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Una sola voz

Enero 13, 2021 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Diez meses después de su inesperada aparición, el recrudecimiento de la pandemia en Colombia ha creado una atmósfera difícil para cada persona. Esa experiencia que se refleja en el número de víctimas mortales y en las dificultades para atender el contagio, demanda ante todo de la tranquilidad y la coordinación de las autoridades a todo nivel y de las acciones dirigidas a crear conciencia sobre el peligro que representa el Covid-19.

Y no es mentira, como lo atestiguan los casi cuarenta y siete mil colombianos que han perdido la vida en las garras del coronavirus, y los miles que se juegan su existencia en sus casas o en los centros de salud. Hoy puede decirse que las primeras y radicales medidas tomadas entre los meses de marzo y agosto produjeron resultados en cuanto a la defensa de la salud de los ciudadanos, aunque sin duda dejaron profundos y graves problemas en la economía y la calidad de vida de nuestra compleja sociedad.

Pero también está claro que la rebaja en los índices de contagio y de muerte llevó a decisiones que, aunque necesarias para recuperar el terreno perdido, fueron afectadas por una permisividad cercana al populismo. Apertura de negocios propensos a la aglomeración,
autorización de eventos como la final del fútbol y las celebraciones en Cali y Bogotá o la proliferación de fiestas toleradas sin que se exigiera con firmeza la aplicación de las medidas elementales pero necesarias como el uso del tapabocas, el distanciamiento prudente y el aseo que evita la exposición al virus, están pasando la cuenta de cobro con un nuevo pico que eleva la contabilidad de la muerte y tiene al límite las Unidades de Cuidados Intensivos.

Ya es hora entonces de hacer una evaluación seria sobre lo que está pasando y las medidas que deben tomarse mientras se vacuna a los colombianos. Y hay que empezar por establecer el uso obligatorio del tapabocas, además de profundizar las campañas personales para convencer a más y más colombianos sobre la necesidad de cumplirlas para beneficio de cada uno de ellos, de sus familias y de toda la sociedad.

Eso es mejor que seguir invirtiendo en campañas publicitarias costosas, o en continuar la confrontación política a partir de mostrar una independencia entre los diferentes niveles de la administración pública y de las instituciones del Estado que resulta peligrosa para las comunidades. De otra parte, es la manera de evitar que medidas drásticas como el toque de queda sigan desgastándose y perdiendo credibilidad.

Finalmente, hay que cesar el agarrón acerca del plan de vacunación que presentó el Gobierno Nacional, y hacer lo necesario para que sea el éxito que todos necesitamos y esperamos. No es hora de rivalidades o de escuchar algunos alcaldes exigiendo que se les permita comprar vacunas cuando existen más de mil municipios sin capacidad para ello.

El Gobierno dijo que tiene negociadas vacunas que aseguran el cubrimiento de veintinueve millones de ciudadanos en los próximos meses. Es momento de creer en ese anuncio y de ofrecer la colaboración que sea necesaria para lograr que Colombia supere la larga pesadilla de la pandemia.

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