Tráfico virtual

Diciembre 02, 2022 - 11:55 p. m. 2022-12-02 Por:
Elpais.com.co

Internet es la tienda comercial más grande del mundo, abierta 24 horas, en la que es posible negociar desde lo más básico hasta artículos sofisticados y únicos en el mercado. Por sus complejas redes se consigue desde una puntilla hasta un tigre vivo, que se puede despachar a cualquier lugar del mundo.

Así es como el tráfico de especies de fauna y flora silvestres, que se encuentran en peligro de extinción y buscan ser protegidas en gran parte del planeta, tiene en la web su plataforma ideal para funcionar. El que es uno de los mercados internacionales ilícitos que más dinero mueve -junto al narcotráfico, el tráfico de armas, la minería ilegal o la trata de personas- y más daño le ocasiona a la biodiversidad, es casi imposible de detectar y detener porque la tecnología y las comunicaciones hoy juegan a su favor.

La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies amenazadas, que se reunió hace pocos días en Panamá, a la que se sumó la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, hicieron un llamado para que se regulen esas plataformas que negocian en línea animales salvajes. Y que cada nación cuente con leyes que permitan descubrir y desmantelar las redes globales en las que participan cazadores, transportadores, intermediarios, vendedores y compradores.

Si bien el problema comienza en naciones como Colombia, con las mayores riquezas en fauna y flora, donde aún abundan especies consideradas exóticas, los interesados en adquirir los ‘productos’ que salen de las selvas o los mares ilegalmente están diseminados por el mundo. Durante el 2021 en el país se incautaron 20 mil ejemplares de fauna y 280 mil de flora cuyo comercio es prohibido, una ínfima parte frente a millones de animales y plantas que se sacan cada año del territorio nacional. Sus destinos tradicionales son Francia, Estados Unidos, Asia o algunas naciones árabes.

El ejemplo más reciente es la tonelada de tiburones mutilados decomisados por la Armada en un barco de bandera colombiana que navegaba en cercanías de Bahía Solano, Chocó, y que había partido desde Buenaventura. Ya les habían quitado sus aletas, que estaban listas para exportar a países asiáticos, donde son apetecidas y se pagan miles de dólares por ellas. Igual pasa con especies vivas, que se camuflan en contenedores de carga o en equipajes para ser sacadas del país e ir directo a quienes las compran por internet.

Para detener ese mercado ilícito no basta con ejercer controles como los que realiza Colombia. “Hay que ir más lejos y obligar a las plataformas tecnológicas a retirar sus contenidos e imponer penalizaciones elevadas”, afirma Lionel Hachemin, director del Fondo para la Protección de los Animales. Además de vigilar las fronteras, los puertos o los aeropuertos, se requieren estrategias conjuntas y la cooperación internacional para descubrir los sitios de comercio electrónico o las redes sociales privadas desde los que se maneja ese rentable y peligroso negocio.

Así como la tecnología funciona como plataforma para el tráfico ilegal de animales salvajes, que sirva para encontrar a quienes promueven y manejan un comercio que acaba a un ritmo acelerado con las especies naturales y la biodiversidad.

VER COMENTARIOS