Treinta días más

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Julio 30, 2020 - 09:15 a. m. Por: Editorial .

Al ampliar el confinamiento social hasta el primero de septiembre próximo, Colombia superará los cinco meses de aplicar medidas drásticas para tratar de controlar el contagio del Covid-19. Son decisiones duras y necesarias que ahora requieren de la participación efectiva de todos los ciudadanos para construir la que puede denominarse una nueva normalidad.

Han sido meses difíciles de aprendizaje y sacrificios, en los cuales el país ha tenido que ir entendiendo sobre la marcha la convivencia con un enemigo que por ahora no tiene un final cercano. Días y semanas en los cuales el temor a lo desconocido y las cifras de contagios y decesos han causado explicable alarma y problemas de gran calado al obligar a una parálisis de la actividad social jamás producida en todo el mundo.

Pero debe reconocerse también que sobre esa marcha se ha ido aprendiendo y entendiendo qué es lo que sucede, a la vez que la apertura se produce en forma paulatina aunque no con la celeridad que se precisa.
Y que esa apertura se ampliará en la medida en que las estadísticas lo permitan y la población tome conciencia sobre la necesidad de evitar las conductas que amplíen el contagio y de aplicar las prevenciones sencillas pero efectivas para protegerse del virus y a la vez impedir su propagación.

Esa conciencia es clave para recuperar la dinámica social y económica que impida la profundización de una crisis que se refleja en un desempleo superior al 21%, una caída de más del 15% del Producto Interno Bruto y el cierre de miles de pequeñas y medianas empresas. Eso ya no debe ser una preocupación exclusiva de las autoridades que a todo nivel y con la buena voluntad que merece ser resaltada, han actuado con grandes aciertos y algunos pocos errores en la defensa de la salud de todos los colombianos.

La prórroga hasta el 30 de agosto del aislamiento social obligatorio puede calificarse como un mal necesario, en especial, en las grandes ciudades donde se ha concentrado el efecto letal del coronavirus. Sin alarmismos pero con franqueza debe reconocerse que existe un gran sector de la población de esas ciudades, en las cuales se incluye Cali, que no parece tener conciencia sobre lo que está ocurriendo y sobre la importancia de usar los tapabocas, mantener la distancia social necesaria y lavar sus manos para protegerse a ellos y a la sociedad y así poder abrir más sectores.

Lo claro es que mientras llega la vacuna, existe una ruta para el regreso, la cual no será como antes. Mientras tanto, seguirá subiendo el número de personas contagiadas y lo que debe lograrse es disminuir la estadística de muerte que se ha mantenido constante, y es la que no permite recuperar la actividad económica y social.

Y entre tanto, es de esperar que se tomen las medidas correspondientes para enfrentar el colapso que están experimentando la economía, la generación de empleo y los ingresos de las familias en toda la Nación. Es la nueva normalidad que se construye ante todo con la colaboración de cada ciudadano para proteger la salud, acatando las decisiones que restringen libertades en función del bien común.

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