Una amenaza real

Una amenaza real

Septiembre 13, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Las sanciones económicas y de otra índole no han logrado disuadir a los Kim. Son dictadores ajenos al hambre y a las pésimas condiciones de vida de sus conciudadanos, víctimas de todas las violaciones habidas y por haber en materia de derechos humanos.

Con su prueba nuclear de la semana pasada, el régimen de Kim Jong-un ha probado que lo suyo no es cuento. Por encima de las discusiones científicas sobre los reales alcances del arsenal atómico que el tirano tiene a merced, seguir aplazando las decisiones que detengan tan grave amenaza será un error que puede costar la vida del mundo en el futuro.¿Por qué Kim busca amedrentar a la región y a sus enemigos históricos, comenzando por Estados Unidos, cada vez que le viene en gana? Antes que nada, porque puede. Corea del Norte tiene una bomba atómica y puede detonarla sobre sus vecinos Japón y Corea del Sur. Lo que aún no se sabe es si ha logrado la tecnología balística suficiente para garantizar que alcancen a convertir en blancos las grandes urbes del mundo occidental, comenzando por las estadounidenses.El alto poder de los artefactos tampoco parece tener discusión. El terremoto de 5,3 en la escala de Ritcher que originó la prueba de estos días es constancia de que la evolución del proyecto de destrucción del dictador es suficiente como para producir una conflagración gigantesca. Así, a la progresión en intensidad de los cuatro ensayos de 2006, 2009, 2013 y 2016 se le suma ahora este último, más fuerte que todos los anteriores. Y ese es el propósito: aterrar, como lo certifica el Instituto de Armas Nucleares de Corea del Norte, que habla de una cabeza atómica “recientemente estudiada y fabricada”.Las fuentes para hacerse a los materiales de las bombas facilitan los planes de Kim. A falta de plutonio, caro y escaso, aparte de ubicable en una supuesta contraoperación, se recurre a uranio, mineral abundante en Corea, fácil de esconder y repartir en centrífugas pequeñas. Lo que no se sabe, o no se quiere revelar, es cómo accedieron a la tecnología para llegar a lo que hoy tienen.Y frente a esa realidad no han funcionado las fórmulas con que se ha intentado poner fin a la pesadilla. De las esperanzas de 2005, cuando Corea del Norte negoció con EE.UU., China, Rusia, Japón y Corea del Sur renunciar a su carrera nuclear a cambio de ayudas económicas y otros beneficios, al momento actual, han pasado ya dos generaciones de Kim, a cuál peor en el trágico destino de su pueblo. Si a eso se suma el primero de la dinastía, Kim Il-sung (ungido por José Stalin en 1948), queda claro que un problema tan viejo solo puede terminar cuando acabe una tiranía familiar de 70 años en el poder, gracias a apoyos velados de la República Popular China.Las sanciones económicas y de otra índole no han logrado disuadir a los Kim. Son dictadores ajenos al hambre y a las pésimas condiciones de vida de sus conciudadanos, víctimas de todas las violaciones habidas y por haber en materia de derechos humanos. Y es probable que nuevas penalidades similares hagan mella alguna en el régimen. Hoy por hoy, la ONU no asusta a nadie y menos en la condición de notario que parece haber adquirido. Pero el mundo entero debería ser consciente de que este es un caso excepcional. Literalmente, Corea del Norte es una bomba de tiempo, una amenaza real.

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