Una lucha desigual

Una lucha desigual

Junio 06, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"...Los hechos han demostrado que la canciller alemana Ángela Merkel tenía razón en sus preocupaciones relacionadas con la incursión de la Otan en Libia, al pensar que aquella acción implicaría la obligación moral de ocuparse también de Siria, Yemen y otros países de la convulsionada región árabe. De seguir las cosas como van, el mal puede triunfar...".

Tras dos meses de protestas, la oposición en Siria ha cosechado centenares de muertos y hasta ahora nada parece indicar que pronto se alzará con la victoria, como ha sucedido en Túnez y Egipto, y aún puede suceder en Libia. Los hechos han hablado y son claros: en Siria y Yemen, con seguridad, los gobiernos de los dictadores han procedido contra sus pueblos con la misma ferocidad y desprecio por los derechos humanos que ha caracterizado a Muammar el Gadafi. En Siria el presidente Bashar al Assad ha desarrollado una estrategia perversa: les permite a sus opositores reunirse para protestar y luego manda a las fuerzas de seguridad para que los acribillen en manada. Acaba de suceder en Hama, cuando después del viernes de oración los fieles se congregaron a pedir el retiro del Gobierno y fueron acribillados. Lo mismo pasó en las ciudades de Homs, Dera y Ezzour Dei. Mientras esto sucede, la ONU se limita a las protestas de su secretario general que no parecen impresionar a nadie, y mucho menos a los crueles dictadores. Y los miembros de la Otan tampoco parecen entender la “obligación moral” de la que les advirtió la señora Merkel. Los sirios están siendo masacrados sin que nadie se preocupe por ayudarlos. ¿De qué servirá el juicio al genocida serbio Mladic, cuando lo mismo está sucediendo en Siria sin que nadie mueva un dedo?Los hechos han demostrado que la canciller alemana Ángela Merkel tenía razón en sus preocupaciones relacionadas con la incursión de la Otan en Libia, al pensar que aquella acción implicaría la obligación moral de ocuparse también de Siria, Yemen y otros países de la convulsionada región árabe. De seguir las cosas como van, el mal puede triunfar. La paradoja es que como resultado de lo que ha ocurrido en las últimas siete semanas, Siria está ahora en la lista de países paria: no habrá más inversión extranjera de Occidente, la industria del turismo, que asciende a 15% del producto interno bruto, se ha colapsado por completo.El Gobierno está imprimiendo dinero para poder elevar salarios y subsidiar la gasolina. Es muy probable que la economía comience a hundirse. En seis meses, las clases medias que no se han unido a esta rebelión podrían repensarlo y Assad podría enfrentar un movimiento de protesta nuevo y más fuerte.Igual sucede en Yemen, donde al menos la oposición logró atacar la residencia del tirano Alí Abdulah Saleh quien, viéndose herido, tuvo que salir del país para recibir atención médica en Arabia Saudita. Mientras tanto, y en medio del júbilo de los opositores, el vicepresidente Abderabu Mansur Hadi llegó a un acuerdo de alto al fuego con el jefe tribal Sadeqh al Amar. Pero los enfrentamientos continúan en todo el país.La contrarrebelión se sostiene por la inacción de la comunidad mundial. Y esta inacción se explica porque hay intereses de potencias en juego. Detrás de Siria está Irán y detrás de Yemen, los saudíes y Estados Unidos. Mientras tanto la represión asesina a discreción. ¿Cuál será el precio que la humanidad tendrá qué pagar para garantizarle a esos pueblos la libertad y la libre determinación por los cuales son masacrados?

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