descubrimientos que hasta ahora se han realizado en Dabeiba reviven uno de los peores extremos a los que se llegó en el conflicto. Según lo que se ha sabido, el militar narró crímenes contra civiles desarmados a los cuales se hacía pasar por miembros de los grupos guerrilleros, a quienes les pusieron armas como prueba de su peligrosidad. Como ocurrió en otras partes y en su debido momento, miembros de la Fuerza Pública hacían aparecer esos horrores como el triunfo sobre los violentos que, además, les acarreaba reconocimientos en sus carreras.

Pero también debe reconocerse que las Fuerzas Militares, el Gobierno, el Estado y la sociedad, reaccionaron en forma clara y sin miramientos contra los autores de tales crímenes de lesa humanidad. Ahora, la creación de una jurisdicción especial para encontrar la verdad, aplicar la justicia y ofrecer la reparación a las víctimas, vuelve a hacer posible que se cumpla con lo que es una necesidad para la Nación y una obligación como sociedad respetuosa de la dignidad humana.

Capítulo aparte merece la obligación de ofrecer garantías al militar que ha relatado los hechos, así sea un convicto, y a todos quienes aporten al descubrimiento de una verdad que no puede ser callada si se quiere superar la borrasca sangrienta de la violencia.

Con seguridad, los militares y gobernantes que hacen honor a su juramento de acatar la ley y los derechos de cada ciudadano rechazan y condenan crímenes y hallazgos como los de la fosa común en Dabeiba. Igual lo hace cada uno de los colombianos que confían en el compromiso de esos servidores públicos en el respeto a los derechos humanos, sin que ello signifique limitar sus facultades para combatir la delincuencia o los intentos por desconocer el Estado y las libertades.

Por ello, y aunque deba devolverse en el tiempo y revivir esos horrores, lo que puede lograrse es ni más ni menos que aprender de esos horrores para que no se repitan. Para que tanto quienes se dicen miembros de guerrillas como quienes abusaron de las facultades consagradas en nuestro ordenamiento jurídico asuman su responsabilidad en la tragedia que han ocasionado a nuestra Nación.

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